Golpe militar y dictadura en Argentina: 50 años de un pasado que no cesa
Han transcurrido 50 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976 contra Isabel Perón en Argentina. El llamado Proceso de Reorganización Nacional instauró un sistema de represión ilegal basado en secuestros, torturas y desapariciones forzadas de miles de personas. Todavía hoy quedan asuntos vigentes, dentro y fuera de Argentina. El historiador y catedrático Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano, aborda sus aspectos esenciales en ‘Golpe militar y dictadura en Argentina (1976-1983). Sur, paredón y después…’, una revisión exhaustiva recién publicada por Catarata.
El golpe que nadie temió: la paradoja de la democracia argentina
El historiador Carlos Malamud reflexiona sobre el contexto previo al golpe militar de 1976 en Argentina, un momento histórico que sigue generando debate y controversias medio siglo después. «Desde la perspectiva histórica, lo que se puso en auge fue la historia política: elecciones, parlamentos, el surgimiento de la democracia», explica Malamud. «Lo que afirmo en el libro es que el golpe fue posible en buena medida porque prácticamente nadie creía en la democracia. Ni la izquierda ni la derecha».
Esta afirmación resulta particularmente impactante al considerar que Argentina, a pesar de sus crisis políticas recurrentes, había mantenido un sistema democrático formal desde 1916, con breves interrupciones. Sin embargo, la crisis de 1975-1976 generó un ambiente propicio para el advenimiento de un régimen autoritario.
«Según el Latinobarómetro, hay porcentajes importantes de población que aceptarían un gobierno autoritario si resuelve sus problemas», señala Malamud. «Cuando se produce el golpe hay una mayoría social a favor». El historiador explica que se esperaba que los militares tomaran el poder, hicieran ajustes políticos, sociales, sindicales y económicos durante un periodo limitado, y luego devolvieran el poder.
La violencia como factor determinante
El elemento que transformó este escenario esperable en una tragedia sin precedentes fue la violencia. «En 1976 surgió un elemento adicional: la violencia. Violencia parapolicial por un lado y guerrillera por otro», explica el investigador. «Eso generó expectativas en la población de que los militares ‘pondrían orden’. Pero nadie esperaba las aberraciones que ocurrieron después».
Esta combinación de factores sociales, políticos y económicos creó un caldo de cultivo para el golpe militar. La incapacidad de Isabel Perón para controlar la situación, sumada a la crisis económica y la violencia política, generó un consenso tácito en torno a la necesidad de un «reordenamiento» del país.
La teoría de los dos demonios: un debate inconcluso
Uno de los aspectos más controvertidos del análisis histórico del período es la llamada «teoría de los dos demonios», que reconoce tanto la violencia de Estado como la ejercida por quienes intentaron resistirse. «Eso conecta con otro problema: el de las víctimas y su glorificación», afirma Malamud.
En Argentina, existe una discusión no resuelta sobre quiénes son las víctimas: si solo las de un bando o todas las afectadas por la violencia. «En España, con el tema de ETA, se avanzó en reconocer víctimas de distintos orígenes: tanto del terrorismo como del terrorismo de Estado. Pero esto debe hacerse sin glorificar al victimario», explica el historiador.
El problema central de los desaparecidos no es solo su condición de víctimas, sino que ninguno tuvo acceso a la justicia: no hubo juicio, ni defensa, ni proceso legal. «Es esa una de las grandes falacias del llamado Proceso de Reorganización Nacional», afirma Malamud.
Argentina, pionera en justicia transicional
A pesar de la tragedia, Argentina se convirtió en pionera en materia de justicia transicional. «Sí, pero eso es posterior, con el gobierno de Raúl Alfonsín», reconoce Malamud. «Ahí aparece una gran paradoja: Argentina fue pionera en la justicia transicional, en juzgar a los responsables de violaciones de derechos humanos».
Sin embargo, las heridas siguen más abiertas que en otros países como Brasil, Chile o Uruguay, donde ni siquiera se logró juzgar de forma tan clara a los responsables. Esta paradoja refleja la complejidad del proceso de memoria y justicia en Argentina.
El presenteismo y la política de los derechos humanos
Uno de los aspectos más criticados por Malamud es el uso político de la memoria histórica. «Durante los primeros 10 o 15 años tras la dictadura hubo un consenso social sobre los derechos humanos. Pero con la llegada de Néstor Kirchner, ese consenso se rompe», explica.
Se empieza a utilizar la política de derechos humanos con fines políticos. Por ejemplo, el acto en el Colegio Militar donde se descuelgan cuadros y se pide perdón en nombre del Estado, afirmando que gobiernos anteriores no hicieron nada, lo cual es falso y supone una deslegitimación de Alfonsín. «A partir de ahí surge el ‘presentismo’: el uso político del pasado».
Lecciones para el presente
El libro de Malamud ofrece lecciones fundamentales para el presente. «Hay una idea de Tzvetan Todorov que cito en el libro: ninguna causa noble justifica un acto innoble», afirma. «Si para acabar con la violencia se vulneran sistemáticamente los derechos humanos -como en el caso de Nayib Bukele-, estamos justificando lo injustificable».
El respeto a la ley y a las instituciones democráticas debe estar por encima de todo. «Si se vulnera, entramos en un proceso de degradación que termina destruyendo la democracia», advierte el historiador.
El papel del historiador en tiempos de reescrituras
En un contexto marcado por la memoria y las reescrituras históricas, Malamud defiende el papel del historiador. «El relato sobre el golpe está marcado por la memoria. Pero si queremos un juicio equilibrado del pasado, la historia debe aspirar al máximo rigor posible», afirma.
«No es una ciencia exacta, pero tampoco es lo mismo que la memoria. No hay una única memoria: cada grupo tiene la suya», explica. Los museos de la memoria son necesarios para transmitir el horror, pero deben intentar reconocer a todas las víctimas.
La memoria como campo de batalla
El debate sobre la memoria histórica continúa vigente. «Por ejemplo, en Chile, el Museo de la Memoria incluye también crímenes de la guerrilla. En Argentina eso no ocurre», señala Malamud. «Existe una apropiación y manipulación de la memoria vinculada al presentismo».
El caso de la Cité Universitaire en París ilustra esta tensión. El director de la Casa de Argentina prohibió un acto conmemorativo del golpe y retiró una placa conmemorativa sobre los desaparecidos. «Uno puede discutir el número, yo mismo planteo que necesita revisión, pero no se puede negar el golpe, las barbaridades de la dictadura ni la existencia de los desaparecidos», concluye Malamud.
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