Barbra Streisand y el «efecto Streisand»: la diva que desafía a Hollywood y Trump
Por Daniel Rodríguez
Los Oscar siempre han sido un escenario de grandes momentos y aún mayores ausencias. Pero cuando Barbra Streisand aparece, el universo cinematográfico se detiene. La legendaria artista neoyorquina, que este domingo podría volver a la ceremonia para rendir homenaje a Robert Redford, es mucho más que una intérprete: es un fenómeno cultural que ha desafiado a Hollywood, a los presidentes y hasta a sus propios miedos.
Una historia de amor y rivalidad con los Oscar
La relación de Streisand con la Academia es digna de un guion de Hollywood. En 1969, ganó su primer Oscar ex aequo con Katharine Hepburn por Una chica divertida, una victoria compartida que marcó el inicio de una carrera legendaria. Pero la Academia no siempre ha sido generosa con ella. A pesar de sus nominaciones y triunfos, nunca la consideraron para la dirección, un cargo que ha eludido a las mujeres durante décadas.
En 2010, la justicia poética llegó cuando Streisand entregó el Oscar a Kathryn Bigelow, la primera mujer en ganar el premio a la mejor dirección. Una ironía del destino que no pasó desapercibida para nadie.
El regreso más esperado
Según Variety, la Academia lleva meses negociando con Streisand para que cante durante el segmento In Memoriam de los Oscar 2025. La razón es emotiva: un tributo a Robert Redford, su coprotagonista en Tal como éramos, con quien compartió una química inolvidable tanto en pantalla como fuera de ella.
Pero hay un problema: el pánico escénico de Streisand es legendario. Perfeccionista hasta el extremo, controla cada detalle de sus actuaciones, desde las luces hasta la acústica. ¿Hará una excepción esta vez por Redford? La expectación es máxima.
Una carrera que desafía el tiempo
Streisand no es solo una actriz; es una fuerza de la naturaleza. Con más de seis décadas de carrera, ha sido actriz, directora, productora, guionista y cantante. Es la única artista EGOT (Emmy, Grammy, Oscar y Tony) que también ha ganado la Palma de Oro honorífica en Cannes, un reconocimiento que recibirá en mayo.
Su filmografía es un espejo de su vida: desde Una chica divertida, que narra el ascenso de una artista desde los barrios judíos de Nueva York, hasta El príncipe de las mareas, un melodrama sobre enfrentar el pasado. Cada película es una pieza de un rompecabezas que construye la historia de Barbra.
La música que mueve montañas
En el mundo de la música, Streisand es una anomalía estadística. Es la única artista que ha alcanzado el número uno en seis décadas consecutivas, con 34 álbumes entre los 10 primeros y más de 25 millones de discos vendidos. Su último trabajo, The Secret of Life: Partners, Volume 2, es un compilado de duetos con estrellas como Paul McCartney, Bob Dylan y Sting.
Pero a sus 83 años, Streisand no tiene planes de volver a los escenarios. «Todavía tengo miedo escénico», confesó en 2018. ¿Volverá a cantar en los Oscar? Si lo hace, hará historia. Si no, quizá tengamos que esperar a que termine la era Trump para escucharla de nuevo en vivo.
Una voz contra el poder
Streisand siempre ha usado su plataforma para desafiar al poder. En 2018, publicó Don’t Lie to Me, una canción de protesta contra Donald Trump. Desde entonces, lo ha llamado «corrupto», «indecente» y una «amenaza para las instituciones».
Su activismo no se limita a la política. En sus memorias, My Name Is Barbra, publicadas en 2023, revela detalles íntimos de su vida, incluyendo su pánico escénico, originado en los insultos que recibía de Sydney Chaplin en el escenario de Broadway.
El «efecto Streisand»
En 2003, Streisand demandó a un fotógrafo por publicar la ubicación de su mansión en Malibú. Quería que la imagen se retirara de internet y exigió 50 millones de dólares en compensación. El resultado fue el contrario al esperado: la imagen fue descargada 420.000 veces en menos de un mes. Así nació el «efecto Streisand», un término que describe cómo los intentos de ocultar información pueden generar más publicidad.
Proyectos soñados
A pesar de su edad, Streisand sigue soñando con nuevos proyectos. Quiere interpretar a Sarah Bernhardt y a Mama Rose en una adaptación cinematográfica de Gypsy. También lleva años intentando llevar a la pantalla la vida de Margaret Bourke-White, la primera corresponsal de guerra estadounidense.
Pero Hollywood no siempre ha estado dispuesto a financiar sus ideas. Pasó 25 años intentando conseguir dinero para The Normal Heart, basada en la crisis del VIH en los años 80. Al final, el proyecto lo rodó Ryan Murphy en 2014.
Una vida llena de contradicciones
Streisand vive en una mansión en Malibú con su marido, el actor James Brolin, y tres perros Cotón de Tulear. Dos de ellos, Violet y Scarlet, son clones biológicos de Sammie, que murió en 2017. «Se puede clonar el aspecto de un perro, pero no el alma», reconoció a Vanity Fair.
A pesar de sus innumerables premios, Streisand dice sentirse incapaz de satisfacción. Es una mujer que ha logrado todo y, sin embargo, sigue buscando más. Esa es quizá su mayor contradicción: la insatisfacción que la impulsa a seguir creando.
El domingo, la gran incógnita
¿Cantará Barbra Streisand en los Oscar 2025? La pregunta es el gran misterio de la ceremonia. Si lo hace, será un momento histórico. Si no, el mundo seguirá esperando a que la diva de Brooklyn vuelva a subir a un escenario.
Lo que es seguro es que, mientras más quiera que la olvidemos, más la recordaremos. Es el «efecto Streisand» en su máxima expresión: una artista que desafía el tiempo, el miedo y el poder, y que sigue siendo, a sus 83 años, una de las voces más importantes de nuestro tiempo.
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