Manon Lescaut en el Liceu: Un estreno con más decibelios que magia pucciniana
La ópera Manon Lescaut de Giacomo Puccini llegó al Gran Teatre del Liceu en una noche que prometía emociones fuertes pero que dejó un sabor agridulce entre el público. La producción, dirigida por Àlex Ollé y con dirección musical de Josep Pons, se presentó como un espectáculo de alto voltaje visual y sonoro, pero la falta de química entre los protagonistas, la saturación orquestal y una dramaturgia más efectista que incisiva terminaron por opacar lo que podría haber sido una velada memorable.
Una protagonista de lujo sin el toque decisivo
La soprano lituana Asmik Grigorian, una de las voces más aclamadas del momento, encarnó a Manon Lescaut con la técnica y el fraseo que la caracterizan. Sin embargo, su interpretación, aunque solvente y expresiva, careció del empuje spinto que exige el papel. Grigorian demostró una vez más su capacidad camaleónica y su morbidez vocal, pero no consiguió transmitir la magia que desplegó en su memorable Rusalka de la temporada anterior.
Su partenaire, el tenor ruso Ivan Gyngazov, debutó en el Liceu como reemplazo de última hora de Joshua Guerrero. Gyngazov afrontó el complejo papel de Des Grieux con un instrumento recio y sonoro, mostrando potencia y resistencia frente a una orquesta desmedida. Sin embargo, su canto resultó más monocromo que imaginativo, y la falta de química con Grigorian fue evidente, quizás por la escasa preparación conjunta.
Un reparto desigual en una producción polémica
El tercer protagonista, el barítono eslavo Iuri Samoilov, interpretó a Lescaut con un estilo fuera de foco, más cómodo en la estética choni de la puesta en escena que en la delicadeza italiana que requiere el personaje. En cambio, el joven tenor croata Filip Filipović sorprendió con un Edmondo de gran calidad, voz luminosa y canto extrovertido que destacó sobre el resto del reparto.
Destacaron también el torrentismo efectivo de Donato Di Stefano como Geronte y la versatilidad de Mercedes Gancedo en el papel de Un músico. El coro, dirigido por Pablo Assante, cumplió con corrección pero pasó desapercibido ante el foso atronador.
Josep Pons y una lectura decepcionante
En su penúltima ópera como director titular de la Orquesta Sinfónica del Liceu, Josep Pons ofreció una versión de Manon Lescaut que dejó mucho que desear. Su falta de conexión con el estilo pucciniano fue patente: el colorido y las atmósferas sonaron desdibujadas, el melodismo fue errático y el famoso dúo del segundo acto resultó moroso y falto de carácter. El Intermezzo, una de las joyas de la partitura, se presentó desmedido y proteico.
Solo en los dos últimos actos pareció encontrar mejores intenciones y contrastes, pero la lectura general fue decepcionante y recibió abucheos parciales al final. A pesar de ello, la Sinfónica del Liceu mostró un sonido pleno y de calidad, aunque desaprovechado por la dirección.
Una puesta en escena entre lo kitsch y lo efectista
La producción de Àlex Ollé, coproducida con el Oper Frankfurt, transitó por distintas estéticas que no siempre funcionaron. El primer acto resultó feísta y poligonero, mientras que el segundo encontró acierto visual con su estética pool dance. El tercero logró la asfixia dramática buscada, pero el conjunto careció de incisividad teatral.
La escenografía abierta y cinematográfica de Alfons Flores, aunque visualmente impactante, resultó muy poco favorecedora para el equilibrio entre voces y foso. El vestuario kitsch de Lluc Castells reforzó una dramaturgia más visual que profunda, acercándose a veces al efectismo más gratuito.
#ManonLescautLiceu: ¿Un estreno para olvidar?
El estreno de Manon Lescaut en el Liceu ha generado debate entre los aficionados. Mientras algunos alaban el esfuerzo por ofrecer un espectáculo de alto impacto visual y sonoro, otros lamentan la falta de química entre los protagonistas, la saturación orquestal y una puesta en escena que prioriza el efecto sobre la esencia pucciniana.
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¿Logrará el Liceu recuperar la magia de Puccini en próximas funciones? Solo el tiempo y el público lo dirán.
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