Pirineos: La montaña se cobra ocho vidas esta temporada, la cifra más alta en 30 años

El Pirineo catalán ha vivido este invierno una tragedia silenciosa que se repite cada temporada pero que, en los últimos meses, ha adquirido una dimensión alarmante: ocho personas han perdido la vida en accidentes relacionados con la montaña, la cifra más elevada en tres décadas. Los dos últimos episodios, ocurridos el pasado 29 de enero en la estación de Cerler (Huesca), conmocionaron a la comunidad montañera: dos jóvenes de 22 y 25 años quedaron atrapados por una avalancha en una zona fuera de pista, pese a que el riesgo de aludes se mantenía por encima del nivel 3 sobre 5.

Desde la pandemia, el esquí de montaña y el freeride se han convertido en la nueva fiebre de los amantes de la nieve. Lo que antes era una práctica minoritaria y reservada a expertos, hoy atrae a miles de esquiadores atraídos por la promesa de la nieve polvo, ese manto virgen y esponjoso que parece invitar a la aventura. Las estaciones han respondido a esta demanda con campañas agresivas en redes sociales, publicando a diario vídeos de esquiadores descendiendo por parajes de postal entre bosques y rocas, acompañados de melodías que invitan a soñar. Pero detrás de esa imagen idílica se esconde una realidad mucho más cruda: la montaña no entiende de likes ni de seguidores.

El reclamo de la nieve polvo y sus riesgos

Montse Bacardit, observadora nivometeorológica del centro Lauegi del Conselh Generau d’Aran, advierte que las estaciones cumplen con el control de aludes y disponen de itinerarios balizados, pero considera que podrían hacer más. «Cuando caen nevadas de este tipo, las zonas de nieve polvo sin pisar es lo que suele mostrarse para llamar la atención. Aunque haya comportamientos que escapan al control de las estaciones, sí que podrían subir un poco el listado», señala.

El problema no es solo la falta de equipamiento, sino la ignorancia sobre cómo se comporta la nieve. Muchos esquiadores inexpertos desconocen la maleabilidad con la que puede transformarse un manto aparentemente estable en una trampa mortal. La Associació Coneixement Neu i Allaus, donde Bacardit también trabaja como formadora, propone implementar un modelo similar al de la estación francesa La Grave-La Meije, donde todos los kilómetros esquiables son fuera de pista y existe un control obligatorio de equipamiento.

El esquí de montaña: una práctica democratizada con riesgos mortales

La masificación de algunos puntos de la cordillera y los elevados precios de los forfaits han llevado a muchos aficionados a practicar el esquí de montaña, que consiste en ascender con pieles de foca para luego buscar el descenso más atractivo. Pero lo que muchos no saben es qué material necesitan ni cómo actuar en caso de avalancha. Según la base de datos de ACNA, 10 de los 15 accidentes registrados esta temporada en el Pirineo catalán han sido de deportistas que practicaban esta modalidad.

Los datos de la temporada pasada confirman esa tendencia: 28 de los 30 accidentes reportados fueron de esquiadores de montaña o en fuera de pista. Desde la pandemia, los rescates de montaña en periodo invernal se han multiplicado. Marta Ferrer, coordinadora de la campaña aragonesa Montaña Segura, explica que la desestacionalización de las actividades de montaña ha influido de forma notable en el aumento de accidentes.

La experiencia no lo es todo

«El año pasado, solo en el Pirineo aragonés superamos los 600 rescates. Cada vez somos más personas en la montaña. Y aunque la experiencia es vital, también puede ser un factor que juegue en contra, ya que un esquiador experimentado puede pecar de exceso de confianza. El peligro cero no existe», asegura Ferrer.

Jaume Vila, guía de montaña y divulgador, también trata de hacer pedagogía en redes sociales, y su mensaje, claro y directo, deja constancia de la ignorancia de muchos esquiadores sobre los pelores de este deporte. «Me llega gente a hacer cursos de esquí de montaña que llevan cinco o seis años practicándolo y no llevan DVA, pala, ni sonda para medir la profundidad de la nieve», asegura.

¿Qué hacer en caso de alud?

Esta temporada todavía no ha habido un solo día en el Pirineo catalán en el que el riesgo de alud haya sido bajo. Los dos últimos temporales han dejado grosores históricos de más de tres metros en varios puntos de la cordillera, por lo que el riesgo de avalanchas en gran parte de la región se mantiene por encima de 3 sobre 5 en el Boletín de Peligro de Aludes (BPA) del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña.

El Grupo de Actuaciones Especiales (GRAE) de los Bomberos de la Generalitat asegura que uno de cada tres accidentes se producen en sectores cercanos a las estaciones. Al margen de las precauciones, el GRAE recomienda actuar rápido en caso de ser sorprendidos por un alud. Lo primero es salir en diagonal de la trayectoria de la avalancha. Si eso no es posible, se debe intentar permanecer en la superficie y evitar hundirse a medida que el alud se detiene y el manto de nieve se vuelve más denso. En caso de quedar sepultado, es fundamental intentar crear un espacio frente a las vías respiratorias.


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