Nasser Hejazi: El portero que desafió al régimen iraní

El mito futbolístico que se convirtió en símbolo de resistencia

En el vasto cementerio de Behesht e-Zahra, al sur de Teherán, descansan los restos de uno de los hombres más valientes que jamás haya vestido la camiseta de Irán. Nasser Hejazi, conocido como «Hejazi mardomi» (Hejazi, el del pueblo), no solo fue un portero legendario que defendió durante 61 ocasiones los colores de su país, sino también un hombre que se atrevió a desafiar al régimen de los ayatolás cuando hacerlo significaba condena segura.

Los primeros años: De la cancha de baloncesto a la portería

Nacido en Teherán en diciembre de 1949, Hejazi creció en una familia de ocho miembros, lejos de la rigidez religiosa que impondría la Revolución Islámica de 1979. Su educación transcurrió en una época en la que la tradición británica aún dominaba en Irán, un ambiente que contrastaría drásticamente con el futuro que le esperaba.

El destino lo llevó de la cancha de baloncesto, su primer deporte, a la portería de fútbol debido a una lesión. Lo que parecía un contratiempo se convirtió en el inicio de una carrera que lo llevaría a ser reconocido como el «Águila de Asia» y el segundo mejor portero asiático del siglo XX.

La Revolución Islámica: Un punto de inflexión

La llegada al poder de Jomeini en febrero de 1979 supuso para Hejazi un duro golpe. La Revolución Islámica no solo cortó de raíz su posible fichaje por el Manchester United -David Sexton, técnico del equipo de Old Trafford, había quedado prendado de sus cualidades en un partido previo al Mundial de 1978- sino que también marcó el comienzo de su distanciamiento con el nuevo régimen.

Los nuevos amos de Irán sabían lo que significaba para el pueblo la figura de Hejazi. No podían permitir que el ídolo popular se les escapara, por lo que desde el Ministerio de Educación Física se decidió sin explicación alguna que nadie mayor de 27 años podía representar a Irán a nivel internacional. El objetivo era claro: alejar a Hejazi de la popularidad que tenía.

El camino hacia la disidencia

Amargado por las decisiones arbitrarias del régimen, Hejazi pasó años criticando desde los banquillos de los equipos que dirigió el fútbol que se hacía en su país. Su discurso comenzó a girar hacia la política, especialmente tras la muerte de Jomeini y cuando se intuyó una posible apertura.

Un momento clave en este proceso fue el ‘playoff’ para el Mundial de 1998. El 29 de noviembre de 1997, Irán jugaba la vuelta de la repesca tras haber empatado a uno en Teherán con Australia. A falta de 19 minutos, todo estaba perdido para los asiáticos, que perdían 2-0. Sin embargo, los goles de Bagheri y Azizi convirtieron la capital de Irán en una fiesta jamás vista. Los clérigos asistieron escandalizados a una celebración masiva en la que hombres y mujeres se mezclaron en las calles como nunca se había visto desde 1979.

La apuesta política: Contra todo pronóstico

Hejazi alzó la voz para que se adoptaran medidas liberales, entre ellas la de permitir el acceso de las mujeres al fútbol. Mostró su apoyo a Muhammad Jatami, elegido presidente en mayo de 1997 y que había apostado por medidas aperturistas, entre ellas permitir que las mujeres pudieran hacer deporte sin ‘hijab’. Toda una ofensa para el gran líder del país de los ayatolás, Alí Hoseiní Jameneí.

El camino de Jatami encontró cada vez más piedras puestas por los sectores más conservadores del clero. Por ello, en 2004 Nasser Hejazi decidió que había llegado el momento y anunció que se iba a presentar a las elecciones presidenciales de 2005, en las que pretendía enfrentarse a Mahmud Ahmadineyad. Su popularidad encendió las alarmas entre los guardianes de la revolución, temerosos más que de una derrota electoral del germen de un levantamiento popular.

Así, el Consejo de Guardianes, que lo componen seis clérigos y seis juristas con el fin de proteger la ley islámica y la Constitución, ejecutó su derecho a veto a cualquier candidato a elecciones presidenciales, parlamentarias o a la Asamblea de Expertos. La explicación fue que carecía de experiencia política para ser candidato a nada.

El símbolo de la resistencia

Marcado ya como enemigo del régimen, la figura de Hejazi desapareció de la televisión iraní, pero a nadie se le escapó que su figura y su mensaje estaban detrás de la ‘revuelta’ de los jugadores de la selección de Irán cuando en 2009 decidieron jugar con pulseras verdes, el color que representaba las protestas en la calle. En las elecciones de ese mismo año se situó al lado del moderado Ali Akbar Hashemi Rafsanjani y del reformista Mir-Hossein Mousavi.

Ya muy enfermo, en abril de 2011, Hejazi criticó de manera abierta la reforma económica emprendida por Ahmadineyad, al que acusó de camuflar la pobreza de su país con la falta de protestas causadas por las medidas represivas.

El último adiós: Un funeral que desafió al régimen

Su muerte en la primavera de 2011 supuso otro momento de alerta para el gobierno de Teherán. Cerca de 20.000 personas se echaron a la calle para despedir al ídolo. La primera parte del funeral se desarrolló en el estadio Azadi y tal fue el fervor que se permitió la entrada al estadio de mujeres, entre ellas la hija del fallecido, entonces capitana de la selección femenina. El ataúd fue colocado en el área pequeña, la que tantas veces defendió mientras le dejaron.

Asustadas por los cánticos contra el gobierno en el estadio más grande de Irán, las autoridades decidieron trasladar de manera precipitada el cuerpo al cementerio de Behesht-e Zahra. Allí, en contra de la tradición, y a pesar de los intentos de Hossan Jomeini, nieto del hombre que lideró el derrocamiento del Sha, se prohibió que celebraran oraciones públicas y todo se tuvo que desarrollar en el interior de la morgue.

Consciente del peso del enemigo que se iba, Ahmadineyad emitió un comunicado de condolencia: «Se va una figura del fútbol, un hombre que ofreció valiosos servicios al deporte iraní». Ese día, los medios oficiales recuperaron la imagen de Nasser Hejazi, pero nada se dijo de su oposición al régimen de los ayatolás, el que ahora se tambalea.

El legado de un héroe

Tras su fallecimiento, en un popular programa deportivo televisivo, cuatro millones y medio de personas enviaron mensajes SMS de apoyo a las recientes posturas políticas de Hejazi, contrarias a los programas económicos del presidente Ahmadineyad. Y a los ayatolás comandados por Jamenei.

Nasser Hejazi no solo fue un portero legendario que defendió los colores de Irán en 61 ocasiones y participó en los Juegos de 1976 y el Mundial de 1978. Fue un hombre que se atrevió a desafiar al régimen cuando hacerlo significaba condena segura. Fue «Hejazi mardomi», el del pueblo, un símbolo de resistencia que sigue vivo en el corazón de los iraníes que sueñan con un país libre y democrático.


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