Irán resiste: su estrategia de desgaste ante el poderío militar de EE.UU. e Israel
En un conflicto que ha capturado la atención global, Irán enfrenta una intensa campaña militar de Estados Unidos e Israel que ha diezmado sus capacidades de defensa aérea, fuerza aérea y liderazgo militar. Sin embargo, expertos en seguridad internacional revelan que la República Islámica no busca una victoria convencional, sino implementar una estrategia de desgaste diseñada para hacer la guerra «prolongada, regionalmente dispersa y económicamente costosa».
La guerra de desgaste: hacer inviable la victoria del enemigo
H. A. Hellyer, del Royal United Services Institute (RUSI), explica que «Irán no puede ganar de forma convencional, pero su estrategia consiste en garantizar que la victoria de otros siga siendo costosa e incierta». Esta aproximación se basa en la experiencia histórica de la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), cuando Teherán resistió a pesar de su inferioridad militar convencional.
Nicole Grajewski, profesora del Centro de Estudios Internacionales de Sciences Po, describe esta táctica como «una guerra de desgaste»: un enfoque diseñado para debilitar al oponente drenando recursos e infligiendo pérdidas sostenidas hasta que su capacidad de combate se debilite. La dimensión psicológica es igualmente importante: durante la reciente «Guerra de los 12 Días», Irán intensificó sus ataques contra zonas civiles, infundiendo miedo y trauma en la población israelí.
Misiles y drones: la columna vertebral de la defensa iraní
Se cree que Irán posee el arsenal de misiles balísticos más grande de Medio Oriente, con aproximadamente 2.500 unidades según estimaciones israelíes. Su inventario incluye misiles de corto alcance (hasta 1.000 km) y de mediano alcance (entre 1.000 y 3.000 km), como el Sejjil (2.000 km de alcance) y el Fattah, descrito por Teherán como hipersónico.
Los expertos militares destacan la existencia de instalaciones subterráneas conocidas como «ciudades de misiles», aunque sus detalles exactos permanecen sin verificar. A pesar de que los lanzamientos de misiles han disminuido un 86% desde el inicio de los combates según el general Dan Caine, Irán mantiene capacidad para atacar «infraestructura israelí, bases regionales estadounidenses y aliados del Golfo», además de amenazar el flujo energético global a través del estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial.
La ventaja de los drones: agotar sistemas de defensa
Mientras la capacidad de misiles iraníes se ve afectada, su potencial de drones sigue siendo significativo. Antes del conflicto, se cree que Irán produjo decenas de miles de drones de ataque unidireccionales Shahed, cuyo diseño se ha exportado a Rusia e incluso ha sido replicado por Estados Unidos. Estos vehículos aéreos no tripulados cumplen un propósito estratégico más allá del daño directo: «Erosionar los sistemas de defensa aérea con el tiempo» al obligar a los adversarios a gastar costosos misiles interceptores.
«Parte de esto implica agotar las capacidades de interceptación», explica Grajewski. «Irán ha estado haciendo esto con vehículos aéreos no tripulados y drones. Es algo que los rusos también han hecho en Ucrania».
Fuerzas armadas y alianzas regionales: un balance complejo
Irán mantiene una de las fuerzas armadas permanentes más grandes de Medio Oriente, con aproximadamente 610.000 efectivos en servicio, incluyendo 350.000 en el ejército regular y 190.000 en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que supervisa los programas de misiles y drones. Sin embargo, su red de aliados regionales —los rebeldes hutíes en Yemen, grupos armados en Irak, Hezbolá en Líbano y Hamás en los Territorios Ocupados— ha sufrido grandes pérdidas en la ola de combates que se extendió por la región.
El factor tiempo y la cohesión interna
La estrategia iraní depende crucialmente de la capacidad para prolongar el conflicto. Sin embargo, expertos advierten que mantener este ritmo de combate será cada vez más difícil para ambos bandos. «Realmente depende de cómo se mantengan unidas la élite política y de seguridad y de si hay cismas», afirma Grajewski. «Eso puede significar una mayor desorganización en términos de estrategia militar».
El agotamiento operativo ya es evidente: «Los operadores de misiles están sometidos a un gran estrés y agotamiento, lo que provoca disparos accidentales a objetivos equivocados o imprecisiones. Muchas de las operaciones son más desorganizadas y existe un cierto nivel de agotamiento», añade la experta.
El riesgo de escalada involuntaria
La estrategia iraní conlleva riesgos significativos. Turquía afirmó que las defensas aéreas de la OTAN destruyeron un misil balístico iraní que se dirigía al espacio aéreo turco, lo que llevó a Ankara a advertir a «todas las partes que se abstengan de acciones que puedan provocar una mayor escalada».
El objetivo más amplio de Irán es hacer que las condiciones sean «tan intolerables» para los países vecinos que «potencialmente puedan presionar a EE.UU. o al menos intentar que Washington acepte un acuerdo más negociado o el fin de las hostilidades», según Grajewski. Sin embargo, esta apuesta podría fácilmente ser contraproducente. Hellyer cree que los países del Golfo «podrían decidir que, aunque se opusieron inicialmente a la guerra entre EE.UU. e Israel contra Irán, su propia seguridad ahora está en riesgo por las represalias iraníes, por lo que tiene más sentido respaldar la campaña estadounidense para acabar con la amenaza inmediata de Irán».
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