Estados Unidos acusa a China de realizar una prueba nuclear subterránea en 2020: ¿el fin del tabú nuclear?
Una señal sísmica que reabre el fantasma de la Guerra Fría
Washington y Moscú mantuvieron durante décadas una regla no escrita que ahora se ha roto: si se hacía una prueba nuclear, el mundo debía enterarse. Ese equilibrio estratégico global, sostenido sobre acuerdos frágiles, desconfianzas mutuas y líneas rojas que nadie quería cruzar abiertamente, se tambalea. Cuando esos límites han empezado a difuminarse, incluso el más leve indicio puede alterar la estabilidad que parecía garantizada. Así comienzan las acusaciones nucleares.
El temblor que reabre el debate
La historia la contamos la semana pasada, pero ahora hay más datos que sustentan la retórica de Washington. Estados Unidos ha endurecido su acusación de que China realizó una prueba nuclear subterránea de bajo rendimiento el 22 de junio de 2020 cerca de Lop Nur, en Xinjiang, apoyándose en datos sísmicos detectados por una estación en Kazajistán que registró un evento de magnitud aproximada 2,75.
Washington sostiene algo que para ellos es una evidencia: que la señal no puede encajar con un terremoto ni con explosiones mineras, y que Pekín habría empleado técnicas de «desacoplamiento» para amortiguar la señal sísmica y dificultar la detección, aunque admite que no puede determinar con precisión el rendimiento de la supuesta detonación.
El tratado que no obliga
El trasfondo de todo es el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares de 1996, el mismo que prohíbe explosiones nucleares pero que nunca ha entrado plenamente en vigor por falta de ratificaciones, pese a que las grandes potencias aseguran respetar su espíritu inicial.
Por su parte, el organismo internacional de supervisión detectó dos pequeños eventos sísmicos separados por 12 segundos en la fecha señalada, pero también reconoció que eran demasiado débiles para atribuirlos con total certeza a una explosión nuclear, lo que deja la disputa en un terreno técnico donde la evidencia pública resulta, cuanto menos, ambigua.
Presión estratégica sin New START
La acusación llega tras la expiración del último tratado que limitaba los arsenales estratégicos de Estados Unidos y Rusia, y en un momento en que la administración Trump busca impulsar un nuevo acuerdo que incluya también a China.
Desde ese prisma, detallar públicamente el supuesto ensayo puede funcionar como palanca diplomática para forzar a Pekín a sentarse a negociar. Al mismo tiempo, a Washington le sirve para abrir otro escenario quizás más inquietante: advertir que no aceptará quedarse de brazos cruzados en lo que han tildado como una «desventaja intolerable» si otros realizan pruebas de bajo rendimiento mientras Estados Unidos mantiene su moratoria vigente desde 1992. Dicho de otra forma, tanto si fue una prueba nuclear real como si no, las potencias parecen estar tomando posiciones ahora que no hay pactos de por medio.
El debate sobre apretar el botón
De hecho, Trump ha insinuado que Estados Unidos podría reanudar ensayos «en igualdad de condiciones» si China y Rusia también los están llevando a cabo, una posibilidad que inquieta a expertos en control de armamentos que temen romper el tabú pos-Guerra Fría y desencadenar una nueva carrera de pruebas.
La discusión, por tanto, no es solo técnica, sino política: si Washington responde con detonaciones propias, podría legitimar que otras potencias hagan lo mismo, erosionando décadas de contención informal.
Un equilibrio nuclear en transformación
Aunque el arsenal chino (estimado en torno a 600 ojivas) sigue siendo menor que el de Rusia y Estados Unidos, su expansión rápida preocupa a Washington, que interpreta cualquier ensayo de bajo rendimiento como parte de una estrategia para modernizar y perfeccionar su fuerza nuclear.
Pekín niega haber cruzado la línea y defiende que respeta su moratoria. Y, mientras tanto, el debate sobre pruebas clandestinas revela un sistema internacional cada vez más frágil, uno donde la desconfianza y la opacidad tecnológica pesan casi tanto como las propias armas.
Imagen | Planet Labs, Google Earth
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