El mundo del periodismo y la comunicación en España está de luto. Fernando Ónega, una de las voces más respetadas y emblemáticas del periodismo español, falleció este martes a los 78 años. Nacido en el pequeño municipio de Pol (Mosteiro), en la provincia de Lugo, Ónega dejó una huella imborrable en la historia de la comunicación en España, siendo considerado uno de los cronistas más destacados de la Transición española.

La capilla ardiente se instalará este miércoles 4 de marzo en la Casa de Galicia de Madrid, desde las 10:00 hasta las 21:00 horas, donde familiares, amigos y admiradores podrán despedir al que fue un referente del periodismo durante décadas. Ónega, padre de la escritora Sonsoles Ónega, ganadora del Premio Planeta 2023 con su novela Las hijas de la criada, y de otros dos hijos, Cristina y Fernando, asistió a su último acto público el pasado 20 de noviembre, cuando los Reyes y sus hijas celebraron los 50 años de democracia en España.

La salud de Ónega había sido motivo de preocupación en los últimos años. En 2021, recibió un trasplante de riñón gracias a la generosidad de su segunda esposa, Ángela Rodrigo, quien fue su donante. Exfumador confeso, Ónega reconoció que su adicción al tabaco fue una de las causas de su necesidad de un trasplante. A pesar de los desafíos de salud, su pasión por el periodismo nunca menguó.

La carrera de Ónega estuvo marcada por hitos que definieron la historia reciente de España. Fue director de Prensa de la Presidencia del Gobierno de Adolfo Suárez y autor de la famosa frase «puedo prometer y prometo», que se convirtió en un símbolo de la Transición. Hijo predilecto de su municipio natal y adoptivo de Lalín, Ónega fue un testigo privilegiado de los cambios políticos y sociales que transformaron España en las últimas décadas.

Gran amigo de la familia real, en parte debido a la estrecha relación de su hija Sonsoles con la reina Letizia, Ónega trabajó en diversos medios escritos y fue director del diario Ya (1985-1986). También colaboró habitualmente en La Vanguardia y, esporádicamente, en El Progreso de Lugo. En 1979 ingresó en la Cadena Ser como comentarista político en el programa Hora 25. El 10 de febrero de 1981 fue nombrado director de los informativos de la cadena, coincidiendo con el intento de golpe de Estado del 23-F, un momento crucial en la historia de España.

Más adelante, ejerció la misma responsabilidad en la Cadena Cope (1986-1990). En televisión, trabajó en los años noventa como colaborador de los informativos de Telecinco y más tarde fichó por Antena 3, donde presentó las noticias de la noche. También fue tertuliano en programas de actualidad y análisis político como 59 segundos, El Programa de Ana Rosa y Las mañanas de Cuatro.

Ónega también desempeñó trabajos periodísticos en TVE. Además, escribió varios libros que reflejan su profundo conocimiento de la historia política de España: El termómetro de la vida (2004), Puedo prometer y prometo, biografía de Adolfo Suárez (2013), Juan Carlos I. El hombre que pudo reinar (2015) y Qué nos ha pasado.

Académico de Honor de la Real Academia Europea de Doctores en 2025, recibió innumerables reconocimientos a lo largo de su carrera, como el Premio Ondas, la Medalla Castelao, el Puro Cora y el Diego Bernal. Su último servicio fue la presidencia de 65YMÁS, una plataforma dedicada a dar voz a las personas mayores. Así lo despidió la organización: «El presidente de 65YMÁS, Fernando Ónega, el cronista imprescindible desde los primeros tiempos de la Transición española, una de las voces más escuchada y respetada por su rigor y su neutralidad, nos ha dejado».

Ónega, que se definía como «periodista y gallego, no sé en qué orden», recordaba sus inicios en una aldea, hijo de padres agricultores. «Yo era un niño de aldea, hijo de padres agricultores. Mi padre tenía una radio con la que yo escuchaba Radio Pirenaica y Radio Moscú» (ambas clandestinas), contaba. Su vocación periodística despegó cuando decayó la de seminarista: salió del seminario con 15 años y empezó, gracias a su hermano, a escribir una página semanal en el diario El Progreso de Lugo, desde donde logró entrevistar a «todo artista que pasaba por el Gran Teatro».

En sus propias palabras, Ónega resumía su misión en 65YMÁS: «Estamos cumpliendo una función social relevante. Nos hemos propuesto escuchar y dar voz a los senior, el 20% de la población, y nunca se habló tanto de ellos como ahora. Hemos contribuido a crear un estado de opinión que convierte a la población mayor en centro de atención mediática, económica y política. Y hemos sensibilizado a los poderes públicos y a la sociedad de las injusticias, las marginaciones y las tropelías que se siguen cometiendo con el mayor. No exagero cuando pregono por ahí que hay un antes y un después de 65YMÁS», afirmaba el veterano periodista, que no se planteaba la jubilación.

La noticia del fallecimiento de Fernando Ónega ha conmocionado a España, dejando un vacío en el periodismo y en la memoria colectiva de un país que vivió transformaciones históricas bajo su pluma y su voz. Su legado perdurará como un testimonio de rigor, compromiso y pasión por la verdad.

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