Irán bajo fuego: el fin de semana de la guerra sin disimulo

Otra vez sábado, otra vez intervención militar sin amparo internacional. La ley de la selva de Trump y Netanyahu (o de Putin) se impone, por alguna razón, siempre los fines de semana. Quizás porque la discusión mediática es algo más atenuada y menos ojos pueden contemplar las nuevas tropelías del nuevo orden mundial. Aunque no parece que les importe mucho lo que pensemos los demás.

Ucrania, Gaza, Venezuela y ahora Irán… y otra vez X improvisando una crónica dispersa y confusa de una Tercera Guerra Mundial que, cuando los historiadores pongan orden, dirán que comenzó hace meses —o años— en cualquiera de los lugares antes mencionados.

La historia se ha repetido porque la reacción en redes se parece muchísimo a lo que hemos ido viviendo en cada nueva gresca de esta guerra global. Esta película ya la hemos visto. Es el bucle sin fin de la época: lamentos, memes y consignas, y poco más. La red se ha vuelto a llenar de reproches contundentes y ruidosos a los presidentes estadounidense e israelí, a los que por supuesto se les culpa de haber rematado y enterrado cualquier atisbo de derecho internacional.

También ha vuelto a aparecer el oro negro como la gran quid de la guerra, como ya lo fue en Venezuela. De nuevo hemos visto mucha geopolítica, muchas imágenes y antecedentes históricos —mención especial para el sha de Persia— y recordatorios del sórdido caso Epstein como trasfondo de la inmoralidad de las élites. Y, claro, igualmente la mayoría de comentaristas se ha esforzado en no justificar el lado contrario, el de un régimen teocrático represor, como tampoco nadie quería parecer en su momento un pro Maduro.

Otro clásico: la batalla por confundir más al personal. Kabul ha sido el sorprendente trending pero, en ningún caso por la pequeña guerra que empezó el viernes entre Pakistán y Afganistán, y de la que ya nadie se acuerda. Lo ha sido porque la internacional del odio se ha dedicado a difundir que el ataque estadounidense a una escuela de primaria en el sur de Irán —que ha dejado a centenares de víctimas— era en realidad un bulo y que las imágenes correspondían a un ataque en Kabul de 2021. Pero el bulo era precisamente ese: hacer pasar un ataque real por uno falso para excusar al amigo yanqui/sionista. El bulo del bulo: más capas que desentrañar. La maquinaria propagandística no descansa y, una vez más, cada vez cuesta más distinguir realidad de relato.


La historia se repite en Irán como en Venezuela: reacciones anti-Trump y anti-yanquis, petróleo, caso Epstein y críticas compensatorias para el otro lado

Entre tanta repetición de la jugada, uno entrevé una tendencia al alza. La cosa va por barrios, pero parece que la aversión contra EE.UU. va en aumento. Supongo que Trump y los suyos habrán calculado las consecuencias a la larga de aparecer como un matón caprichoso capaz de matar a cualquier gobernante extranjero que les moleste. Porque pase lo que pase en el futuro, la relación moral con el poder estadounidense ya nunca podrá ser la misma. No es que no se supiera cómo el país ha operado durante décadas para lograr sus intereses y su dominio, pero la explicitud del método trumpista deja muy poco margen para los paños calientes que se solían poner. Solo hace falta darse un rodeo por X para ver como la popularidad de EE.UU., hoy profundamente ligada a la de su presidente, ha caído en picado.

Si eso signifirá algo en la realidad, es difícil de decir. El principio de una reacción. O de un cambio cultural profundo. Pero lo más probable es que sea un espejismo. Puede que todo en X sea pura gesticulación y griterío y que, al final, como siempre, no salgamos de la simple contemplación pasiva de un mundo que no nos gusta pero que no sabemos enfrentar. Así pues, solo nos quedará suspirar, encogernos de hombros, seguir atrapados en el bucle y quedarnos con la sensación de que hemos vuelto a escribir el mismo artículo otra vez.


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Nota: Este artículo es una reflexión sobre la dinámica de la información y la opinión pública en tiempos de conflictos globales, con un enfoque crítico sobre la repetición de patrones y la dificultad de generar un cambio real a partir de la indignación en redes sociales.

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