Barcelona, 13 de marzo de 2026 — El Teatro Nacional de Cataluña (TNC) se ha convertido esta noche en el epicentro de una revolución escénica que redefine los límites entre el teatro, la danza y el performance. Bajo el título La Cordero i el seu exèrcit, la veterana creadora Sol Picó ha presentado una obra que no solo es un manifiesto artístico, sino también una catarsis personal y colectiva. Con una energía desbordante y un elenco coral de jóvenes intérpretes, Picó ha construido un ritual escénico que fusiona la iconografía bíblica con el deseo contemporáneo de trascendencia.
La pieza, que dura poco más de una hora, se articula en torno a la figura de la propia Sol, que aparece como una especie de cordero sacrificial destinado a redimirse a sí misma y a su público. La escena inicial, cargada de simbolismo religioso, evoca directamente la misa laica que ya exploró en El lago de las moscas (2009), pero ahora la asimilación es explícita y estructural. El clímax llega con un padrenuestro en el que la creadora se perdona los pecados no cometidos, los deseos incumplidos y las renuncias que acompañan los éxitos cuando no se es Dios omnipotente.
El elenco, compuesto por una decena de jóvenes intérpretes, se convierte en un ejército de clones que multiplican y distorsionan los movimientos de Sol, creando un efecto de coro fallero que recuerda a las procesiones de Semana Santa. La escena más impactante se produce cuando estas jóvenes adoptan y exageran los gestos de la creadora, convirtiéndose en una especie de legión de ícaras redimidas que desafían la gravedad y el tiempo.
El monólogo final de Sol, desnuda y frágil, es el momento más íntimo y conmovedor de la pieza. En él, la creadora reflexiona sobre el paso del tiempo y la necesidad de dejar un legado. «¿Qué va a quedar de mí?», se pregunta, para responder inmediatamente: «Pues, mi resurrección en estas jóvenes». La cultura, insiste, no se hereda, se contagia. Es símbolo y pasión, no tiene que ver con la sangre y la carne reales.
La obra está plagada de autocitas y referencias a la trayectoria de Picó, que ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Cuando hace una década fue madrina de una promoción del Institut del Teatre, ya advirtió de que no la iban a sacar fácilmente del escenario. Y así ha sido: La Cordero i el seu exèrcit es una declaración de intenciones, un testamento artístico que desafía el cliché de la diva en declive.
Los críticos han destacado la calidad singular de los castings de Picó, tanto femeninos como masculinos, y su apuesta por la diferencia. En esta ocasión, el elenco está compuesto por intérpretes de distintas edades, orígenes y cuerpos, lo que refuerza el mensaje de inclusión y diversidad que atraviesa toda su obra.
La escenografía, minimalista pero efectiva, juega con la luz y las sombras para crear atmósferas que van desde lo sacro hasta lo profano. La música, compuesta por la propia Picó, combina ritmos electrónicos con melodías tradicionales, creando un paisaje sonoro que acompaña y potencia la acción escénica.
El público, entregado desde el primer minuto, ha respondido con una ovación cerrada al final de la representación. Muchos han destacado la capacidad de Sol Picó para conectar con las emociones más profundas y para plantear preguntas universales a través de un lenguaje escénico innovador y arriesgado.
La Cordero i el seu exèrcit es, sin duda, una de las propuestas más ambiciosas y arriesgadas del actual panorama escénico catalán. Una obra que no deja indiferente y que invita a la reflexión sobre el papel del artista, la identidad y el legado. Una pieza que, como su propia creadora, desafía los límites y se reinventa constantemente.
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