Felipe González anuncia que votará en blanco: críticas por su silencio ante la corrupción sistémica
El expresidente del Gobierno Felipe González ha sorprendido al anunciar que votará en blanco en las próximas elecciones, una decisión que lo distancia de la corriente de socialistas históricos que priorizarían cualquier alianza antes que apoyar al actual Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, su gesto ha generado un intenso debate sobre su papel en la creación de un sistema político que, según críticos, ha normalizado los abusos de poder y la corrupción en España.
González, reconocido por su papel modernizador en lo económico durante sus mandatos (1982-1996), ha adquirido con los años un poso intelectual que muchos valoran. Su visión global, aunque a veces infravalora el impacto de las nuevas tecnologías en la geopolítica, sigue siendo respetada. Incluso se le atribuye una red de contactos en América Latina que superaría a la de todo el Ministerio de Exteriores.
Sin embargo, lo que nunca ha hecho Felipe González es asumir su responsabilidad en la creación de un sistema político que ha llevado al país a la parálisis y ha erosionado la confianza en la democracia. Su Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 marcó el inicio de la colonización política de las instituciones: el PSOE y el PP comenzaron a repartirse los vocales del Consejo General del Poder Judicial como si fueran cromos, controlando indirectamente a la justicia y abriendo la puerta a un tsunami de aforamientos. Cuarenta años después, aún pagamos las consecuencias.
Durante su gobierno se instauró la cultura del «ahora nos toca a nosotros», que sigue siendo la esencia del bipartidismo y bibloquismo actual. Fue en su etapa cuando se produjeron los primeros escándalos de corrupción que hoy parecen endémicos: el caso Juan Guerra (hermanísimo del presidente), la financiación ilegal del PSOE con Filesa, Malesa y Time-Export, la fuga a Laos del director de la Guardia Civil Luis Roldán (nombrado sin méritos por afinidad política), las escuchas ilegales en el Cesid, la corrupción en el uso del papel del BOE, y el GAL, que llevó a la cárcel a uno de sus ministros y un secretario de Estado. Aunque González no estuvo personalmente implicado, su silencio posterior sobre cómo evitar que estos casos se repitan ha sido criticado.
«De esos barros, estos lodos»: la herencia de un sistema en crisis
Muchos políticos y expolíticos parecen querer volver a «lo de antes», a ese mundo preredes sociales en el que el ciudadano de a pie ignoraba cuánto le ninguneaban, engañaban y robaban, porque los que tenían el poder político, mediático y económico tapaban casi todas las faltas. Pero la única salida para la democracia es hacia delante, con más controles, y no haciendo como si no pasara nada. O el sistema se reforma o se rompe: en pleno siglo XXI es imposible seguir con un sistema en el que el éxito de cada español depende más de su cercanía a los partidos políticos que de su mérito y esfuerzo.
Lo digo «sin acritud» porque, realmente, en muchas cosas le admiro. Pero el que Felipe González se limite ahora a votar en blanco es como si uno de los constructores que contribuyó a poner los cimientos podridos en un rascacielos se pone en huelga de manos caídas cuando se está desmoronando el edificio con toda la gente dentro. Aunque al menos no hace como otros expresidentes, que siguen echando fuelle a la putrefacción del sistema.
Urge dejar de lado las ideologías, arremangarse y ayudar a modernizar el sistema político
Este no es momento de votos en blanco ni manos caídas. Lo que está en juego, tanto a nivel nacional como internacional, es la propia democracia. Urge dejar de lado las ideologías, arremangarse y ayudar a modernizar un sistema político que ya no da más de sí. El único coprotagonista del sistema que puede ser parte de la solución es Felipe González. Los otros, o son parte del problema, o están muertos.
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