Andrea González Henry: De luchar por las fotocopias a liderar la voz de 7 millones de jóvenes
En un mundo donde la juventud a menudo se percibe como apática o desconectada, Andrea González Henry, una valenciana de 24 años, está demostrando que la pasión y el compromiso pueden cambiar realidades. Desde su lucha en el instituto por el precio de las fotocopias hasta convertirse en la presidenta del Consejo de la Juventud de España (CJE), su trayectoria es un testimonio de cómo la acción colectiva puede transformar sociedades.
De las fotocopias a la política: el inicio de una líder
Todo comenzó en segundo o tercer año de la ESO, cuando Andrea y un grupo de compañeros notaron una injusticia evidente: las fotocopias en el instituto costaban cinco céntimos, mientras que en la copistería de enfrente solo cuatro. «Nos pareció absurdo y decidimos hacer algo al respecto», recuerda Andrea. Así nació su primera experiencia asociativa, creando una organización estudiantil para negociar con el equipo directivo.
Aunque no lograron bajar el precio, la experiencia marcó un antes y un después. «Fue la primera vez que entendí que no estábamos hablando como individuos, sino representando a todo el estudiantado», explica. Este episodio reveló su vocación por la participación y la defensa de derechos colectivos.
El peso de representar a 7 millones de jóvenes
Hoy, como presidenta del CJE, Andrea carga con la responsabilidad de ser la voz de aproximadamente 7 millones de jóvenes españoles. «Es un privilegio enorme, pero también una gran responsabilidad», admite. Su rol requiere entender la diversidad de una generación que, lejos de ser homogénea, abarca realidades y sensibilidades muy distintas.
«Constantemente se habla de los jóvenes como si fuéramos todos iguales, pero eso es un error», afirma. Su labor implica no solo escuchar, sino también articular demandas que representen a la mayoría, consciente de que sus decisiones impactan en vidas que no conoce personalmente.
La crisis habitacional: el mayor obstáculo generacional
Si hay un tema que mantiene en vilo a Andrea y a su organización es la crisis habitacional. «Es el problema más grave al que nos enfrentamos», declara sin rodeos. La imposibilidad de acceder a una vivienda digna no solo afecta la calidad de vida, sino que rompe cualquier proyecto vital.
«Actualmente no tenemos las posibilidades de emancipación que tuvieron otras generaciones a nuestra edad», lamenta. Esta situación obliga a vivir en el «aquí y ahora», sin capacidad de planificar a medio o largo plazo. «Es insostenible», insiste, criticando la falta de urgencia por parte de las administraciones para abordar este problema.
Desmontando mitos: no somos una generación de cristal
Uno de los estereotipos más persistentes sobre los jóvenes es que son «una generación de cristal». Andrea lo rechaza categóricamente: «No, no somos de cristal. Lo que somos es una generación que ha sabido ponerle palabras a cosas que otras no pudieron expresar».
Esta capacidad para verbalizar problemas y emociones no es debilidad, sino un avance social. «Estamos abriendo camino para que muchas otras generaciones, que no han tenido la oportunidad de hablar de ciertos temas, puedan hacerlo ahora», explica.
El activismo como herramienta de cambio
Para Andrea, la participación no es solo un derecho, sino una necesidad. «Lo único que puede hacer ahora mismo una persona individual que no puede pagar un alquiler es organizarse con otras para cambiar las cosas», afirma con convicción.
Su visión es clara: los problemas colectivos requieren soluciones colectivas. «Tener una vivienda digna no es una cuesta de esfuerzo, es un derecho básico», insiste, desmontando el argumento de que los jóvenes no se esfuerzan lo suficiente.
Un futuro con más jóvenes en la toma de decisiones
A pesar de representar aproximadamente el 25% de la población mundial, los jóvenes brillan por su ausencia en los espacios de poder. «Es evidente que no estamos en el 25% de los espacios de toma de decisión», denuncia Andrea.
Su reivindicación va más allá de la mera representación simbólica: «Tiene que haber jóvenes no ya en los partidos políticos, sino en las cabezas de lista. No sirve estar al final, donde no van a salir». La inclusión debe ser real y significativa, no un gesto simbólico.
Reconocimiento a una trayectoria transformadora
El Premio Avanzadoras 2026, otorgado por Oxfam Intermón y 20minutos, reconoce no solo a Andrea como individuo, sino el valor de la participación juvenil y el trabajo colectivo. «Es un reconocimiento a todas las mujeres jóvenes que nos asociamos para transformar nuestra realidad», agradece.
El galardón incluye un máster a su elección en la Universidad Nebrija, un reconocimiento que valora como un impulso para continuar su labor transformadora.
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