Revelaciones explosivas: la policía británica investigará finalmente a Andrés de York por tráfico sexual y corrupción

El historiador escocés Andrew Lownie se siente reivindicado tras la avalancha de documentos desclasificados en Estados Unidos sobre Jeffrey Epstein que han sacudido los cimientos de la monarquía británica. Las nuevas pruebas revelan la complicidad íntima y presuntamente delictiva entre el financiero pederasta y el malogrado expríncipe Andrés, desatando una crisis institucional sin precedentes.

Lownie, autor del demoledor libro «Entitled: The Rise and Fall of the House of York», publicado hace un año, advirtió sobre los vínculos del duque de York con Epstein mucho antes de que el escándalo estallara definitivamente. «Creo que estamos en un punto de inflexión», afirma en su estudio londinense, rodeado de libros y cuadros que atestiguan su labor investigadora. «La policía se ha puesto a investigar en serio al expríncipe Andrés, y confío en que se le acuse de un delito de desempeño inapropiado de cargo público. Y hay bases sólidas para implicarle en un delito de tráfico sexual».

Los documentos recientemente publicados, a los que tuvo acceso el ex primer ministro Gordon Brown, revelan cómo mujeres fueron transportadas clandestinamente hasta el aeropuerto londinense de Stansted, lo que ha llevado a Brown a sumarse a las voces que exigen que las autoridades policiales interroguen a Andrés. La policía metropolitana ha anunciado finalmente que abrirá una investigación formal, mientras que el palacio de Buckingham se ha mostrado dispuesto a colaborar, una promesa que Lownie recibe con escepticismo: «Las acciones hablan siempre con más fuerza que las palabras. No puedo dejar de mostrarme escéptico ante las nuevas promesas. Porque siempre [la casa real] ha intentado hacer lo mínimo posible».

El escándalo va mucho más allá de los abusos sexuales. Lownie destaca la necesidad de investigar los manejos financieros del príncipe durante su etapa como enviado especial para el comercio internacional, un cargo que ocupó durante años y del que lleva cinco años solicitando la documentación oficial. «Para mí todo esto ha sido una historia sobre los manejos financieros de Andrés, aunque haya quedado eclipsado por los terribles detalles conocidos sobre las víctimas sexuales de Epstein».

El acuerdo extrajudicial multimillonario que Andrés cerró con Virginia Giuffre, la víctima que lo acusó de abusar sexualmente de ella, no logró frenar el escándalo como pretendía el palacio. «Estaba entre la espada y la pared. Si hubiera ido a juicio, todo habría sido mucho peor. Pensó que el menor de los males era callarla con ese acuerdo, que se podría evitar que salieran a la luz todas las cosas que ahora están saliendo».

Lownie describe a Andrés como «un tipo muy pagado de sí mismo, que se siente con derecho a todo. Su propio sentido de quién es deriva de ser un miembro de la familia real. Creo que en el fondo es una persona muy insegura, con poca personalidad, al que la gente, en general, encuentra muy aburrido. Pero toda la vida se le ha dicho que es maravilloso y ha estado sobreprotegido. No tiene barreras morales».

El historiador revela que los servicios de inteligencia avisaron a la familia real sobre las relaciones de Andrés con todo tipo de gente, igual que las que tenía su exesposa Sarah Ferguson, pero todas esas advertencias fueron ignoradas. «Igual que el Gobierno fue advertido respecto a Peter Mandelson [y sus relaciones con Epstein] antes de ser nombrado embajador en Washington».

La crisis actual, según Lownie, es incluso más grave que la abdicación de Eduardo VIII en 1936. «Aquí hablamos de corruptelas financieras y de presuntos delitos sexuales cometidos por el hijo de una reina y hermano de un rey, cubiertos hasta ahora por la institución. Es el clásico asunto por el que deberían rodar cabezas».

El escándalo también ha puesto en evidencia la debilidad de la fallecida reina Isabel II con su hijo favorito, comparándola con Margaret Thatcher, que hizo la vista gorda ante un hijo que era un inútil. «Me temo que la reina pecó de lo mismo», afirma Lownie.

A pesar de las promesas de modernización con la llegada de Carlos III, el actual monarca no ha modificado nada que pudiera afectar a sus intereses económicos. Su enfermedad y el caso Epstein han ensombrecido su reinado, mientras que su hijo Guillermo aspira a que el rey limpie todo esto y tome por él las decisiones más duras.

La investigación parlamentaria y la publicación de todos los documentos relacionados con el papel de Andrés como enviado especial son fundamentales, según Lownie, para entender la magnitud real del escándalo. «España en ese sentido manejó mejor el mismo problema con el rey Juan Carlos, que fue un estrecho socio de Andrés en Kazajistán. El rey Felipe VI cortó amarras y ahora su padre está en Abu Dabi».

El escándalo Epstein ha demostrado que la monarquía británica no puede operar en una democracia del siglo XXI sobre la base de mirar para otro lado ante actividades delictivas. La presión de las redes sociales y el periodismo ciudadano han obligado a la institución a enfrentarse a realidades que durante décadas intentó ocultar.


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