División milenaria: el conflicto entre sunitas y chiitas que define el Medio Oriente

La gran división del mundo musulmán se reaviva con la crisis en Irán

La muerte del líder supremo iraní Alí Jamenei en un ataque combinado de Estados Unidos e Israel ha desatado una nueva crisis regional que expone con crudeza las tensiones religiosas y políticas que han marcado al Medio Oriente durante siglos. La respuesta de Irán, lanzando misiles y drones contra sus vecinos sunitas aliados de Washington, demuestra que las divisiones tradicionales siguen vigentes y determinan las alianzas y enemistades en la región.

Una rivalidad que trasciende lo religioso

Para analistas políticos, las diferencias entre sunitas y chiitas representan mucho más que una disputa teológica. Es el reflejo de la lucha por el dominio regional entre los dos principales rivales en Medio Oriente: Arabia Saudita e Irán. Esta disputa de décadas, profundizada por la división religiosa, ha adquirido nuevas dimensiones con los recientes conflictos.

Mientras Irán es en gran medida musulmán chiita, Arabia Saudita se ve a sí misma como la principal potencia musulmana sunita. Su enfrentamiento se ha reflejado claramente en el conflicto entre Israel y Hamás en Gaza, y ahora nuevamente en la reacción de los diferentes actores a los ataques que acabaron con la vida de Jamenei.

El efecto dominó de la muerte de Jamenei

Tras el ataque que acabó con el líder supremo iraní, Hezbolá lanzó en represalia misiles y cohetes sobre la ciudad israelí de Haifa, abriendo así un nuevo foco de conflicto. Israel respondió atacando a Hezbolá en territorio libanés.

La milicia libanesa Hezbolá, formada por chiitas y aliada del Irán de los ayatolás, ha sido apoyada y financiada por Teherán durante años. Otro grupo chiita en esta región convulsa son los hutíes de Yemen, que también son aliados de Irán. Aunque aún no han respondido con hostilidades al ataque contra Irán, los estrategas estadounidenses e israelíes temen que acaben implicándose con ataques a los buques que transitan por el estratégico estrecho de Ormuz, como ha hecho en el pasado.

En contraste, los kurdos, sunitas considerados un pueblo sin Estado que viven repartidos por países como Irak, Turquía o el propio Irán, se perfilan como rivales de Irán. Grupos de opositores kurdos en el exilio dijeron a la BBC que ya han hecho planes para entrar en territorio iraní y sumarse a la lucha contra las fuerzas de los ayatolás.

Orígenes de la división: la sucesión del profeta Mahoma

La división entre sunitas y chiitas se remonta al año 632 y a la muerte del profeta Mahoma, que derivó en una pugna por el derecho a liderar a los musulmanes que, en cierta forma, continua hasta el día de hoy.

Si bien ambas ramas han coexistido por siglos, compartiendo muchas creencias y prácticas, sunitas y chiitas mantienen importantes diferencias en materia de doctrina, rituales, leyes, teologías y organización. Sus respectivos líderes también acostumbran a competir por influencia.

Y de Siria a Líbano, pasando por Irak y Pakistán, muchos conflictos recientes han enfatizado o incluso agravado esta división, rompiendo comunidades enteras.

¿Quiénes son los sunitas?

Los sunitas son mayoría entre los musulmanes -se estima que aproximadamente el 90% pertenecen a esta corriente- y se ven a ellos mismos como la rama más tradicional y ortodoxa del Islam.

De hecho, el nombre de suní o sunita proviene de la expresión «Ahl al-Sunna»: la gente de la tradición. En este caso, la tradición hace referencia a prácticas derivadas de las acciones del profeta Mahoma y sus allegados.

Así, los sunitas veneran a todos los profetas mencionados en el Corán, pero particularmente a Mahoma, quien es considerado el profeta definitivo. Y los subsecuentes líderes musulmanes son vistos como figuras temporales.

En contraste con los chiitas, los maestros y líderes religiosos sunitas han sido históricamente controlados por el Estado. Y la tradición sunita, que tiene su máxima expresión en Arabia Saudita, también propugna un sistema legal islámico claramente codificado, así como la pertenencia a una de cuatro escuelas legales.

¿Quiénes son los chiitas?

Los chiitas empezaron como una facción política: literalmente «Shiat Ali» o el partido de Ali. El Ali en cuestión era el yerno del profeta Mahoma y los chiitas reclaman su derecho, y el de sus descendientes a liderar a los musulmanes.

Ali murió asesinado como resultado de las intrigas, violencia y guerras civiles que marcaron su califato. Y a sus hijos, Hassan y Hussein, se les negó lo que ellos consideraban su derecho legítimo de sucederlo.

Se cree que Hassan fue envenenado por Muawiyah, el primer califa -es decir, líder de los musulmanes- de la dinastía Umayyad, mientras que su hermano Hussein murió, junto a varios miembros de su familia, en el campo de batalla. Estos eventos están detrás del concepto chiita de martirio y de sus rituales de duelo.

De hecho, la fe chiita también se caracteriza por un distintivo elemento mesiánico. Y los chiitas también cuentan con una jerarquía de clérigos que practican una interpretación abierta y constante de los textos islámicos.

Se estima que los chiitas actualmente suman entre 120 y 170 millones de fieles, aproximadamente una décima parte de todos los musulmanes. Son la mayoría de la población en Irán, Irak, Bahréin, Azerbaiyán y, según algunas estimaciones, Yemen.

Pero también hay importantes comunidades chiitas en Afganistán, India, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar, Siria, Turquía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

El rol de la división en los conflictos políticos

En los países gobernados por sunitas, los chiitas por lo general se cuentan entre los más pobres de la sociedad y se ven a sí mismos como víctimas de opresión y discriminación. Y algunos extremistas sunitas también han llegado a predicar odio hacia los chiitas.

La revolución iraní de 1979, por su parte, lanzó una agenda islamista radical de vertiente chiita que vino a retar a los gobiernos sunitas conservadores, particularmente en el Golfo Pérsico.

Y la política de Teherán de apoyar a partidos y milicias chiitas más allá de sus fronteras fue compensada por los estados del Golfo con más apoyo a gobiernos y movimientos sunitas en el exterior.

Por ejemplo, durante la guerra civil en Líbano, los chiitas adquirieron protagonismo gracias a las actividades militares de Hezbolá. Y extremistas sunitas, como el Talibán, han hecho lo propio en Pakistán y Afganistán, donde a menudo atacan los lugares de culto de los chiitas.

Los recientes conflictos en Irak y Siria también adquirieron tintes sectarios. Muchos jóvenes sunitas se sumaron a los grupos rebeldes para combatir en esos países, reproduciendo la ideología extremista de lo que fuera al-Qaeda, grupo de vertiente sunita.

La muerte de Alí Jamenei y la crisis subsiguiente han vuelto a demostrar que esta división milenaria sigue siendo un factor determinante en la geopolítica del Medio Oriente, con consecuencias que trascienden las fronteras religiosas y configuran el futuro de toda la región.


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