La batalla generacional por el futuro de la universidad: cuando TikTok choca con las enmiendas parlamentarias
En el salón de una casa madrileña, un debate eterno se repite cada tarde: un joven de 18 años armado con su teléfono móvil y un padre político que ha visto pasar tres décadas de transformaciones sociales. La escena podría ser anecdótica, pero refleja una fractura mucho más profunda: la que separa dos formas completamente distintas de entender la política, la información y, sobre todo, el futuro.
El abismo generacional: de Gutenberg a Zuckerberg
La protagonista de esta historia, una mujer de 51 años, describe con precisión quirúrgica el desencuentro. Su hijo, «muy politizado y muy de izquierdas», la percibe como «una señora profundamente aburrida y conservadora». Pero el conflicto no es ideológico en el sentido tradicional, sino existencial: se trata de una colisión entre dos universos de significado.
El joven se informa a través de TikTok, esa «red altamente adictiva» que, curiosamente, no pertenece a ningún «tecnoligarca» (alusión velada a Elon Musk y sus plataformas). Rufián, el político catalán, se convierte en «voz de fondo habitual» en el salón familiar. Mientras tanto, la madre añora «un diputado empollón, de los que escriben enmiendas», lamenta no poder «admirar la grandeza de un líder» y sufre la «arrogancia de los que solo son jefes».
La frase que resume su posición es demoledora: «La política debería tratar más de evitar infiernos que de conquistar cielos». Una visión pragmática, casi conservadora en el mejor sentido de la palabra, que choca frontalmente con el activismo performativo de las nuevas generaciones.
El pleno del Congreso que confirmó los peores temores
El martes pasado, el Congreso de los Diputados celebró un pleno para, en teoría, informar sobre la tragedia de Adamuz. Pero lo que presenció la observadora atenta fue una confirmación de sus peores temores: «uno tendería a pensar que sí, que esto ya se ha torcido para siempre».
Sin embargo, la realidad ofrece matices. En el Parlamento andaluz, donde ocurrió la tragedia y donde residen la mayoría de los fallecidos, se observó «la ausencia de decibelios». Un rayo de esperanza en medio del ruido ensordecedor de la política espectáculo.
El gripaje del ascensor social: la crisis invisible
Pero hay un tema que la autora considera «invisible» y que le «agobia» profundamente: el colapso del ascensor social a través de la educación superior. Los datos son contundentes y preocupantes:
- Las universidades privadas (42) están a punto de igualar en número a las públicas (50)
- El gasto en instituciones públicas de educación superior en España es un 21% inferior a la media de la OCDE
- La última universidad pública se creó en 1998
- En los últimos 25 años se han creado 27 universidades privadas, triplicando su número
Madrid: el epicentro de la dualización educativa
La concentración de este fenómeno en Madrid es particularmente alarmante. La comunidad ha pasado de tener 6 universidades públicas y 5 privadas a mantener 6 públicas mientras las privadas se han multiplicado hasta 14, la mayor concentración de toda la Península Ibérica.
Crucialmente, estas no son «fundaciones sin ánimo de lucro como Harvard u otras excelentes universidades privadas». Son negocios, «legítimos, por supuesto», que «cumplen una función», pero con «consecuencias sociales que hay que tener en cuenta».
Los datos que nadie quiere ver
Jorge Galindo, utilizando los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida 2025, demuestra que el coste para los jóvenes de emanciparse sin carrera universitaria es enorme y se les multiplica el riesgo de pobreza. Si casi la mitad de la población opta por la universidad privada con precios superiores al salario mínimo, no solo se trunca la aspiración de cohesión civil sino también la cohesión real, configurando a futuro una España de dos velocidades sociales.
A esta ecuación hay que añadir «el sesgo de los mecanismos informales de reputación, redes de contactos y de ajuste al mercado laboral» y el cóctel está servido: una sociedad profundamente desigual donde el mérito se convierte en un eufemismo para el capital económico y social.
La ley LOSU y el colapso de la universidad pública
La nueva ley de 2023 (LOSU) añade «rigideces que complican la ya amplia carga burocrática de la universidad pública». Los compromisos de financiación no se han cumplido y hay «muchísimos atrasos en pagos», tal como viene reclamando la Conferencia de Rectores (CRUE).
Pero hay un dato que ilustra dramáticamente la situación: el precio por alojamiento en Madrid fijado por la administración para invitar a dar una conferencia o proyecto de investigación a cualquier académico internacional es de 67 euros por noche. «¡Ni un hostal!», exclama la autora. «Hemos dejado de traer talento», le dicen resignados los profesores universitarios de distintas disciplinas y centros.
La política invisible que nadie quiere discutir
Todo esto, lamenta la autora, «no saldrá en los vídeos que ve mi hijo». Pero se pregunta: «¿No les parece que valdría la pena callarse un rato, centrarse un poco más y cambiar lo que sabemos que no funciona? Ni que sea ajustar los 67 euros a la realidad. No debería ser tan difícil».
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