En la era de la hiperconectividad, las redes sociales se han transformado en una suerte de televisor digital que opera en modo automático, haciendo zapping por nosotros sin necesidad de control remoto. Un scroll infinito nos bombardea con fragmentos breves: anuncios, recetas, ejercicios, trucos y, sobre todo, extractos de programas de televisión y radio que ahora comparten un mismo formato: el del plató. Los estudios de radio han dejado de ser simplemente estudios; se han convertido en espacios con cámaras, focos, leds y mesas dispuestas más para la estética visual que para la interacción humana.

Este fenómeno no es casual. Todo lo que ocurre en estos espacios está grabado en audio y vídeo, y como un cebo en una red de arrastre, será debidamente troceado y convertido en contenido viral. El sistema ha redefinido por completo el papel de periodistas, guionistas y escritores, que ahora deben convertirse también en creadores de contenido audiovisual. Ya no basta con dar tu voz a través del texto o las ondas; además, debes entregar tu imagen. Y aquí radica el problema: alguien que no eres tú destacará algo que dijiste y tratará de que se haga viral. Pierdes el control sobre lo publicado, que fuera de contexto significará lo que otros decidan. Después te tocará justificarte y rectificar para evitar que te cuelguen el sambenito de ser de una manera u otra. Pero, de nuevo, todo dependerá del bombo que le den a lo que digas y de lo bien que sepas venderte, de lo bien que controles el medio.

Corren malos tiempos para los tímidos, para los discretos, para quienes valoran la intimidad, para los introspectivos, para quienes no tienen gracia en público ni son rápidos, para quienes no siguen las modas, para quienes sienten que mienten cuando están frente a una cámara, para quienes la palabra vale más que mil imágenes. Cuando estudiaba periodismo, algunos compañeros querían dedicarse a la tele para ser famosos. Otros preferíamos el texto escrito porque nos explicábamos mejor si podíamos leernos antes de publicar. Los amantes de la radio aspiraban a que los escucharan.

El qué y el cómo van perdiendo importancia frente a quién dice algo. El quién es más fácil de señalar. Las simpatías y antipatías por ese quién, su presencia y saber estar, su capacidad de soltar frases que llamen la atención en un reel, serán más determinantes que el medio o el contenido. Se supone que es para que el usuario entre por curiosidad y profundice en un artículo, un programa o un libro. Pero me temo que simplemente seguirá viendo fragmentos breves en un scroll infinito que olvidará al cabo de un rato.


Etiquetas y frases virales:

  • «Las redes sociales son una tele que hace zapping por ti»
  • «Alguien que no eres tú destacará algo que dijiste e intentará que se haga viral»
  • «Corren malos tiempos para los tímidos y los discretos»
  • «El quién es más importante que el qué y el cómo»
  • «Los estudios de radio ahora son platós con cámaras y focos»
  • «Los periodistas deben convertirse en creadores de contenido audiovisual»
  • «El scroll infinito: un cebo en la red de arrastre»
  • «La palabra vale más que mil imágenes»
  • «La fama por encima del contenido»
  • «La imagen por encima de la voz»
  • «La tele y la radio se fusionan en un mismo formato»
  • «La viralidad depende del bombo, no del mensaje»
  • «El usuario olvida lo que ve en el scroll infinito»
  • «La intimidad y la discreción están en peligro»
  • «El texto escrito permite corregir antes de publicar»
  • «La radio aspiraba a que te escucharan, ahora te ven»

,


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *