como Font-de-Gaume o La Mouthe. En Font-de-Gaume, por ejemplo, se han documentado más de 200 figuras, entre animales y signos, algunas de las cuales se solapan y revelan la existencia de distintas fases de ejecución. Sin embargo, hasta ahora no había manera de saber con exactitud en qué momento se pintó cada una.
El obstáculo era claro: la imposibilidad de datar los pigmentos negros. A diferencia de los óxidos minerales, que no contienen carbono, el carbón vegetal o el hollín sí podrían haber permitido la datación por radiocarbono. Sin embargo, el equipo dirigido por el Centro de Investigación y Estudios sobre el Cuaternario y el Antropoceno (CNRS) y el Museo de Historia Natural de París se preguntó si, tras casi 15.000 años de antigüedad, no habría quedado algún rastro orgánico en las pinturas más antiguas.
Para averiguarlo, se seleccionaron 14 muestras de pinturas de 10 cuevas diferentes. El equipo empleó un enfoque novedoso: analizaron la materia orgánica total (MOT) contenida en los pigmentos, no solo el carbón vegetal. Esta materia orgánica incluye tanto residuos de materiales de origen biológico como sustancias grasas o proteínas que los artistas pudieron haber añadido a sus pigmentos.
El método utilizado fue la espectrometría de masas de acelerador (AMS), una técnica capaz de detectar y datar cantidades ínfimas de carbono-14. El proceso consistió en extraer microgramos de pigmento, eliminar contaminantes modernos y medir la proporción de isótopos de carbono para calcular la edad de la muestra. El resultado fue sorprendente: en la mayoría de los casos, la materia orgánica total sí contenía carbono utilizable para la datación.

El sorprendente resultado: un cuadro de 12.000 años de antigüedad
De las 14 muestras analizadas, 13 arrojaron fechas de entre 13.000 y 25.000 años, confirmando la antigüedad de las pinturas y su coherencia con el arte paleolítico conocido. Sin embargo, una de las muestras resultó especialmente sorprendente: se trataba de un cuadro de dos cabezas de caballo encontrado en La Mouthe, que fue datado en 12.080 ± 100 años AP (antes del presente).
Este resultado no solo es coherente con el estilo y la técnica empleada, sino que además supone la primera datación directa por carbono-14 de una pintura rupestre en Francia. El cuadro de La Mouthe es, por tanto, la obra de arte rupestre más antigua de la que se tiene una edad absoluta, lo que abre una nueva vía de investigación para entender la evolución del arte prehistórico en Europa.
El estudio demuestra que, incluso en pigmentos que parecían inadecuados para la datación, puede haber restos orgánicos suficientes para obtener una edad fiable. Este descubrimiento no solo resuelve un problema científico de larga data, sino que también ofrece una herramienta inédita para datar otros yacimientos arqueológicos en los que se utilizaron pigmentos similares.
¿Qué significa este hallazgo para la historia del arte prehistórico?
La datación directa de las pinturas rupestres de Dordoña tiene implicaciones profundas para la prehistoria. En primer lugar, permite situar con exactitud algunas de las obras más emblemáticas del arte paleolítico y compararlas con otros yacimientos europeos. Además, ayuda a entender cómo evolucionaron las técnicas pictóricas y los temas representados a lo largo de miles de años.
Por otro lado, este estudio demuestra que la materia orgánica total presente en los pigmentos puede ser una fuente fiable de información, incluso cuando no se dispone de carbón vegetal. Esto significa que podrían aplicarse métodos similares en otras cuevas europeas, ampliando así el conocimiento sobre la cronología del arte rupestre.
En un sentido más amplio, la investigación subraya la importancia de combinar enfoques multidisciplinarios en arqueología: la colaboración entre químicos, físicos, prehistoriadores y conservadores ha sido clave para resolver un enigma que parecía insoluble. En el futuro, esta metodología podría aplicarse a otros tipos de arte antiguo, como los petroglifos o las pinturas de otras regiones del mundo.
Finalmente, más allá de su valor científico, el hallazgo reafirma el carácter excepcional de las cuevas de Dordoña como testimonios de la creatividad humana en la prehistoria. El cuadro de La Mouthe, con sus 12.000 años de antigüedad, nos recuerda que el arte es una de las manifestaciones más antiguas y universales de la humanidad, capaz de trascender el tiempo y conectar con nosotros a través de milenios.
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