Los jóvenes de la Generación Z y los millennials están abandonando los smartphones por teléfonos básicos: «Queremos reconectar entre nosotros»
Un movimiento silencioso pero cada vez más visible está recorriendo Europa: miles de jóvenes están dejando atrás los smartphones y optando por teléfonos básicos, sin acceso a Internet ni aplicaciones. Según una encuesta realizada por el diario holandés Metro Nieuws, uno de cada tres jóvenes está considerando seriamente hacerse con un dispositivo retro, marcando un punto de inflexión en la relación de las nuevas generaciones con la tecnología.
Esta tendencia, que podría parecer nostálgica, es en realidad una respuesta consciente a los efectos negativos de la hiperconectividad. Los jóvenes, que crecieron rodeados de pantallas y redes sociales, ahora buscan recuperar el control sobre su tiempo y su atención. «Queremos reconectar entre nosotros», explican muchos de ellos, conscientes de que la conexión digital no siempre equivale a una conexión humana real.
La tecnología como problema, no como solución
Marloes Jonker, experta en tecnología y tendencias digitales, señala que el uso excesivo del móvil está generando molestias físicas y psicológicas entre los jóvenes. «Cada vez son más conscientes de que pasar horas en la pantalla no les aporta nada positivo», afirma. «Se dan cuenta de que están perdiendo la capacidad de estar presentes, de disfrutar del momento y de conectar de verdad con los demás».
Jonker pone como ejemplo el uso del teléfono cuando se sale con amigos: «Muchos jóvenes llevan sus smartphones a todas partes, incluso cuando están en reuniones sociales. El resultado es que están distraídos, pendientes de notificaciones y mensajes, en lugar de disfrutar de la compañía de los demás». Por eso, muchos están optando por llevar teléfonos básicos cuando salen, para evitar la tentación de estar conectados constantemente.
La atención, en peligro
Uno de los efectos más preocupantes del uso excesivo del móvil es la reducción de la capacidad de atención. «Estamos acostumbrados a cambiar de una cosa a otra constantemente, a saltar de una aplicación a otra, de un mensaje a otro», explica Jonker. «Esto dificulta la lectura de artículos largos, la concentración en un libro o incluso la capacidad de mantener una conversación profunda».
La experta insiste en que el cerebro necesita tiempo para procesar la información y descansar. «El aburrimiento es necesario. Cuando esperamos el tren o estamos en una sala de espera, tendemos a coger el móvil para evitar el aburrimiento. Pero es precisamente en esos momentos de ‘nada’ cuando el cerebro puede procesar lo que ha aprendido, generar nuevas ideas y recuperarse del bombardeo constante de estímulos».
El sueño, la primera víctima
Otro problema grave asociado al uso nocturno del móvil es la falta de sueño. «Muchos jóvenes llevan sus smartphones al dormitorio y es muy difícil dejarlos de lado», señala Jonker. «El resultado es un déficit de sueño acumulado, que afecta al estado de ánimo, la salud y las relaciones sociales». La luz azul de las pantallas y la ansiedad por no perderse nada (FOMO, por sus siglas en inglés) son dos factores que alteran el descanso y, por ende, la calidad de vida.
Consejos para recuperar el control
Ante este panorama
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