La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, viajó a Washington en una misión delicada. El estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 % del crudo global, está bloqueado por Irán. Sin esa vía, los precios del petróleo se disparan y las economías asiáticas, incluida la japonesa, sufren. Estados Unidos exige a sus aliados enviar buques militares para garantizar la navegación, pero la Constitución pacifista de Japón prohíbe participar en conflictos bélicos. En su reunión con Donald Trump, Takaichi expuso con detalle esas limitaciones legales y pidió una solución rápida.

El presidente estadounidense había insistido ante socios de la OTAN y países asiáticos en que contribuyan con activos navales. En el caso de Japón, el artículo 9 de su Constitución, impuesta por Washington tras la Segunda Guerra Mundial, impide enviar tropas a zonas de conflicto. Aun así, ambos líderes acordaron mantener «estrecha comunicación» para lograr «paz y estabilidad en Oriente Medio», incluyendo la seguridad de la navegación y el suministro energético estable.

El tono de la conversación fue cuidadoso. Takaichi afirmó que hubo «consenso» en la importancia de garantizar la seguridad del estrecho, aunque reconoció que existen «determinadas acciones» que su gobierno puede o no emprender dentro del marco legal. La mandataria ofreció una explicación «detallada y exhaustiva» de esas limitaciones, dejando claro que Tokio no enviará buques de guerra, pero que está dispuesto a cooperar en otros frentes.

Uno de esos frentes es energético. Japón acordó adquirir 7.000 millones de dólares anuales en crudo estadounidense como condición para que Trump rebajara los aranceles sobre productos nipones del 24 % al 15 %. Ambos países han liberado millones de barriles de sus reservas estratégicas —172 millones EE.UU., 80 millones Japón— para contener el alza de precios desde que estalló la guerra contra Irán.

Durante la visita, se anunciaron tres documentos de cooperación bilateral en minerales críticos. Uno de ellos apunta al desarrollo de la extracción de lodos de tierras raras y otros recursos minerales marinos en el entorno de Minamitorishima, la isla más oriental del archipiélago nipón. Además, se selló un proyecto conjunto valorado en 40.000 millones de dólares para desarrollar reactores nucleares modulares de pequeño tamaño en Tennessee y Alabama.

En el sector energético, Japón invertirá unos 33.000 millones de dólares para producir gas natural en Texas y Pensilvania. En defensa, ambos gobiernos acordaron avanzar en el «desarrollo y producción conjunta de misiles», un paso significativo en la cooperación militar entre ambos países.

La visita de Takaichi no solo buscó aliviar tensiones en el estrecho de Ormuz, sino también fortalecer lazos estratégicos con Washington en materias energéticas, tecnológicas y militares. Aunque Japón mantiene su postura pacifista, el diálogo con Trump dejó abiertas vías de cooperación que no violen su Constitución, pero que sí refuercen su posición frente a la crisis actual.

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