Los Pecadores hace historia en los Oscar: 16 nominaciones rompen el récord y simbolizan una industria en transformación
El anuncio de las nominaciones a los Premios de la Academia de 2026 provocó un terremoto en Hollywood y en las redes sociales. Ryan Coogler y su Los Pecadores irrumpieron con fuerza, acaparando 16 candidaturas, dos más que el anterior récord de Titanic. Pero más allá de la cifra, la película representa un punto de inflexión en la historia del cine y de los Oscar: diversidad, innovación técnica y mensaje político en un mismo paquete.
El filme de Coogler no es solo un triunfo cuantitativo, sino cualitativo. La duplicación de Michael B. Jordan en dos gemelos, que comparten hasta el gesto de liar cigarrillos, es un hito de efectos especiales al servicio de la poesía visual. La música negra se integra como nunca en el guion, y el erotismo, lejos de ser gratuito, se presenta como un elemento narrativo delicado y actualizado. Y, sobre todo, Los Pecadores es un manifiesto político: representa el Poder Negro en un momento en que el «Club de la Navidad», como lo define Paul Thomas Anderson, domina la Casa Blanca. La película llega en un contexto de cambio demográfico en Estados Unidos, donde los blancos serán minoría a partir de 2045, y tras años de tensión racial y cultural.
El récord de Los Pecadores se explica por la evolución de la Academia de Hollywood. Hasta hace poco, el perfil del académico era el del hombre blanco mayor: en 2012, el 94% eran blancos, el 77% hombres y el 86% mayores de 50 años. Esa homogeneidad se traducía en un cine académico, prestigioso, pero poco diverso. El cambio llegó con movimientos como el #MeToo, que acabó con el poder de Harvey Weinstein, y el #OscarSoWhite de 2015, lanzado por April Reign al percatarse de que ninguno de los veinte actores nominados aquel año era negro. La Academia reaccionó: en los últimos 25 años ha priorizado la diversidad, invitando a nuevos miembros. Hoy cuenta con unos 11.000 académicos, de los cuales el 36% son mujeres (frente al 26% de 2015), el 23% pertenecen a comunidades no blancas (10% en 2015), y un cuarto reside fuera de EE.UU.
Además, desde 2024 la Academia impuso reglas de inclusividad para las películas candidatas a Mejor Película: deben cumplir al menos dos de cuatro requisitos de diversidad, ya sea en elenco, equipo, oportunidades de acceso a la industria o publicidad y distribución. Así, incluso Oppenheimer, con su elenco mayoritariamente masculino y blanco, pasó la criba por su diversidad detrás de las cámaras.
Esta nueva era se refleja en las otras grandes nominadas. Una Batalla tras Otra, de Paul Thomas Anderson, con 13 candidaturas, y Hamnet o Bugonia, también encarnan la transformación de la industria. Las distribuidoras independientes han ganado peso: Neon, impulsora de Parásitos (2019), la primera película de habla no inglesa en ganar el Oscar a Mejor Película, y de Anora (2025), vuelve a estar en la pelea con Sirât, además de meter otras dos películas extranjeras entre las diez principales: Valor Sentimental, de Joachim Trier, y Agente Secreto, de Walter Salles. A24, que ya triunfó con Moonlight (2024), la primera con elenco afroamericano íntegro, y Todo a la Vez en Todas Partes (2022), presenta Marty Supreme, de Josh Safdie, a mayor gloria de Timothée Chalamet. Focus Pictures, filial independiente de Universal, trae la última locura del tándem Stone-Lanthimos (Bugonia) y la adaptación de Hamnet, de Maggie O’Farrell, por Chloé Zhao.
Las plataformas, reflejo del cambio de hábitos de los espectadores, también marcan su territorio. Apple, la «buena», fue la primera en alzarse con el Oscar a Mejor Película (CODA, 2021) y ahora compite con F1, que ha recaudado más de 600 millones de dólares en todo el mundo. Netflix, la «mala» según la crítica, lleva años atrayendo a directores de prestigio como Alfonso Cuarón o Jane Campion, pero su modelo amenaza el sistema de salas de cine. Este año coloca dos títulos entre las diez elegidas: Frankenstein y Sueños de Trenes.
Sobre esta edición planea el fantasma de la posible compra de Warner por parte de Netflix, en un año pletórico para el superviviente de los grandes estudios, que parte como gran favorito con Los Pecadores y Una Batalla tras Otra, dos obras maestras con buen funcionamiento en salas que reflejan el rechazo del mundo del cine al nuevo orden político. Si la compra se consume, el cine tal y como lo conocemos estaría a punto de desaparecer. Aunque se ha decretado su muerte en demasiadas ocasiones, el arte que los reúne a todos no puede morir. Sería el fin del mundo.
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