Título: México y Cuba: el dilema de Sheinbaum en medio de la presión de Trump
Subtítulo: El gobierno mexicano enfrenta un escenario sin precedentes al tener que equilibrar su histórica relación con La Habana y evitar sanciones de EE.UU.
Ciudad de México, 8 de marzo de 2025 — La relación especial entre México y Cuba, forjada hace más de seis décadas, se encuentra en una encrucijada sin precedentes. La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta el reto de mantener su histórica cooperación con La Habana mientras navega por las agresivas políticas de aislamiento promovidas por el presidente estadounidense, Donald Trump.
El mandatario norteamericano emitió a finales de enero una orden ejecutiva para sancionar a países que envíen petróleo a Cuba, en un intento por presionar al gobierno cubano y limitar sus recursos energéticos. Esta medida ha puesto a México en una posición delicada, obligándolo a detener los envíos de crudo que mantenía con la isla desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
«Es una situación muy injusta», declaró Sheinbaum en su conferencia matutina. «Puede uno estar de acuerdo o no con el régimen del gobierno de Cuba, pero no debe afectarse a los pueblos nunca. Nosotros vamos a seguir apoyando y haciendo todas las acciones diplomáticas necesarias para poder recuperar el envío de petróleo».
A pesar de la presión, México ha optado por enviar ayuda humanitaria a Cuba en lugar de combustible. Dos barcos de la Marina mexicana han arribado a La Habana cargados con alimentos y artículos de higiene personal, un gesto de solidaridad que busca mantener viva la relación bilateral sin violar las exigencias de Washington.
Un vínculo histórico forjado en la Revolución
La relación entre México y Cuba se remonta al triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Mientras la mayoría de los países latinoamericanos rompieron relaciones con La Habana bajo presión de EE.UU., México mantuvo sus lazos diplomáticos y se convirtió en un aliado estratégico para la isla.
«Históricamente ha habido cercanía al nivel societal, mexicana y cubana. Hay afinidades históricas, por cercanía cultural, espacial, un pasado común del colonialismo español», explica Juan Pablo Prado Lallande, internacionalista y experto en relaciones bilaterales.
Durante décadas, México justificó su apoyo a Cuba en base a la Doctrina Estrada, que promueve la no intervención y el respeto a la soberanía de los estados. Sin embargo, detrás de este principio también existía un acuerdo tácito: Cuba se comprometía a no promover revoluciones en México a cambio del respaldo político y diplomático mexicano en foros internacionales.
Este pacto permitió a México mantener su autonomía frente a EE.UU. mientras evitaba la influencia cubana en los movimientos revolucionarios que surgían en su territorio durante la década de 1960.
Cooperación y desencuentros a lo largo de la historia
Los presidentes mexicanos del PRI mantuvieron buenas relaciones con Fidel Castro y afianzaron acuerdos de intercambio en ámbitos como la cultura, la educación y la tecnología. Incluso en momentos críticos, como el colapso de la Unión Soviética, México fue un apoyo fundamental para Cuba.
Carlos Salinas de Gortari, un político neoliberal, mantuvo la cooperación económica durante el «periodo especial» cubano, cuando la isla enfrentaba escasez de alimentos e insumos. Castro asistió personalmente a la investidura de Salinas, lo que le sirvió al mexicano para legitimar su gobierno.
Sin embargo, con la llegada de Vicente Fox en el año 2000, las relaciones se enfriaron notablemente. El episodio conocido como «Fidel, comes y te vas» marcó un punto de inflexión: Fox invitó a Castro a una conferencia de la ONU pero le pidió que se marchara discretamente para evitar conflictos con George W. Bush.
El regreso del PRI con Enrique Peña Nieto supuso un nuevo entendimiento, al punto que México condonó una deuda de más de 350 millones de dólares por envíos petroleros a Cuba.
El reimpulso en el obradorismo
La llegada de Andrés Manuel López Obrador en 2018 marcó un nuevo impulso en las relaciones con Cuba. El mandatario no dudó en expresar su admiración hacia los cubanos «por su arrogancia de sentirse libres» frente a Estados Unidos y criticó abiertamente las políticas de embargo económico de Washington.
Durante su mandato, México reactivó los envíos de petróleo a Cuba y estableció acuerdos que iban desde la llegada de médicos cubanos para atender clínicas remotas en México hasta la compra de vacunas durante la pandemia de covid-19.
«El objetivo de México era no perder lo ganado. No perder el capital político invertido en Cuba en términos del relacionamiento histórico a favor del respeto mutuo, respeto a soberanías», señala Prado Lallande.
Sin embargo, este enfoque asistencialista cambió la naturaleza de la relación. Mientras que antes existía un intercambio horizontal entre ambos países, con México recibiendo beneficios a cambio de su apoyo, ahora la cooperación se volvió vertical, con México asumiendo un rol de proveedor de recursos sin recibir contrapartidas directas.
El dilema actual de Sheinbaum
La administración de Claudia Sheinbaum enfrenta un escenario sin precedentes. Por un lado, debe mantener su compromiso histórico con Cuba y su política exterior basada en la cooperación y la solidaridad. Por otro, debe evitar las sanciones de EE.UU. que podrían afectar gravemente la economía mexicana.
La decisión de enviar ayuda humanitaria en lugar de petróleo representa un intento de equilibrar estas presiones. «Es un ejercicio estratégico de política exterior», explica Prado Lallande. «Independientemente del color del partido político que gobierne México, Cuba es un objetivo de Estado por el peso político de la isla, su cercanía geográfica, su peso en las relaciones internacionales, y en la política respecto a Estados Unidos».
El experto considera que la línea roja para México sería no hacer política exterior hacia Cuba. «El flujo de cooperación hacia Cuba nunca se había detenido por fuerzas externas. Es un cambio muy importante, de fondo, que México se haya visto obligado a parar».
Un futuro incierto
El futuro de las relaciones México-Cuba dependerá en gran medida de cómo evolucionen las tensiones entre Washington y La Habana. Mientras tanto, México continuará buscando un equilibrio entre su compromiso histórico con Cuba y sus intereses económicos y estratégicos con EE.UU.
«Es un ejercicio estratégico de política exterior», concluye Prado Lallande. «Hay que pagar un costo, y ese costo es mantener esa ayuda humanitaria para que México retenga su capacidad de negociación, ganada durante décadas, respecto a Cuba y su futuro».
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