Guerra en Ucrania: cuatro años de conflicto que han cambiado la faz de Europa
Cuatro años después de que los tanques de Putin cruzaran la frontera ucraniana con la supuesta misión de «desmilitarizar y desnazificar» un régimen presidido por Volodímir Zelenski, de origen judío, Europa se encuentra ante la guerra más mortífera en su territorio desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que comenzó como una invasión convencional con soldados, blindados, artillería y aviación se ha transformado en un conflicto estancado dominado por la industria de los drones, donde la muerte y la destrucción llegan sin necesidad de arriesgar vidas humanas en el ataque directo.
El estancamiento militar y la nueva era de los drones
La estrategia militar ha cambiado radicalmente. Lo que parecía una rápida victoria rusa se ha convertido en un conflicto de desgaste donde la tecnología de los vehículos aéreos no tripulados ha reconfigurado el campo de batalla. Los drones rusos y ucranianos se suceden en ataques diarios, convirtiendo el cielo en un espacio hostil donde la detección y la precisión determinan la supervivencia.
El número de víctimas se estima en cientos de miles, aunque habrá que esperar años para obtener una aproximación ajustada sobre la magnitud de esta tragedia en términos humanos, materiales y de ruptura política entre dos países con raíces históricas comunes. Ucrania resiste exhausta, enfrentando ataques diarios mientras lucha con carencias de luz, energía, alimentos y calefacción que han convertido la vida cotidiana en una lucha por la supervivencia.
Putin no ganará esta guerra
Sea cual fuere el desenlace, Putin no habrá ganado esta guerra. Si llegara el momento de una rendición o un armisticio aceptados por el Kremlin, la figura de Zelenski sobresaldirá como el héroe que resistió cuatro años una invasión que no era necesaria ni justificada. El presidente ucraniano, elegido democráticamente y de origen judío, se ha convertido en el símbolo de la resistencia europea contra la agresión rusa.
Donald Trump ha detenido parte de la ayuda militar estadounidense y pretende parar la guerra, pero sus relaciones con Putin son más sólidas que las que ha mantenido con Zelenski. Esta dinámica geopolítica complica aún más el panorama para Ucrania, que ve cómo su principal aliado exterior se muestra ambivalente ante su destino.
Europa: discursos y millones de euros
Europa hace discursos y envía millones de euros, pero los dirigentes de Polonia, Alemania, Reino Unido, Francia, España e Italia son conscientes de que el conflicto es europeo. Zelenski declaró el lunes a la BBC que Putin ha empezado la tercera guerra mundial y hay que frenarlo militarmente. La afirmación no carece de fundamento: cualquier analista objetivo se da cuenta de que la ofensiva contra Ucrania pretende también la destrucción de Europa tal como está configurada.
En un mundo en el que las derivas autoritarias avanzan en todas partes, la Unión Europea se ha convertido en un estorbo para los regímenes autoritarios emergentes. La UE puede desintegrarse si no reacciona ante el peligro que tiene enfrente. La guerra en Ucrania no es solo un conflicto territorial, sino una batalla por el futuro del continente y los valores que lo han definido durante décadas.
La historia trágica de Ucrania
Ucrania ha sido una nación castigada severamente por los nazis y por la URSS. En los años treinta, Stalin forzó la colectivización de la agricultura provocando una hambruna, el Holodomor, que causó millones de muertos ucranianos. En la ocupación nazi de 1941 tuvo lugar la matanza de Babi Yar, un barranco cerca de Kyiv, donde más de 33.000 judíos fueron asesinados en dos días.
Desde el Este o desde el Oeste, Ucrania y Polonia han sufrido los zarpazos militares y políticos que han amenazado muy seriamente su misma existencia como naciones con culturas y lenguas propias. No es igual contemplar o simpatizar con los ucranianos que conviven con las carencias diarias que ponerse en la piel de una nación que ha resistido la invasión injustificada de un Putin que, desde su acceso al poder en el año 2000, ha dado muestras de querer recomponer el imperio que se desmanteló en 1991.
Donetsk y la memoria histórica
Tuve ocasión de pasar tres largos días en Donetsk, la capital del Donbass, acompañando al equipo de Joaquim Maria Puyal que retransmitía el encuentro del Barça en abril del 2011, en el partido de Champions en el que Leo Messi marcó el único gol. Había leído la gran obra Vida y destino, de Vasili Grossman, traducida del ruso por Marta Rebón, y recorrí parte del itinerario que Grossman, corresponsal del periódico del Ejército Rojo, transitó cubriendo la liberación del Donbass que había sido ocupado y machacado por los nazis.
Su propia madre murió asesinada por el ejército de Hitler en la ciudad de Berdíchiv, relativamente cerca de Kyiv, donde había una gran concentración de ciudadanos judíos. Veinte años después de aquella barbarie, Grossman escribió una carta a su madre muerta, un monólogo íntimo, una conversación imposible, que llevó encima hasta el final de sus días. El KGB le confiscó el original de Vida y destino que se publicó póstumamente.
Esta conexión personal con la historia trágica de la región ayuda a comprender por qué Ucrania lucha con tanta determinación. No es solo una cuestión de soberanía territorial, sino de supervivencia cultural e identitaria frente a fuerzas que históricamente han intentado borrar su existencia.
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