El sexo en el calendario: ¿Planificación o romanticismo en tiempos de estrés?

En la era de la hiperproductividad, donde cada minuto está optimizado en aplicaciones y hojas de cálculo, incluso el amor y la intimidad se ven afectados. El sexo, una actividad que necesita tiempo, espacio y, sobre todo, espontaneidad, se ha convertido en una víctima más de la agenda sobrecargada. Entre las calls de trabajo, las extraescolares de los niños, la compra y las reuniones de vecinos, el deseo se ahoga en un mar de tareas urgentes. ¿La solución? Agendar el sexo en el calendario del móvil, una propuesta que divide opiniones entre expertos y parejas.

¿Por qué el sexo se queda fuera de la agenda?

La mayoría de las personas llegan tan agotadas al final del día que lo único que desean es dormir para poder afrontar las nuevas tareas inapelables del día siguiente. El sexo, que requiere de cierto aire y conexión emocional, se queda sin espacio porque hemos decidido no dejar sitio a la improvisación. Según los terapeutas, la fase pasional de una pareja dura unos dos años, después viene un período más tranquilo en el que existe el riesgo de convertirse en simples compañeros de piso. Ante esta realidad, agendar el sexo se presenta como una solución para mantener viva la llama.

¿Es efectivo planificar el sexo?

Los expertos argumentan que los encuentros sexuales son útiles para la salud de la pareja porque liman las asperezas cotidianas y son tan relajantes como tomar magnesio. Aunque el deseo no siempre esté presente, la planificación puede ser suficiente para tener un buen encuentro sexual si la relación es sana. Además, agendar el sexo permite preparar el escenario y crear un ambiente propicio para la intimidad.

Sin embargo, no todos están de acuerdo. Algunos sexólogos señalan que el estrés es el gran enemigo del deseo sexual y que la planificación puede generar más presión, especialmente en las mujeres, que pueden ver el sexo como una tarea más que cumplimentar en el día. Por otro lado, los hombres que no padecen disfunciones sexuales pueden beneficiarse más de los encuentros planificados.

La tiranía del calendario

Vivimos en la dinámica de agendar y cancelar. Cuantas más citas cerramos, más nos apetece cancelar, al menos un par de ellas, a última hora. Los expertos en gestión del tiempo creen que interactuar con apps y calendarios digitales nos hace ser más laxos con nuestros compromisos. Dan Ariely, profesor de Psicología y Economía del Comportamiento de la Universidad de Duke, sostiene que la gente acepta más planes de los que realmente puede hacer porque es «increíblemente fácil» representarlos en un calendario y da cierta satisfacción creerse con una agenda de ministro y una vida ocupada.

El tiempo de valor y el tiempo de pareja

Mapi Hermida, gestora de tiempo y autora del libro Sí te da la vida, se muestra a favor de agendar los encuentros sexuales pero «con matices». En su libro describe cómo la tiranía del reloj nos arrastra al modo hacer y termina por robarnos lo más valioso: la conexión con los que amamos. «Si no agendamos lo que realmente importa, el peluseo mental y los ladrones de tiempo acabarán ocupando todo nuestro espacio. Agendar el sexo no es quitarle romanticismo, es más bien una declaración de intenciones: eres mi prioridad y bloqueo este tiempo para ti».

Hermida coincide en que lo que no está en nuestras agendas no existe, pero recomienda dejar espacios en blanco o colchones de tiempo en el horizonte semanal para la improvisación. «Agendar la cita asegura que ocurra y combate el desapego y la falta de comunicación, pero dejar huecos libres fomenta la chispa y la espontaneidad».

El dilema de planificar el tiempo libre

El dilema que no terminan de resolver los expertos es si conviene planificar con la misma minuciosidad el tiempo de ocio y el tiempo de trabajo, si conviene usar herramientas de productividad para organizar la vida personal, o si por el contrario, demasiada planificación mata la sorpresa que nos hace más libres y felices.

Un estudio conjunto de 2016 de la Universidad de Washington y la de Ohio concluyó que las actividades de ocio se disfrutaban más cuando no estaban «agendadas». Para los autores, «no agendar» no significaba improvisar, sino proponer a la otra persona quedar después del trabajo a tomar algo sin fijar una hora concreta. «Por trivial que parezca ese cambio, reintroduce la flexibilidad en las actividades de ocio», explica Selin A. Malkoc, coautor del estudio.

Conclusión

En un mundo lleno de distracciones, el tiempo se nos escapa si no lo tratamos con intención. Agendar el sexo puede ser una herramienta útil para mantener viva la intimidad en la pareja, pero es importante no perder de vista la espontaneidad y la conexión emocional. Como dice Mapi Hermida, «el tiempo de pareja requiere atención plena, no es una tarea más, sino el momento de apagar el mundo exterior y conectar».


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