El Salvador vive un momento de inflexión financiera que ha capturado la atención del mundo. La agencia Moody’s Ratings acaba de anunciar un giro significativo en su evaluación de la salud económica del país, elevando la perspectiva de su calificación soberana de estable a positiva. Este movimiento, que también afecta a la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), representa un espaldarazo a las políticas económicas implementadas en los últimos años y un indicio de que el país está trazando un camino sostenible hacia la recuperación financiera.

La noticia se conoce tras una reunión clave del comité de calificación de Moody’s el 3 de febrero de 2026, en la que se decidió ratificar la calificación de emisor y de deuda sénior no garantizada a largo plazo en moneda extranjera en B3, pero con una perspectiva positiva. Esto significa que, aunque el riesgo sigue siendo alto, las probabilidades de una mejora en el futuro cercano han aumentado considerablemente.

¿Por qué el cambio de perspectiva?

Moody’s justifica este giro positivo en la evolución de los indicadores fiscales y crediticios del país. Según la agencia, El Salvador ha demostrado una consolidación fiscal sostenida, un fortalecimiento de sus colchones de liquidez y una reducción de sus necesidades de financiamiento bruto. Estos avances, sumados a la mayor credibilidad de la política fiscal respaldada por el programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las mejoras sostenidas en seguridad interna, han aumentado la probabilidad de un mayor crecimiento del PIB y de mejoras crediticias duraderas.

El desafío de la deuda: ¿por qué se mantiene la calificación en B3?

A pesar de la mejora en la perspectiva, Moody’s decidió mantener la calificación soberana en B3. La razón principal es que la carga de deuda del gobierno sigue siendo elevada y su asequibilidad baja, lo que limita la solidez fiscal del país y aumenta su vulnerabilidad a shocks externos. En 2025, la relación deuda/PIB se situó en 88,3%, mientras que la relación de pago de intereses sobre ingresos alcanzó el 18,4%. Aunque Moody’s prevé una mejora gradual de estos indicadores, la agencia considera que aún se requiere más tiempo para que estos avances se reflejen plenamente en las métricas crediticias clave.

Ajuste fiscal y crecimiento económico: los pilares del cambio

El informe de Moody’s destaca que el desempeño fiscal se fortaleció de manera significativa en 2025. Con base en los resultados fiscales observados hasta noviembre, la agencia estimó que el déficit fiscal se redujo al 3% del PIB al cierre del año, una disminución de 1,5 puntos porcentuales respecto a 2024. Para 2026 y 2027, se prevé una reducción adicional, con déficits del 2,3% y 2,2% del PIB, respectivamente.

Este ajuste fiscal fue impulsado por recortes salariales y controles más estrictos del gasto corriente, reforzados por el aumento de los ingresos tributarios. La mayor eficiencia en la recaudación, el uso extendido de la factura electrónica y medidas para ampliar la base imponible han sido clave en este proceso.

En el plano macroeconómico, Moody’s estimó que el crecimiento del PIB real se aceleró al 4% en 2025, frente al 2,6% registrado en 2024. Para 2026, proyecta un crecimiento del 3,1%, manteniéndose por encima de la tendencia histórica. La agencia destacó que las medidas de consolidación permitieron a las autoridades impulsar la inversión pública, manteniendo estable el déficit del sector público no financiero en términos nominales, sin que el impacto fiscal afectara la actividad económica. En particular, el aumento de la inversión pública estimuló el sector de la construcción y apoyó la expansión económica.

Seguridad y confianza: un círculo virtuoso

Moody’s también subrayó que las mejoras en seguridad «parecen ser estructurales más que cíclicas» y han incentivado una mayor inversión privada, fortaleciendo el crecimiento de mediano plazo. Este factor es especialmente relevante en un país que, en años recientes, ha logrado reducir drásticamente los índices de criminalidad, generando un entorno más propicio para la inversión y el desarrollo.

Financiamiento y liquidez: reduciendo riesgos

En materia de financiamiento, la agencia estimó que las necesidades de financiamiento del Gobierno se reducirán al 9,1% del PIB en 2026, desde el 9,8% en 2025 y el 18,3% en 2024. Según Moody’s, «la reducción de los déficits fiscales, junto con las medidas de gestión de pasivos internos que reducen la deuda a corto plazo, está reduciendo las necesidades de financiamiento», lo que disminuye los riesgos de liquidez.

Perspectivas y desafíos: el camino por delante

Moody’s concluyó que la combinación de consolidación fiscal, crecimiento económico por encima de la tendencia y reducción gradual de riesgos financieros justifica la mejora de la perspectiva a positiva. Sin embargo, la permanencia de desafíos estructurales en métricas de deuda explica la decisión de mantener la calificación soberana en B3 por el momento.

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