Jeffrey Epstein y Jean-Luc Brunel: La red de reclutamiento de modelos brasileñas que conmociona al mundo
El caso que revela una trama de explotación sexual y tráfico de menores
En una investigación exclusiva de BBC News Brasil, se ha desvelado una red de reclutamiento de modelos brasileñas vinculada a Jeffrey Epstein, el magnate estadounidense acusado de tráfico sexual de menores, y su socio Jean-Luc Brunel, agente de modelos francés que se suicidó en prisión mientras enfrentaba cargos de violación y agresión sexual.
La historia de Gláucia Fekete: «Me salvé por poco»
Gláucia Fekete, hoy en sus 30 años, recuerda con escalofrío aquel episodio de su adolescencia cuando tenía apenas 16 años y vivía en una zona rural de Brasil. El agente de modelos francés Jean-Luc Brunel llegó personalmente a la casa de su familia con una propuesta tentadora: participar en un concurso de modelos en Ecuador.
«¿Qué me habría pasado si hubiera desobedecido a mi madre y me hubiera ido a Nueva York?», se pregunta Gláucia, reflexionando sobre aquel momento crucial que pudo haber cambiado su vida para siempre.
Su madre, Barbara, recuerda a Brunel como alguien «muy encantador» pero con una intuición materna que le hizo desconfiar. Aunque finalmente accedió a que su hija viajara a Ecuador sin ella, Barbara se mantuvo alerta.
El concurso en Ecuador: ¿Un cebo para el tráfico de menores?
Gláucia viajó con el equipo de Brunel a Guayaquil para participar en el concurso Modelos Nueva Generación. Los periódicos locales informaron que las participantes tenían entre 15 y 19 años. Aunque el concurso transcurrió sin mayores problemas, Gláucia comenzó a sospechar cuando no le permitieron contactar con su familia.
Otra concursante, identificada como Laura para proteger su identidad, recuerda el comportamiento extraño de Brunel: «Siempre andaba con las jóvenes brasileñas… Se comportaba como un payaso y solo andaba con chicas muy jóvenes».
Laura cree que Brunel sabía exactamente qué chicas eran vulnerables: «Parecía controlar sus finanzas. Las chicas de Brasil y países de Europa del Este parecían ser el objetivo principal».
La oferta que desató las alarmas
Hacia el final del viaje, Brunel le ofreció a Gláucia llevarla a Nueva York «para participar en espectáculos» con todos los gastos pagados. En ese momento, tuvieron que contactar a su madre para obtener permiso.
La respuesta de Barbara fue contundente: «No. De ninguna manera».
«Solo buscaban niñas, menores de edad. Desafortunadamente, encontraron a mi hija», afirma Barbara, quien le prohibió a Gláucia seguir participando en el modelaje y cortó vínculos con la red de Brunel.
«Realmente me salvé por poco», reconoce Gláucia, quien hoy agradece la decisión de su madre.
La coincidencia temporal que levanta sospechas
Los archivos publicados por el gobierno estadounidense revelan que Epstein estuvo en Guayaquil los días 24 y 25 de agosto de 2004, coincidiendo con la final del concurso de modelos. Además, documentos indican que al menos una modelo menor de 16 años que asistió al evento voló en el avión de Epstein al menos dos veces ese mismo año.
Gláucia reflexiona: «Sin saberlo, estaba en medio de esa tormenta».
La historia de Ana: «Él me eligió»
Otra brasileña, a quien llamaremos Ana para proteger su identidad, afirma que Brunel y su negocio de modelos fueron fundamentales para facilitar su relación con Epstein.
Ana fue reclutada inicialmente por una mujer brasileña a principios de la década de 2000 en São Paulo. Al llegar, la mujer le quitó sus documentos y le dijo que debía dinero por el viaje y las fotos. Ana pronto se dio cuenta de que no había trabajo de modelo.
«Era una madame. Sin darme cuenta, me estaba prostituyendo», relata Ana.
Uno de los clientes era Jeffrey Epstein, dice Ana. Describe cómo, unas semanas después de cumplir 18 años, la mujer la llevó a la casa de un prominente empresario de São Paulo. Allí, escuchó cómo describían a Epstein como «el rey del mundo» y decían: «Le gustan las chicas más jóvenes».
El primer encuentro con Epstein
Unos días después, ella y otras dos mujeres fueron enviadas a un hotel de lujo en São Paulo, donde Epstein debía elegir a una de ellas. «Me eligió a mí», dice Ana.
Los archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos, incluyendo correos electrónicos y registros de vuelo, sitúan a Epstein en Brasil en ese momento.
La ruta del visado: El papel clave de Brunel
Durante una fiesta, Epstein le dijo a Ana que iría a París al día siguiente y que ya había arreglado su viaje con él. Ana describe el viaje a Francia: «Él me daba US$300 dólares. Yo salía a dar un paseje y le daba el cambio, pero me decía que me quedara con el dinero».
Epstein le contó entonces que había gestionado que Brunel la contratara en su agencia de modelos en Nueva York, y que la madame brasileña le había entregado sus documentos.
Ana mostró a la BBC su pasaporte, que contenía un visado de negocios estadounidense con una anotación que nombraba la agencia que Brunel había establecido en Estados Unidos, Karin Models of America.
Ana afirma que nunca trabajó para Karin Models of America, pero le dijeron que la documentación le permitiría viajar a Estados Unidos, y que el único motivo del visado era visitar a Epstein.
Los documentos que lo comprueban
Su declaración coincide con otros documentos. Los registros judiciales y los archivos del Departamento de Justicia de EE.UU. indican que Brunel utilizó su agencia, primero llamada Karin Models of America y posteriormente MC2 en Estados Unidos, para atraer a chicas de varios países, incluidas menores de edad.
Los mismos registros incluyen el testimonio de un exempleado de MC2 en EE.UU. que afirma que Epstein pagó las visas que la agencia de Brunel en EE.UU. tramitó.
Antes de morir, Brunel negó haber hecho nada malo. Sus abogados afirmaron que estaba «destrozado» por las acusaciones y culparon a un «sistema mediático-judicial».
Cuatro meses en el círculo de Epstein
Ana cuenta que durante unos cuatro meses viajó a EE.UU. y Francia con Epstein, quien se mostraba «cariñoso» con ella. Describe cómo, durante ese tiempo, él le pagó algunas clases de inglés.
Agrega que su visa fue cancelada en Miami después de que las autoridades estadounidenses cuestionaran quién pagaba su trabajo y si recibía dinero en Estados Unidos.
Asegura haber viajado al país al menos seis veces para pasar tiempo con Epstein antes de que le cancelaran la visa.
La isla privada y la revelación
También afirma que fue a su isla privada en las Islas Vírgenes Estadounidenses y pensó que él la consideraba su novia, hasta que lo encontró en la cama con alguien más.
«Hasta entonces, no había asimilado que hacía esto con muchas chicas», afirma.
«En varias ocasiones me decía que saliera de casa para hacer algo: ir a un museo, ir a clases. No sé si pasó algo que él no quería que yo viera… Le gustaban las chicas más jóvenes y estar rodeado de ellas».
Indica que tuvo sexo con él una vez, y que «le gustaba dormir, acurrucarse abrazado y que le masajearan los pies».
La rivalidad con Brunel
Ana dice que Epstein le contó una vez que Brunel le había pedido acostarse con ella, pero él se negó diciendo: «No lo dejé porque tú eres mía».
Afirma que no sabía si sentirse «agradecida o más aterrorizada» y que después de eso, sintió que Brunel era «como un lobo mirando a un cordero, siempre con ojos devoradores, tanto con las otras chicas como conmigo».
Investigación sobre red de reclutamiento
El Ministerio Público Federal (MPF) de Brasil abrió una investigación en febrero para determinar si existía una red de reclutamiento en el país vinculada a Epstein.
La fiscal federal Cinthia Gabriela Borges, de la unidad nacional contra la trata de personas, le dijo a la BBC que quería hablar con mujeres que tuvieron contacto con Epstein para comprender cómo funcionaba el sistema. Las mujeres en sí no son objeto de la investigación.
Lo que les ocurrió a Ana y a otras personas podría considerarse trata de personas con fines de explotación sexual, según el inspector de trabajo e investigador Maurício Krepsky. Dice que este tipo de delito podría no prescribir, por lo que los brasileños involucrados aún podrían ser considerados responsables.
El desenlace: Dos vidas marcadas por la experiencia
Gláucia agradece haber tenido una madre que le dijo que no. Y después de años intentando comprender lo que le sucedió, Ana se siente afortunada de haber dejado el círculo de Epstein y haber reconstruido su vida.
«Creo que tuve suerte, pero lo siento por las otras mujeres», dice Ana.
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