Amazon cae un 11% en bolsa: el mercado se cansa de la fiesta de la IA y exige rentabilidad

La luna de miel entre la inteligencia artificial y Wall Street ha terminado. Amazon acaba de recibir ese temido mensaje de «tenemos que hablar» de los inversores, con una caída de más del 10% de sus acciones en la jornada de ayer. Parecía que las bolsas premiaban que las empresas invirtieran cantidades absurdas de dinero en IA. Es justo lo que anunció ayer Amazon, pero esa estrategia ha tenido una respuesta totalmente negativa en los mercados.

Qué ha pasado. Amazon presentó ayer resultados financieros para el último trimestre de 2025. Los ingresos crecieron un 14% y el beneficio neto un 6%, cifras modestas que no gustaron demasiado. Pero sobre todo no gustó que Amazon anunciara que estimaba un capex (gastos de capital) de 200.000 millones de dólares en 2026 en IA. Asombroso.

Antes Wall Street premiaba, ahora castiga. En 2025 ese capex fue de 131.000 millones de dólares, y Amazon está decidida a seguir apostándolo todo a la IA. Antes los inversores premiaban esa audacia. Ahora la están castigando: las acciones se desplomaron un 11% «after hours», y será hoy cuando esas acciones arranquen con esa caída reflejada.

Queremos retorno de la inversión. Esa reacción del mercado no es un evento aislado. La caída de Amazon llega apenas horas después de Microsoft o Google sufrieran caídas similares. El mercado antes valoraba el potencial de la IA, pero ahora exige más que nunca el retorno de la inversión y se ha vuelto impaciente. Las Big Tech habían operado con cheque en blanco, pero cuando las previsiones de ingresos se quedan por debajo de las estimaciones, el optimismo se evapora.

Los ingresos crecen, sí, pero no tanto. El problema real está en el desequilibrio entre el capex y el crecimiento de los ingresos. AWS creció un espectacular 24% en ingresos, pero es que el gasto crece a un ritmo aún mayor. Google, Amazon y Microsoft están atrapados en una especie de «carrera armamentística» de infraestructuras: el primero que deje de gastar pierde, y eso es un problemón.

El que no arriesga, no gana. Andy Jassy, CEO de Amazon, explicó que «esta es una oportunidad extraordinariamente inusual para cambiar para siempre el tamaño de AWS y de Amazon como un todo. […] Vamos a invertir de forma agresiva para ser los líderes». Es un discurso idéntico al que pronunciaba hace unos meses Mark Zuckerberg cuando decía que estaba dispuesto a perder cientos de miles de millones en IA: no invertirlos sería peor para Meta.

Pero es que Amazon es mucho más que IA. Hay otro elemento inquietante en esa apuesta tan enorme de Amazon. La realidad es que la empresa tiene muchos frentes costosos. Desde la red de satélites Kuiper para competir con Starlink hasta la robotización de su logística de Whole Foods y de otras áreas. Al sumar la IA a la ecuación, las cuentas parece que no salen.

Se acaba el optimismo. Históricamente las grandes tecnológicas han aprovechado el optimismo del mercado y los inversores para justificar previsiones de gasto totalmente desvinculadas de sus ingresos. En 2026, con la situación macroeconómica de «ya no nos gusta el riesgo» —que se lo digan al bitcoin— y la presión por la rentabilidad, el «optimismo gratuito» ha desaparecido. Si vas a gastar a lo bestia, tienes que recaudar a lo bestia también.

Amazon va bien, la IA no. Esa apuesta total por la IA está impidiendo ver que el resto de negocios de Amazon van muy bien. Las ventas online crecieron un 10% y la publicidad lo hizo un notable 23%. El comercio electrónico, la piedra angular sobre la que se construyó y funciona Amazon, está financiando la fiesta de la IA, pero esta se está convirtiendo en un pozo sin fondo.

Como el PIB de Qatar. Según el Banco Mundial, el PIB de Qatar en 2024 fue de 219.000 millones de dólares. Que Amazon invierta casi lo mismo solo en centros de datos de IA resulta mareante. Es lo mismo que contábamos ayer de Google, que también proyectó un capex de 135.000 millones de dólares para 2026. Las cifras ya no son mareantes: son disparatadas.

Cuidado, obsolescencia. Y toda esa inversión puede acabar malgastada, sobre todo porque hay un riesgo implícito en los centros de datos que se construyen: en tres o cinco años pueden quedar obsoletos si la arquitectura de chips de IA cambia radicalmente. Es pan para hoy, y hambre para mañana… sin contar el factor energético o el consumo de agua.


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Conclusión viral: El mercado ha enviado un mensaje claro: la era del dinero fácil para la IA ha terminado. Ahora toca demostrar que toda esa inversión colosal se traduce en beneficios reales. La pregunta es: ¿podrán Amazon, Google y Microsoft mantener el ritmo sin quebrar la confianza de los inversores? La respuesta llegará en los próximos trimestres, y el mundo tecnológico estará pendiente… porque si la burbuja de la IA estalla, las consecuencias serán globales.

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