Irán en la oscuridad: El apagón digital que silencia a una nación tras el ataque a Teherán
Teherán, 23 de abril de 2025 – En una operación coordinada sin precedentes, aviones de combate israelíes y estadounidenses alcanzaron un complejo militar en el corazón de Teherán el pasado sábado, provocando la muerte de decenas de altos mandos del régimen, incluyendo al líder supremo Alí Jamenei. Lo que siguió fue un apagón digital casi total que ha aislado al país del mundo exterior y ha sumido a la población en un silencio informativo forzado.
En cuestión de horas tras el ataque, el gobierno iraní impuso restricciones draconianas al acceso a internet, cortando las comunicaciones móviles y fijas en un intento por controlar el flujo de información. «No me sorprendió cuando Estados Unidos atacó, ni cuando murió la red de mi teléfono y le siguieron las líneas fijas de internet», explica Mostafa Zadeh, periodista internacional afincado en Teherán, a WIRED Middle East. «Es muy similar a la respuesta del Estado a las medidas de seguridad de enero, e incluso a los brotes de agitación anteriores».
Un patrón de censura sistemática
El gobierno iraní ha convertido los apagones de internet en una herramienta habitual durante las crisis, alegando normalmente problemas de seguridad como causa. Sin embargo, analistas y periodistas locales ven en esta práctica una estrategia deliberada para controlar la narrativa y prevenir la coordinación entre disidentes.
«La principal preocupación del gobierno iraní es impedir la comunicación entre los agentes de inteligencia israelíes y cualquier contacto dentro del país. Pero la carga más pesada de la política recae sobre los periodistas y los trabajadores de los medios de comunicación locales, que pierden el acceso a sus herramientas más básicas», afirma Zadeh.
Los periodistas, activistas y ciudadanos comunes que intentan documentar lo que sucede sobre el terreno se enfrentan a una disyuntiva angustiosa: encontrar una manera de eludir las restricciones, arriesgándose a ser arrestados, o permanecer en silencio. «Los periodistas pagan el precio más alto. El derecho a la información es siempre la primera víctima cuando el gobierno prioriza sus objetivos de seguridad», añade el periodista.
Ecos de 2022: El apagón de las protestas por Mahsa Amini
Durante las protestas que estallaron tras la muerte de Mahsa Amini en septiembre de 2022, las autoridades cortaron parcialmente las conexiones, en un intento de interrumpir las redes de comunicación y coordinación. Testigos presenciales afirman que la interrupción que se está produciendo ahora guarda similitudes sorprendentes con el apagón de cuatro años antes, cuando las familias se vieron repentinamente incapaces de ponerse en contacto con sus seres queridos, los manifestantes quedaron aislados unos de otros y el mundo no pudo ver lo que ocurría dentro del país.
Durante el último cierre, Zadeh estaba algo preparado, ya que había organizado un viaje de cinco días a Turquía para poder seguir trabajando. Pero no tuvo tanta suerte durante el cierre anterior, en medio de la guerra de 12 días entre Irán e Israel en 2025. El periódico estadounidense para el que informaba en secreto dejó de tener noticias suyas, y su editor temió lo peor.
La apuesta por Starlink: Tecnología versus represión
Esta vez, aunque tenía acceso a una conexión Starlink, prefirió no utilizarla. «El riesgo de que los servicios de inteligencia iraníes detectaran la señal del satélite y la rastrearan era demasiado grande. Una detención por esos motivos podría acarrear cargos de traición o espionaje».
Muchos de sus colegas, cuenta Zadeh, tomaron la misma decisión. Otros, sin embargo, se mantuvieron desafiantes. Los profundos cambios legales introducidos a finales de 2025 hicieron que Irán endureciera considerablemente sus leyes de espionaje. En virtud de las disposiciones revisadas, cualquier persona acusada de espionaje, en particular para Israel o Estados Unidos, se enfrenta ahora a la pena de muerte y a la confiscación de sus bienes.
Informar bajo asedio: Estrategias de supervivencia
Las estrategias de los periodistas y activistas iraníes incluyen aplicaciones de mensajería encriptada, como Signal y Threema, llamadas telefónicas internacionales, SMS y videos grabados por ciudadanos y sacados del país de forma encriptada.
Erfan Khorshidi dirige una organización de derechos humanos desde fuera de Irán, pero cuenta con un gran equipo dentro de Teherán. Antes de las protestas de enero, su organización pasó de contrabando terminales Starlink a disidentes. Por primera vez, su equipo pudo transmitir informes, clips y fotos en tiempo casi real.
«Pero ahora, con la vigilancia satelital más sofisticada, ese método se ha vuelto demasiado arriesgado», explica Khorshidi. «Hemos tenido que volver a métodos más rudimentarios, pero igualmente efectivos si se ejecutan con cuidado».
El costo humano del silencio digital
Más allá de las implicaciones políticas, el apagón digital tiene un costo humano devastador. Familias separadas, emergencias médicas sin comunicación, y una población aislada del mundo exterior en un momento de crisis nacional.
«Cuando cortan internet, cortan la vida misma», dice una fuente que prefirió permanecer anónima. «No se trata solo de noticias o redes sociales. Se trata de poder llamar a tu madre para decirle que estás vivo, de poder pedir ayuda médica, de poder saber si tus hijos llegaron a salvo a la escuela».
El apagón actual ha sido descrito por expertos en ciberseguridad como uno de los más completos en la historia reciente de Irán, afectando no solo a las comunicaciones personales sino también a servicios bancarios, sistemas de transporte y operaciones comerciales básicas.
Un llamado internacional
Organizaciones de derechos humanos como Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch han condenado el apagón, calificándolo de «violación flagrante de la libertad de expresión y el acceso a la información».
«El derecho a la información no es negociable», declaró un portavoz de Reporteros Sin Fronteras. «El uso de apagones de internet como herramienta de represión política es una práctica que debe ser condenada por la comunidad internacional».
Mientras tanto, dentro de Irán, los periodistas continúan su labor bajo condiciones cada vez más precarias, sabiendo que cada conexión, cada mensaje, cada foto que logran enviar al exterior podría ser la última antes de que las autoridades los detengan.
«Estamos escribiendo la historia en la oscuridad», concluye Zadeh. «Pero mientras tengamos aliento, seguiremos intentando que el mundo sepa lo que está sucediendo aquí».
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