Belén Rueda denuncia el «poder arbitrario» del ICE y revela cómo ha cambiado su forma de hablar

La actriz española Belén Rueda ha vuelto a colocar en el centro del debate mediático su voz comprometida con la realidad social y política. En una reciente entrevista concedida a El País, la intérprete ha hablado abiertamente sobre su nueva película El vestido y, sobre todo, sobre aquello que más le preocupa en el contexto actual: el poder arbitrario que ejerce el ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos).

El ICE como símbolo de un poder «alucinante»

Sin rodeos, Rueda ha calificado de «alucinante» lo que está ocurriendo con el ICE. «Que una sola persona con un grupo decida sobre la vida de otros de esa manera arbitraria, aleatoria y en bloque es algo que me produce mucho desasosiego», ha declarado. La actriz ha contextualizado su crítica en un análisis más amplio sobre el avance de las sociedades: «Creo que las civilizaciones avanzan porque los gobernantes han sido presionados por la sociedad; si no, no avanzaríamos, porque el poder es muy cómodo».

Sus palabras llegan en un momento en que las políticas migratorias de Estados Unidos han vuelto a estar en el foco informativo, especialmente tras la retirada de agentes del ICE en Minnesota y el miedo que estas medidas generan en comunidades inmigrantes y en colectivos como el de las personas nativas americanas, que han expresado temor a ser confundidas con indocumentadas.

El peso de la edad y la experiencia

Pero la entrevista no se ha limitado a la denuncia política. Rueda ha reflexionado con profundidad sobre cómo ha evolucionado su propia forma de posicionarse ante el mundo. «Depende del momento vital que estés teniendo», ha explicado, reconociendo que en la juventud existe «fuerza y pasión por todo, como si fuera lo único». Sin embargo, con los años, afirma haber ganado en perspectiva: «Cuando tienes más años también lo haces porque tienes más voz, pero desde un sitio más tranquilo, que no significa que no seas combativo, sino que tienes más argumentos que la rabia y la injusticia, que también son válidas».

En este sentido, ha hecho una confesión reveladora: «Echo la vista atrás y me doy cuenta de que hay cosas que no he denunciado porque creía que eran lo normal». Esta toma de conciencia la sitúa en un contexto histórico personal: nació en 1965 y diez años después murió Franco. «Tienes un comportamiento que te crees que es el único», ha afirmado, refiriéndose a las dinámicas sociales internalizadas durante décadas de dictadura y transición.

Desprendiéndose de capas de miedo y culpa

Rueda ha hablado con especial crudeza sobre las dinámicas de género y poder que ha tenido que desaprender. «Quitarse eso, pensar que eres la culpable de que un hombre se haya acercado a ti y haya dicho tal cosa, porque eres muy simpática, porque le has provocado, porque le has dado dos besos… Todo eso te ha educado de una determinada manera y tienes que quitarte esas capas», ha explicado.

Este proceso de desprendimiento de capas sociales y personales ha llegado acompañado de una nueva libertad: «Tengo ahora mucha más libertad de decir lo que pienso. Y lo voy a decir». Y es que, según reconoce, antes no lo hacía «por miedo». Un miedo que describe con una anécdota personal impactante: cuando sufrió un ictus en 2019, decidió no contarlo públicamente porque pensaba que podría perder oportunidades laborales.

Un testimonio que resuena en el presente

Las declaraciones de Belén Rueda llegan en un momento en que la conversación sobre el ICE y las políticas migratorias en Estados Unidos ha cobrado renovada relevancia. Organizaciones de derechos humanos y colectivos sociales han denunciado prácticas que consideran violatorias de derechos humanos, mientras que figuras públicas como Rueda aportan visibilidad a estas problemáticas desde plataformas mediáticas.

Su testimonio conecta, además, con un debate más amplio sobre cómo envejecemos políticamente, cómo aprendemos a disentir y cómo transformamos el miedo en voz. En una industria como la del entretenimiento, donde el silencio ha sido a menudo moneda de cambio, su decisión de hablar sin tapujos sobre su ictus, sobre el ICE y sobre las capas de opresión internalizadas representa un acto de resistencia en sí mismo.


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