Startup estadounidense prueba un prototipo que podría revolucionar la energía undimotriz y resolver la crisis energética de EEUU
En un mundo cada vez más dependiente de la energía limpia, una startup estadounidense llamada Panthalassa está probando en aguas del Pacífico un prototipo que podría cambiar las reglas del juego en la industria de las energías renovables. Se trata del Ocean-2, un dispositivo que, a simple vista, parece una boya gigante, pero que en realidad es una estructura compleja diseñada para aprovechar la energía de las olas de una manera más eficiente y sostenible.
El Ocean-2 tiene una parte esférica de casi 10 metros de diámetro y está montado sobre un casco tubular de aproximadamente 60 metros de largo que queda sumergido bajo el mar. A diferencia de otros dispositivos de energía undimotriz, el Ocean-2 no resiste el océano, sino que lo acompaña. Con el oscilar de las olas, el agua se impulsa a través de una tubería interna hacia la superficie esférica y luego desciende por turbinas para generar energía.
¿Por qué es importante el Ocean-2?
La energía undimotriz tiene una gran ventaja respecto a otras fuentes de energía renovables más populares, como el sol o el viento: nunca descansa. Las olas son un recurso casi continuo y enormemente energético. Y sin embargo, es el patito feo de las energías verdes porque su carácter imprevisible y nada constante convierte la extracción energética en una tarea titánica en términos de eficiencia.
El Ocean-2 podría ser la solución a este problema. En la prueba logró generar hasta 50 kW en condiciones de oleaje decentes, suficiente para alimentar una pequeña ciudad costera. No obstante, su aplicación prioritaria no es la red eléctrica doméstica, sino algo más específico como los combustibles limpios y la computación: producir hidrógeno verde que se transporta a costa en barcos autónomos, y alimentar centros de datos en el océano.
Contexto: la crisis energética de EEUU
En plena carrera por la IA y los centros de datos, el gran cuello de botella de Estados Unidos es la energía, tanto es así que están desempolvando viejas soluciones energéticas como centrales fósiles y resucitando su industria nuclear. Por supuesto y aunque su papel en la guerra de EEUU, Israel e Irán es diferente a la de Europa y también lo es su al acceso al petróleo, la realidad es que que el precio del barril esté desbocado tampoco les beneficia. En ese escenario, está ampliando su inversión en renovables.
La energía de las olas lleva décadas prometiendo y decepcionando. La sal, la corrosión, el crecimiento biológico en las estructuras y el coste brutal del mantenimiento en alta mar han hundido, literal y figuradamente, decenas de proyectos en todo el mundo. El resultado: casi todo se ha quedado en fase piloto. Tampoco la eficiencia ha sido nunca como para tirar cohetes. Y mientras la undimotriz se ha estancado, el precio de la solar y la eólica ha caído tan rápido que ha dejado otras energías limpias sin ventaja competitiva. Sin embargo, la energía de las olas está ante otra oportunidad: Ocean Energy Europe cifra en 165 MW la cartera de despliegues planificados hasta 2030 y Estados Unidos ha invertido 591 millones de dólares en energía oceánica en los últimos cinco años.
Cómo lo hacen
El diseño del Ocean-2 tiene un punto más filosófico que técnico: no es tanto resistir el océano sino acompañarlo. Con el oscilar de las olas, el agua se impulsa a través de una tubería interna hacia la superficie esférica y luego desciende por turbinas para generar energía. Apenas tiene partes móviles, más allá de la turbina, integrada en la estructura de acero.
La boya no tiene redes ni elementos que puedan atrapar fauna marina, opera en silencio y con movimientos lentos: el responsable ambiental de Panthalassa, el Dr. Liam Chen, explicaba para la TV local KOMO que su diseño suave y de bajo impacto le permite «vivir en armonía con el océano». Las pruebas en Puget Sound no mostraron alteraciones visibles en el ecosistema marino circundante. Según el cofundador, Garth Sheldon-Coulson, se pueden fabricar estas máquinas por alrededor de 1500 dólares el kilovatio.
Qué viene después
Como cuenta su cofundador, llevan unos diez años trabajando: los primeros cuatro o cinco años fue solo I+D, en 2021 lanzaron su antecesor el Ocean-1, en 2024 vio la luz el Ocean-2 y el Ocean-3 ya está en desarrollo y va con paso firme en su financiación.
Sí, pero
Hasta el momento, todo son pruebas y prototipos porque el proyecto se encuentra en fase experimental, es decir, no hay ni un solo kilovatio comercial generado, ni una red conectada, ni tampoco datos de durabilidad a largo plazo. Y el mar no es un entorno fácil precisamente: saber cómo aguantará los temporales y el paso del tiempo, cómo será el mantenimiento o simplemente algo tan básico como el traslado de la energía del dispositivo a la red es esencial es esencial. Sin olvidar del coste, especialmente habida cuenta del desplome de los costes de la solar o la eólica, ambas tecnologías ya maduras, consolidadas y baratísimas.
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