Leïla Ka: la coreógrafa francesa que conquista el mundo con «Maldonne» y sus guiños a la danza contemporánea

En el vertiginoso universo de la danza contemporánea, donde la viralidad se ha convertido en moneda de cambio, emerge con fuerza una figura que está capturando la atención de críticos y espectadores por igual: Leïla Ka. Su obra «Maldonne (malentendido)» ha logrado lo que pocos logran en el circuito de la danza: convertirse en un fenómeno que trasciende las salas de espectáculos para instalarse en el imaginario colectivo.

El fenómeno viral, que en otras artes como la música o el cine parece más evidente, también se manifiesta en la danza, aunque con menos frecuencia y quizás con menos visibilidad. Sin embargo, cuando una coreografía o un artista alcanzan ese rótulo de «lo que hay que ver», prescrito por carteleras internacionales y por visitas y likes en las redes sociales, el impacto es innegable. Este es precisamente el caso de Leïla Ka y su «Maldonne».

El poder de lo minimalista y lo reiterativo

Uno de los momentos más poderosos de la obra se corresponde con su inicio. Cinco bailarinas en línea, enfrentadas al público, con luz cenital de cinco focos, repiten una gestualidad muy sencilla con brazos, tronco y cabeza, apoyadas únicamente en su respiración. Esa respiración agitada, que revela angustia y desesperación, funciona entonces lo pequeño, lo reiterativo y el confiar en la suma de ambos. Es un inicio que atrapa y que demuestra la maestría de Ka para encontrar la potencia en la simplicidad.

Este recurso, sin embargo, no es el único que utiliza la coreógrafa francesa. También echa mano con evidencia de esos recursos escénicos destinados a gustar, y que gustan, si no fuera porque se les ve demasiado la costura. En «Maldonne», la fórmula pasa por usar músicas reconocidas y sobrecogedoras, que más que justificar la escena, te predisponen al encandilamiento de la misma. En este sentido se escucha el fabuloso tema «Dance me to the end of love» de Leonard Cohen, o el «Invierno» de «Las cuatro estaciones» de Vivaldi, música que cierra el espectáculo en todo lo alto con ese oscuro repentino que anuncia el final y arranca los aplausos más fervientes.

Referencias que conectan con el espectador

Las referencias dancísticas, a nivel de movimiento e incluso estética, también son muy reconocibles. Ahí está esa gestualidad, individual y grupal, de la obra «May B» (1981) de Maguy Marin, coreógrafa con quien ha trabajado Leïla Ka. La estética de Pina Bausch e incluso pasos concretos del «Fase» (1982) de la coreógrafa belga Anne Teresa de Keersmaeker (ese giro con el brazo derecho extendido) son evidentes en su propuesta.

Esta multiplicidad de referencias no es casual. Leïla Ka, que también ha coreografiado para Beyoncé y se encargó del movimiento de la 50ª ceremonia de los Premios César del cine francés el año pasado, ha recibido el premio revelación coreográfica del Sindicato de la Crítica en Francia y ha sido nominada al Bloom Prize 2025, nuevo galardón que otorga el teatro Sadler’s Wells de Londres a coreógrafos emergentes con menos de diez años de trayectoria.

Una dirección interesante, pero necesitada de profundidad

En «Maldonne», la creadora apunta hacia una dirección interesante, pero necesitada de concentración y hondura. Tal vez pueda adquirirla con más experiencia y pensamiento escénico. La obra tiene momentos de gran intensidad, pero también se percibe una cierta dispersión en su estructura, como si Ka aún estuviera buscando su voz propia entre tantas influencias reconocibles.

La interpretación teatral de la conocida canción francesa de los setenta «Je suis malade» recuerda a aquella maravillosa escena en el film «La ley del deseo» de Pedro Almodóvar, con el «Ne me quitte pas» como base coreográfica y existencial. Es un momento que demuestra la capacidad de Ka para conectar con el público a través de referencias culturales compartidas, pero también plantea la pregunta sobre hasta qué punto su obra es original o es un collage de influencias bien ensambladas.

El fenómeno Leïla Ka: entre la viralidad y la consolidación

Lo que hace fascinante el caso de Leïla Ka es precisamente esta tensión entre lo viral y lo profundo, entre lo que funciona inmediatamente en una sala y lo que requiere tiempo y reflexión para ser comprendido. Su trayectoria meteórica, con colaboraciones con artistas de la talla de Beyoncé y reconocimientos de instituciones prestigiosas, sugiere que estamos ante una figura que ha sabido navegar con inteligencia las corrientes de la danza contemporánea.

Sin embargo, el verdadero reto para Ka será encontrar un equilibrio entre el uso de recursos que garantizan el éxito inmediato y la construcción de una obra que trascienda las modas y las tendencias. «Maldonne» es una obra que funciona, que emociona y que conecta, pero también es una obra que deja entrever las costuras de su construcción, las estrategias detrás de su impacto.

En un mundo donde lo viral se ha convertido en un objetivo artístico, Leïla Ka parece haber encontrado la fórmula para capturar la atención del público y la crítica. El desafío ahora será mantener esa atención y transformarla en un legado duradero. Porque en la danza, como en todas las artes, lo que realmente importa no es solo lo que se ve hoy, sino lo que permanece mañana.


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