Un viaje de amor y misterio: Máximo Huerta desnuda el alma del cuidado en ‘Mamá está dormida’
En una España que parece empeñada en volver a los rincones más oscuros de su pasado, Máximo Huerta nos entrega una novela que es mucho más que una historia: es un espejo que refleja las aristas más íntimas del amor, el misterio y la fragilidad humana. ‘Mamá está dormida’ no es una historia real, pero podría serlo. Es una ficción que respira verdad, que late con la psicología y el tono de una casa, de una vida entera.
La pregunta que lo desencadena —»¿Y tu hermano dónde está?»— no es biográfica, pero existió. La escuchó Máximo de boca de su madre, y esa frase le descuadró el mundo. No porque creyera en un secreto familiar, sino porque no sabía cómo responder. Y así, como un acto de dignidad y supervivencia, convirtió esa incomodidad en literatura. «Es una novela de amor por encima de todo, hacia mi madre», confiesa.
El protagonista, Federico, homenaje a Federico García Lorca, vive un momento similar: a sus 53 años, la pregunta le hace dudar de todo lo que creía saber. Y decide emprender un viaje hacia el pasado de su madre, una anciana con demencia, en busca de ese hermano que quizá nunca existió. Es un viaje literal y emocional, una ruta hacia atrás y hacia adelante, calculada para que madre e hijo se detengan, se miren, se escuchen. Y el medio elegido no es casual: una autocaravana que convierte la expedición en un road trip literario único. «Para que haya tiempo, espacios, estrechez, incomodidad… Para que se noten los cuidados en siete metros cuadrados, los olores y las risas. Esta es la mejor manera de concentrar el amor, el cuidado y la incomodidad», explica Huerta.
El destino es Vera de Bidasoa, donde Aurora —así se llama la madre, y también esos momentos de lucidez en los pacientes con demencia— vivió en el albergue de la Sección Femenina. Allí, en ese pueblo navarro, se esconde el misterio que Federico necesita desentrañar. Y Máximo Huerta no escatima en recrear ese pasado: las mujeres uniformadas, no solo de ropa, sino de pensamiento, convertidas en madres, esposas e hijas abnegadas por el régimen de Pilar Primo de Rivera. «Eran mujeres clónicas. Y esto es el mayor robo de libertad que han tenido todas, del que no eran conscientes porque había que ser así», relata el escritor valenciano.
Pero la mirada de Huerta no se queda en el pasado. Advierte que ese conservadurismo amenaza volver: «Ahí están las tradwives», dice, y añade con preocupación: «Yo creo que tenemos Alzheimer y esto pasó hace poco tiempo, que aún están nuestros padres vivos. Y no es solo un partido político, es una oleada de movimiento conservador, ultraconservador, en forma de vestir, forma de ser, con el sexo…». Y sobre la emigración, su voz se torna más vehemente: «Cómo se trata en algunos discursos la emigración me está un espantando un poco. Me dan miedo».
Sin embargo, ‘Mamá está dormida’ no es solo una reflexión política o social. Es, sobre todo, un canto a los cuidadores y a los cuidados, un relato sincero y honesto de lo que significa acompañar a un ser querido en sus últimos años. Máximo Huerta ejerce este rol desde hace años, a tiempo completo, con solo una vía de escape: su librería Doña Leo en Buñol. «El primer día fue extraño, muy extraño, y al segundo entendí que era mi lugar en el mundo», recuerda con emoción.
En la novela, como en la vida, hay episodios muy graciosos y muy luminosos, conversaciones agradables que te hacen sonreír incluso en la enfermedad. «En la enfermedad hay que agarrarse a esos momentos como si hicieras botes de conserva: ‘¡me los voy a guardar para cuando no esté!’. Cuidar es un poco hacer botes de conserva para después», reflexiona.
Pero también hay un día en que asumes que cuidar es empezar a despedirte. «Es dramático porque es inamovible y una cuenta atrás», admite. Y sin embargo, Máximo insiste en encontrar la belleza en esas pequeñas conversaciones e historias, en esos momentos que te hacen mejor. «Huimos de los cuidados, hablamos muy poco porque nos hace ser absolutamente frágiles, demuestra nuestra fragilidad, la nuestra y la de los que queremos», lamenta. «No se ha hablado nunca de qué es lo que pasa en el cuidado. Y es algo que no ha tenido ayudas, ni una mirada política. No ha estado en el debate, nunca, porque siempre se han encargado las mujeres de hacerlo y eso ha venido muy bien a todos».
Y cuando se habla, la mirada social es implacable: «Me he dado cuenta perfectamente de que hablar claro de ello te hace sentir egoísta y siempre hay alguien que te puede decir, ‘al menos tú puedes hacerlo’».
‘Mamá está dormida’ es, en definitiva, un itinerario sentimental que combina ternura, tragedia y humor, un viaje que nos recuerda que cuidar es un acto de amor, pero también de resistencia. Es una novela que nos interpela, que nos invita a mirar de frente la fragilidad y la belleza de la vida. Y, en tiempos de incertidumbre y miedo, es un bote de conserva que nos recuerda lo que de verdad importa.
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