El legado de Tomás y Valiente: memoria selectiva y conveniencia política

Un asesinato que marcó un antes y un después en la historia reciente de España

El 14 de febrero de 1996, una fecha que debería haber estado marcada por el amor y la celebración, se convirtió en uno de los días más oscuros de la democracia española. Francisco Tomás y Valiente, presidente del Tribunal Constitucional y reconocido historiador, fue asesinado a tiros en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid por el terrorista de ETA Jon Bienzobas ‘Karaka’. Tres disparos que no solo acabaron con una vida, sino que intentaron golpear el corazón mismo de las instituciones democráticas.

Treinta años después, su hijo Quico Tomás y Valiente rompe el silencio para reflexionar sobre aquel trágico suceso y, sobre todo, sobre cómo la memoria histórica se ha convertido en un instrumento político selectivo que incomoda al Gobierno actual por su conveniencia.

«Existe una memoria democrática parcial, selectiva, por conveniencia política»

Esta es la principal denuncia que hace el hijo de la víctima en una entrevista concedida a EFE con motivo del aniversario del atentado. Según su testimonio, el Gobierno actual practica una memoria democrática «selectiva» porque ETA le «incomoda» para su «conveniencia política».

«Es indigno que Bildu dé lecciones de memoria democrática cuando algunos de sus miembros se han entrevistado con la cúpula del grupo, que no sería muy ajena a la cúpula que había ordenado el asesinato de mi padre, de Múgica, de Ordóñez o de Lacalle», afirma contundente.

La crítica se extiende a la dependencia parlamentaria del Ejecutivo de formaciones como Bildu y PNV, aunque reconoce que especialmente de la primera. «Existe una memoria democrática parcial, selectiva, por conveniencia política, porque se depende en el Parlamento de Bildu y de PNV, pero sobre todo de Bildu», subraya.

La victoria sobre el terrorismo que se pretende olvidar

Quico Tomás y Valiente insiste en que lo primero que hay que celebrar treinta años después es que se ha producido una victoria sobre el terrorismo. Una victoria sobre su pretensión última de provocar un golpe de Estado, de romper la consistencia del Estado de Derecho y de que hubiera una reacción de violencia indiscriminada que les justificase.

A su juicio, el mero hecho de que el entorno político «de la banda mafiosa» esté funcionando en democracia, «es una victoria de la democracia». «La victoria se ha consolidado y el terrorismo ha desaparecido», afirma.

Sin embargo, lamenta que en la actualidad se esté olvidando voluntariamente este hecho fundamental en la historia de España. «Se está olvidando voluntariamente un éxito ejemplar en el mundo», recalca, comparando esta actitud con la memoria selectiva que algunos pretenden sobre el franquismo, cuando solo reconocen «una cuneta, la de un lado» olvidando que «hubo masacres en ambas partes».

Un «oportunismo político» que su padre no hubiera tolerado

El hijo de Tomás y Valiente rechaza el actual «oportunismo político por conveniencia política» que se extrae, a su juicio, de los pactos de gobierno con Bildu «para mantenerse en la Moncloa».

Todo ello no le hubiera gustado «en absoluto» a su padre, un historiador que conocía la importancia de la memoria para poder construir «una moral cívica». Porque, según explica Quico, se está olvidando un hecho fundamental en la historia de España, que es la victoria sobre el terrorismo.

El día que cambió todo: el 14 de febrero de 1996

El atentado ocurrió alrededor de las 10.30 horas de la mañana. Tres disparos del etarra Jon Bienzobas ‘Karaka’ acabaron con la vida de Francisco Tomás y Valiente en su despacho universitario. Una acción terrorista que dio inicio al movimiento ‘manos blancas’, una respuesta ciudadana que demostró que la sociedad española no se doblegaría ante el miedo.

Su hijo recuerda ese día con especial intensidad. Trabajaba en la sección de Justicia e Interior de Efe cuando se enteró del atentado. Lógicamente, fue el último en enterarse pese a que la agencia conoció inmediatamente la noticia.

«Intentamos encontrar a mi madre para que no conociera la noticia sola en la calle y al final, no sé cómo, lo conseguí», rememora con emoción contenida.

El hombre detrás del historiador y jurista

Quico describe a su padre como «buen padre, trabajaba muchísimo, pero era eficaz en la gestión de los tiempos». Su madre, aunque tenía la licenciatura de Derecho, no pudo trabajar porque «la mujer todavía no había entrado de lleno en el mercado laboral». Eran cuatro hermanos y su madre fue «una figura muy importante detrás de él».

Además de buen progenitor, Francisco Tomás y Valiente era una persona «alegre, bastante irónica, muy comprometida con principios básicos, con mucho sentido moral y con mucha vocación de profesor». Y añade: «Confiaba en los ciudadanos, en las personas y en el ser humano para progresar a base de pensar por uno mismo. Era muy fanático también de la lectura. La casa estaba llena de libros. Mi madre le decía que no trajera más libros a la casa».

¿Hay lugar para el perdón?

Cuando se le pregunta sobre el perdón, Quico Tomás y Valiente responde con claridad: «El perdón es algo personal». Sin embargo, matiza que la reconstrucción y la reparación social exigen responsabilidad política, como sería el caso de Arnaldo Otegi.

«Pero si Otegi parece que no ha hecho nada, no hay una reparación social adecuada», precisa.

En términos personales, asegura que no tiene problemas de odio. «No tengo que perdonar nada. Me da pereza. El asesino de mi padre era el tonto que mandaron a pegar tres tiros. No tengo ni necesidad de perdonarle, no le elevo a esa categoría».

Cree que deberían respetarse los derechos de Bienzobas como los de cualquiera y asevera que no está ni en el odio ni en la venganza. «Pero vamos, no necesito perdonarle. No le considero», concluye.

El legado que permanece

Treinta años después del atentado, la reflexión de Quico Tomás y Valiente nos invita a cuestionar cómo se construye la memoria histórica y quién la controla. Su denuncia sobre la memoria selectiva y la conveniencia política nos recuerda que la verdad histórica no puede ser manipulada por intereses partidistas.

La victoria sobre el terrorismo, ese «éxito ejemplar en el mundo» como lo define, no puede ser olvidada ni minimizada. Porque olvidar las razones por las que se luchó y se venció es el primer paso para que la historia se repita.

Francisco Tomás y Valiente no murió solo en ese despacho universitario. Murió representando a todas las instituciones democráticas, a todos los valores que ETA pretendía destruir. Y su legado, como el de todas las víctimas del terrorismo, exige que se mantenga viva la memoria completa, sin selectividades ni conveniencias políticas.


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