Incendio en el USS Gerald R. Ford: El portaaviones más avanzado de EE.UU. arde por 30 horas y revela grietas en la máquina militar
NUEVA YORK, EE.UU. — Un incendio catastrófico en la lavandería principal del portaaviones USS Gerald R. Ford mantuvo a la tripulación combatiendo las llamas durante más de 30 horas la semana pasada, según revelaron marineros y oficiales militares en una investigación publicada este martes por The New York Times. La conflagración, que ocurrió en medio de un despliegue sin precedentes en el mar, ha sacudido las entrañas de la Marina de Estados Unidos y expuesto vulnerabilidades en la máquina militar más poderosa del planeta.
Pese a que el Comando Central (CENTCOM) minimizó los daños al asegurar que el portaaviones sigue «totalmente operativo» y que solo hubo dos heridos leves, testimonios internos aseguraron al diario que decenas de militares sufrieron inhalación de humo. El fuego destruyó los dormitorios de más de 600 tripulantes, quienes se han visto obligados a dormir en suelos y mesas desde entonces, agrega el periódico.
Un despliegue histórico bajo presión extrema
El pasado 24 de octubre, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ordenó al buque desplazarse al Caribe para reforzar la campaña de presión contra el líder venezolano Nicolás Maduro. Desde allí, el portaaviones fue enviado de urgencia a Oriente Medio tras el estallido de la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, conflicto que entra ya en su tercera semana.
De mantenerse en el mar hasta mediados de abril, el Ford batirá el récord del despliegue más largo de la era post-Vietnam (294 días), superando la marca establecida por el USS Abraham Lincoln en 2020. No obstante, según el rotativo, la tripulación ya ha sido advertida de que la misión podría extenderse hasta mayo, lo que supondría un año entero en el mar, el doble de un despliegue convencional.
«Los barcos también se cansan»
«Los barcos también se cansan y sufren durante los despliegues largos», señaló al diario el contraalmirante retirado John Kirby, ex portavoz del Pentágono, que anotó que no se puede «operar un buque tanto tiempo y con tanta intensidad esperando que la tripulación rinda al máximo de su capacidad».
El USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y avanzado del mundo, representa la punta de lanza de la Marina estadounidense. Con un coste de más de 13.000 millones de dólares, incorpora tecnología de propulsión nuclear, sistemas de lanzamiento electromagnético y una capacidad para albergar a más de 4.500 tripulantes. Sin embargo, su reciente desempeño ha puesto en duda la sostenibilidad de operaciones militares prolongadas en contextos de alta tensión geopolítica.
El incendio que sacudió al gigante
Según la investigación de The New York Times, el fuego se originó en la lavandería principal, una zona crítica que procesa toneladas de ropa diariamente para la tripulación. Las llamas se propagaron rápidamente a través de conductos de ventilación, alcanzando áreas de alojamiento y sistemas eléctricos. La lucha contra el incendio requirió la movilización de equipos especializados y la coordinación entre múltiples departamentos del buque, extendiéndose por más de 30 horas.
Los informes internos sugieren que la intensidad del fuego y la dificultad para controlarlo estuvieron relacionadas con la acumulación de materiales inflamables y posibles fallas en los sistemas de supresión de incendios. Aunque el CENTCOM ha rechazado estas afirmaciones, fuentes cercanas a la investigación indican que el incidente podría tener implicaciones significativas para futuras operaciones navales.
Un año en el mar: el desafío humano
El impacto psicológico y físico de un despliegue tan prolongado no puede subestimarse. La tripulación del USS Gerald R. Ford ha estado expuesta a condiciones extremas, incluyendo aislamiento, estrés operacional constante y ahora, las consecuencias de un incendio mayor. Expertos en salud mental militar han alertado sobre el aumento de casos de ansiedad, depresión y trastornos de estrés postraumático entre los efectivos en misiones extendidas.
Además, la destrucción de los dormitorios ha creado una crisis de alojamiento a bordo. Con más de 600 marineros sin camas disponibles, muchos han tenido que improvisar espacios para descansar en áreas no diseñadas para tal fin, afectando su calidad de sueño y, por ende, su rendimiento operacional.
Geopolítica en juego
El despliegue del USS Gerald R. Ford responde a una estrategia de presión militar multidimensional. En el Caribe, su presencia busca disuadir posibles movimientos del régimen de Maduro ante la creciente tensión entre Venezuela y la oposición liderada por María Corina Machado. En Oriente Medio, el portaaviones se suma al dispositivo militar estadounidense en apoyo a Israel y como elemento de disuasión frente a Irán.
Este doble teatro de operaciones ha puesto a prueba la capacidad de proyección global de la Marina de EE.UU., revelando tanto fortalezas como debilidades en su arquitectura estratégica. El incidente del incendio ha alimentado el debate sobre la conveniencia de mantener activos tan valiosos en despliegues prolongados, especialmente cuando sufrir daños podría comprometer la seguridad nacional.
El récord que podría romperse
Si el USS Gerald R. Ford permanece en operaciones hasta mayo, completará 365 días continuos en el mar, marcando un hito sin precedentes en la historia naval moderna. Este logro, sin embargo, tendría un costo considerable. La fatiga de los sistemas, el desgaste de la tripulación y la acumulación de riesgos operacionales plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de semejante esfuerzo.
Expertos consultados por The New York Times han sugerido que este tipo de despliegues extremos podrían requerir una revisión de los protocolos de mantenimiento y rotación de personal. La Marina de EE.UU. enfrenta el desafío de equilibrar sus compromisos estratégicos con la preservación de su activo más valioso: la capacidad operativa de sus fuerzas.
Consecuencias a futuro
El incendio en el USS Gerald R. Ford no solo representa un incidente aislado, sino un síntoma de las presiones a las que está sometida la maquinaria militar estadounidense en un contexto de creciente competencia estratégica. Desde el Indo-Pacífico hasta Europa del Este, pasando por el Ártico y ahora el Caribe y Oriente Medio, la demanda de presencia naval ha alcanzado niveles sin precedentes.
La pregunta que surge es si la arquitectura militar actual puede sostener este ritmo sin comprometer su efectividad. El caso del portaaviones insignia de la Marina de EE.UU. sugiere que, incluso en los sistemas más avanzados, existen límites físicos y humanos que no pueden ignorarse sin consecuencias.
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