El comercio global desafía los aranceles de Trump y alcanza récords históricos: la visión asiática de la crisis económica

Mientras Europa se debate entre la incertidumbre provocada por los aranceles de Donald Trump y el conflicto en Oriente Medio, Jeongmin Seong, socio sénior de McKinsey Global Institute, ofrece una perspectiva sorprendente desde Asia: el comercio global no solo sobrevive, sino que prospera en medio de la tormenta geopolítica.

Durante su gira por Europa, este experto en dinámicas geopolíticas y comercio global insiste en que estamos ante un punto de inflexión histórico, pero no por las razones que muchos creen. «Ni la globalización ha acabado ni estamos peor que antes», afirma con rotundidad, desafiando el pesimismo generalizado.

El hallazgo inesperado de McKinsey

El primer impacto llega con un dato contundente: el comercio global alcanzó máximos históricos el año pasado, creciendo un 6,5% a pesar de los aranceles. «Hemos visto unos aranceles que se dan una vez en un siglo», explica Seong, «pero a pesar de ello el comercio mundial logró crecer más rápido que la trayectoria histórica».

China registró un superávit récord y las importaciones estadounidenses se convirtieron en el principal motor del crecimiento del comercio mundial. ¿Cómo es posible en medio de una guerra comercial?

Los cuatro motores ocultos del crecimiento

La respuesta se encuentra en cuatro factores que han pasado desapercibidos para muchos analistas occidentales:

  1. La inteligencia artificial como catalizador: La IA impulsó un tercio del crecimiento del comercio estadounidense en categorías relacionadas como semiconductores, tarjetas gráficas y equipos para centros de datos. En Estados Unidos, este sector impulsó dos tercios de su crecimiento comercial. El país construyó cerca de la mitad de la capacidad mundial de centros de datos.

  2. La transformación china: «Conocemos a China como la fábrica del mundo, pero está pasando a convertirse en la fábrica de las fábricas», revela Seong. Mientras las exportaciones de bienes de consumo bajaron cerca del 2%, las de bienes intermedios, esenciales para montar fábricas, crecieron cerca del 9%.

  3. El efecto anticipación: Las empresas estadounidenses anticiparon los aranceles y adelantaron importaciones, creando un efecto temporal pero significativo.

  4. El Sudeste Asiático como mediador: Las economías de esta región actuaron como puentes en la cadena de suministro global, evitando su desintegración. Sus exportaciones crecieron alrededor de un 14%, el doble del ritmo del comercio mundial.

Más allá de la desglobalización: una nueva era

Seong rechaza tajantemente la narrativa de la desglobalización: «Nuestra tesis es que cada 20 o 30 años se produce un gran cambio de era». La era anterior, que comenzó alrededor de 1990 con la caída de la Unión Soviética y la apertura de China, giraba en torno a la globalización, el libre comercio y la eficiencia.

«¿Qué está ocurriendo ahora?», se pregunta retóricamente. «No se trata de desglobalización o desacoplamiento, sino de una reconfiguración». El mundo multipolar reemplaza al orden unipolar, pero el comercio persiste, aunque con nuevas reglas.

El mito del nearshoring desmontado

Una de las revelaciones más sorprendentes de Seong es el desmontaje del mito del nearshoring. «La distancia geográfica del comercio, que mide la distancia media que recorren las mercancías, ha ido aumentando constantemente», explica. «Pese a los titulares sobre onshoring, reshoring o nearshoring, no está ocurriendo a escala global».

Sin embargo, sí se observa un fenómeno de «friendshoring»: la distancia geopolítica ha disminuido en torno a un 7% desde el 2017, lo que significa que los países comercian más con socios geopolíticamente cercanos.

¿Quiénes ganan y quiénes pierden?

En este tablero de reconfiguración, las economías del Sudeste Asiático desempeñan un papel crucial conectando a socios geopolíticamente distantes, beneficiándose de esta nueva dinámica. China mantiene una posición sólida y ha diversificado sus socios comerciales, con un 50% correspondiente a economías emergentes.

La cadena de suministro estadounidense también se ha diversificado, beneficiando al Sudeste Asiático, India y las economías asiáticas avanzadas como Corea, Japón y Taiwán, especialmente en tecnología.

La situación de Europa: entre dos fuegos

Europa enfrenta una doble presión: el aumento de importaciones procedentes de China y los aranceles de Estados Unidos. «Si se excluyen las exportaciones anticipadas, las exportaciones europeas a Estados Unidos no aumentaron», revela Seong. El sector del automóvil ejemplifica esta tensión: en Alemania, por primera vez se importaron más coches de China de los que se exportaron a ese país.

El papel estratégico de España

Para España, Seong identifica oportunidades significativas. «Cuenta con base manufacturera, liderazgo en transición energética, talento y competitividad en costes», lo que permite aspirar a convertirse en un centro relevante de innovación y producción.

China es uno de los socios comerciales de España que más crece. El país puede beneficiarse de la colaboración en sectores como automoción, vehículos eléctricos, baterías o energías renovables, donde China tiene gran fortaleza. Al mismo tiempo, el crecimiento de la clase media china impulsa la demanda de productos de mayor calidad, especialmente agrícolas, favoreciendo a España.

La guerra: una «salpicadura» en el panorama global

Quizás la afirmación más controvertida de Seong es su calificación de la guerra en Oriente Medio como una «salpicadura». «Sus prioridades son reforzar la demanda interna, impulsar la innovación y avanzar en sostenibilidad energética», explica sobre China. «Busca equilibrar suministro, asequibilidad y seguridad energética, combinando combustibles fósiles con energías limpias y nuclear».

Seong insiste en que China está desarrollando su propia ruta, al margen de esta crisis a corto plazo. «Como cuando se lanza una piedra al agua, aparece y desaparece», describe metafóricamente. «A corto plazo se requiere agilidad y planificación de escenarios. A largo plazo, visión estratégica ante una reconfiguración estructural».

El optimismo como estrategia

Frente al pesimismo generalizado, Seong ofrece un mensaje sorprendentemente optimista. «Si la historia sirve de guía, el mundo ha superado grandes crisis como las guerras mundiales o la Gran Depresión», argumenta. «Vivimos mucho mejor que nuestros abuelos. El PIB per cápita se multiplicó por seis en el último siglo».

«Más que una mentalidad de suma cero y pesimismo, hay que adoptar una visión constructiva y optimista», concluye. «Pese a los conflictos, el mundo sigue muy interconectado y las empresas resisten».

En un momento donde la incertidumbre parece ser la única certeza, la visión asiática de Jeongmin Seong ofrece una perspectiva refrescante: quizás no estamos ante el fin de una era, sino ante el comienzo de otra, más compleja pero también más resiliente.


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