Ciencia en Madrid: Un Plan que Se Desinfla y un Silencio Oficial que Alimenta la Desconfianza
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presentó esta semana el PRICIT 2026-2029 como un «hito» para la ciencia y la innovación regionales, dotado con 752 millones de euros. Sin embargo, detrás de ese anuncio se esconde una realidad muy distinta: la propuesta inicial de la Dirección General de Investigación contemplaba 998,2 millones, es decir, 246,2 millones más de lo que finalmente se aprobó. Un tijeretazo que no se comunicó y que ha provocado malestar entre la comunidad científica y universitaria.
¿Dónde está el resto del dinero?
El documento de trabajo del PRICIT, al que ha tenido acceso EL PAÍS, muestra que el presupuesto inicial se dividía en tres años y seis ejes estratégicos. La estructura se mantiene, pero con una reducción significativa que afecta a áreas clave como la atracción de talento, la internacionalización, la innovación y la transferencia de conocimiento. De hecho, mientras las universidades públicas verán aumentar su partida para gastos corrientes, pierden fondos para investigación de vanguardia.
Un Consejo de Ciencia que tardó en arrancar
El Consejo de Ciencia y Tecnología de la Comunidad de Madrid, órgano clave para aprobar el PRICIT, debía activarse tras la última legislatura (mediados de 2023), pero no se conformó hasta enero de 2025. Su retraso y la posterior cancelación de reuniones clave evidencian las trabas internas y las negociaciones opacas que rodearon la elaboración del plan.
Malestar en el sector y ausencia de transparencia
En el acta del Consejo de Ciencia de enero, varios consejeros mostraron su descontento con el presupuesto final, considerándolo insuficiente frente a las necesidades reales del Sistema Madrileño de Investigación e Innovación Tecnológica. Incluso la directora del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario, nombrada por el Ejecutivo de Ayuso, reconoció en el acta que «el presupuesto destinado a investigación es insuficiente».
La diputada de Más Madrid Alicia Torija criticó duramente la gestión: «Que vayamos tarde es un ejemplo de cómo el Gobierno de Ayuso entiende la ciencia». Su formación había pedido 1.500 millones para el período 2023-2031, casi el doble de lo que finalmente se ha aprobado.
El «acuerdo histórico» que no lo es tanto
Ayuso también presumió de un «acuerdo histórico» de 14.800 millones hasta 2031 para el sistema universitario. Sin embargo, ese montante incluye partidas que no son estrictamente públicas (como las que las universidades deberían recaudar por sí mismas) y no contempla la inflación acumulada ni el peso de las tasas y matrículas. Plataformas por la universidad pública calculan que, en realidad, no se llega a los 9.000 millones en cinco años.
Silencio oficial y desconfianza
Ni el Ejecutivo ni los rectores han hecho público el documento del acuerdo, alimentando rumores y críticas. Ante una veintena de preguntas de este periódico, la Consejería se remitió a «las explicaciones ya ofrecidas», sin aportar datos concretos. En los grupos de WhatsApp de la comunidad universitaria circulan memes irónicos: «Si el acuerdo firmado es tan bueno… ¿por qué nos negáis el derecho a leerlo?».
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Oraciones virales:
- «752 millones anunciados, 998,2 previstos: el tijeretazo que no se contó.»
- «El acuerdo que brilla por su ausencia: sin documento, sin datos, sin confianza.»
- «Ciencia a la baja: más sueldos, menos investigación.»
- «¿Dónde está el resto del dinero? La pregunta que Ayuso no contesta.»
- «El silencio oficial como estrategia: opacidad ante la comunidad científica.»
Este caso ilustra cómo un anuncio triunfalista puede ocultar recortes y opacidad, erosionando la confianza en las instituciones y comprometiendo el futuro de la ciencia y la innovación en Madrid.
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