El Miedo a la Ciudad: Cómo la Gran Urbe se Convirtió en el Peor Enemigo del Franquismo

Una Aparente Traición que Cambió el Curso de la Historia

La madrugada del 26 de enero de 1939, una avanzadilla de tropas franquistas cruzaba Collserola. Tras una curva, se les apareció el llano barcelonés extendiéndose ante sus ojos una urbe que, a pesar de los estragos de la guerra, revelaba su complejidad, su fuerza y su pujanza. Ante aquella evidencia, la anécdota apócrifa asegura que el mando militar no pudo evitar exclamar: «¿Quién ha permitido tamaña traición?»

Y es que para los vencedores de la guerra civil, la sociedad urbana constituía el principal adversario para la consolidación de su proyecto ideológico-político.


La Ciudad: El Símbolo Máximo de la Modernidad Prohibida

Los avances de la modernidad habían tenido como escenario y protagonista a las grandes ciudades del país. La transformación social, económica y cultural iniciada con la Primera Guerra Mundial había eclosionado políticamente con los resultados de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que condujeron a la proclamación de la Segunda República dos días después.

La dictadura no le perdonaría esta significación. Por ello, desarrolló una ideología antiliberal y abiertamente hostil a la modernidad a través del nacionalcatolicismo –de las veleidades retóricas del estridente falangismo a las deudas contraídas con la Alemania nazi y la Italia fascista— y de una trasnochada retórica imperial adobada de un marcado neorruralismo.


El Desarrollo Urbano: Motor de Cambio y Desafío al Régimen

Las medidas coercitivas para controlar el movimiento de la población (salvoconductos, cartillas de racionamiento, empadronamiento y certificados de conducta) ralentizaron, pero no detuvieron, el intenso movimiento migratorio del campo a la ciudad desatado desde finales del siglo XIX.

La contrapartida fue el aumento de la situación de ilegalidad de amplios sectores de la población urbana (los vencidos y las capas más depauperadas de la población). Como reflejó la película Surcos (1951), este aluvión se vio arrojado a los espacios periféricos de los espacios metropolitanos en construcción desde inicios del siglo XX, condenados a la marginalidad, la miseria, el barraquismo y el trabajo negro, al carecer de papeles en regla.


La Crisis Económica: El Autárquico Fracaso del Régimen

La política autárquica de la dictadura llevó al país a la práctica bancarrota. Tan graves eran los problemas de desabastecimiento e inflación que provocaron las primeras manifestaciones de desafección: la huelga de tranvías de Barcelona de marzo de 1951 (con ecos en Madrid y el País Vasco).

Ya lo advertían los informes de 1946 y 1948 de la CIA al Departamento de Estado: sin un giro político y sin asistencia externa, existía un riesgo de hundimiento real. De ahí, la importancia de los acuerdos de 1953 entre Estados Unidos y España y del posterior Plan de Estabilización de 1959.


El Desarrollismo: Crecimiento Urbano con Coste Social

Los años del desarrollismo expandieron las clases medias urbanas y aumentaron los trabajadores y empleados cualificados, que les permitieron disfrutar de una modesta prosperidad y aspirar a disfrutar de la anhelada sociedad de consumo.

Unas clases medias urbanas dispuestas olvidar los tristes y duros años de escasez y restricciones, anhelantes de formar parte de la soñada sociedad de consumo, aunque fuera a costa del pluriempleo, el pago en interminables plazos de los electrodomésticos, con la televisión, el frigorífico y el 600 como la triada mágica del triunfo social.


La Oposición Urbana: La Semilla de la Democracia

Sin embargo, este desarrollo fue también fuente de nuevas demandas y anhelos aspiracionales de las nuevas generaciones nacidas en los años cincuenta, crecientemente insatisfechas por las limitaciones sociales y culturales de la dictadura y la represión de cualquier manifestación discrepante.

Surgió así una nueva oposición, cuyo protagonismo recayó en el movimiento obrero, acompañado de la permanente contestación universitaria y la expansión del movimiento vecinal en los barrios obreros y núcleos de chabolistas e infravivienda de las grandes ciudades.


La Paradoja del Régimen: Necesario pero Incompatible

La dictadura no se equivocaba al temer a la gran ciudad. La paradoja estribó en que la expansión urbana fue determinante para su continuidad, pero a la vez implicó su imposible continuidad tras la muerte del dictador.

Se entiende así que las primeras elecciones democráticas desde febrero de 1936 fueran a Cortes y solo, posteriormente a la aprobación de la Constitución en diciembre de 1978 y de las elecciones generales de marzo de 1979, tuvieran lugar las elecciones democráticas a los ayuntamientos en abril de 1979.


El Veredicto Electoral: La Ciudad Habla

Los resultados electorales, como si no hubieran pasado cuarenta años de dictadura, volvieron a poner de manifiesto como el voto urbano fue de nuevo mayoritariamente favorable a las fuerzas democráticas de la oposición.

Se repetía la decantación hacia la izquierda y las fuerzas nacionalistas en las grandes ciudades españolas. El franquismo nunca halló suficiente respaldo en la gran ciudad para reproducirse al final de la larga agonía del dictador.


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