La batalla energética por Almaraz: expertos desmontan el informe que pide su cierre y apuestan por la nuclear como garante del suministro

El debate sobre el futuro de la Central Nuclear de Almaraz ha vuelto a encenderse con fuerza en España. El grupo ecologista Greenpeace publicó recientemente un informe elaborado por el director de la Cátedra de Transición Energética de la URJC, Eloy Sanz, y el investigador de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) Víctor García Carrasco, en el que concluye que el cierre programado de la planta (la Unidad I en noviembre de 2027 y la II en octubre de 2028) y su sustitución por energías renovables serían «técnica, ambiental y económicamente más eficientes que su prórroga».

Sin embargo, expertos consultados por 20minutos muestran sus discrepancias con las conclusiones de este documento, cuestionando tanto su metodología como sus resultados. La batalla por el futuro energético de España se libra en los detalles técnicos, pero también en las implicaciones económicas y de seguridad que esta decisión conlleva.

El dilema falso de nuclear vs. renovables

Julián Mora, Catedrático de Ordenación del Territorio y Desarrollo Sostenible de la Universidad de Extremadura, critica duramente el planteamiento del informe: «Estos supuestos son conjeturas incompletas, lo que condiciona las conclusiones a las que han llegado y las orienta a un planteamiento sesgado e imprudente».

Para Mora, el problema fundamental radica en la premisa misma del estudio: «Plantea de antemano un dilema inexistente. O nuclear o renovables, pero en realidad ambas son necesarias y se pueden complementar. No tienen por qué ser contrarias. En todos los países hay un mix energético».

El experto es tajante al afirmar que España no puede renunciar a la energía nuclear sin haber resuelto los desafíos del almacenamiento y la intermitencia de las renovables: «¿Puede España renunciar a la nuclear sin haber resuelto los desafíos del almacenamiento y a la intermitencia de las renovables? Yo creo que no«.

El sobrecoste eléctrico, una cifra controvertida

Jorge Sanz, director asociado en NERA Economic Consulting, califica el análisis como «pésimo» y cuestiona directamente las estimaciones económicas presentadas. El informe sostiene que prolongar la vida de Almaraz supondría un sobrecoste acumulado de 3.831 millones de euros en la factura eléctrica entre 2028 y 2030.

Sanz es contundente: «Se lo han inventado». Junto a Mora, señala que el cálculo no considera adecuadamente el contexto futuro del consumo energético, especialmente el impacto de la digitalización y la Inteligencia Artificial: «No han tenido en cuenta que en poco tiempo habrá un salto estructural con la Inteligencia Artificial, los centros de datos, la electrificación…».

Además, critica la comparación realizada: «No se compara adecuadamente el coste operativo de una planta amortizada, sin deuda, con lo que sería ahora el desembolso necesario para instalar nuevos volúmenes de renovables».

La inversión en renovables, en punto muerto

El informe también estima que una prórroga de Almaraz podría provocar una pérdida de inversión en renovables de hasta 26.130 millones de euros entre 2026 y 2033. Sin embargo, Sanz argumenta que actualmente existe un estancamiento real en estas inversiones, motivado por dos factores clave.

En primer lugar, el apagón del 28 de abril de 2025 demostró que «un exceso de renovables es malo para la garantía del suministro. Cuando hay demasiadas a la vez, Red Eléctrica las quita, entonces, ¿quién va a invertir ahora en ellas?».

En segundo lugar, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) implementado por el Gobierno crea un escenario de sobreoferta futura: «A partir de 2030 existirá gran cantidad de potencia renovable, por lo que el precio así ‘se hundiría’». Esta perspectiva desincentiva las inversiones actuales, que solo se reactivarían con subvenciones gubernamentales.

La seguridad del suministro, el talón de Aquiles

Quizás el punto más crítico del debate se centra en la viabilidad técnica de reemplazar completamente la producción de Almaraz con renovables. El informe afirma que el 96,4% de la producción de la central podría cambiarse por renovables sin necesidad de utilizar gas, un elemento que según el documento sería indispensable para garantizar la firmeza en el suministro.

Ambos expertos consultados consideran esta afirmación inviable. Sanz la califica como «radicalmente falso, porque no sería estable». Mora coincide: «Es indispensable el uso del gas, porque, junto a la nuclear, es el único elemento que puede dotar al sistema de firmeza y estabilidad».

El apagón del 28 de abril de 2025 sirve como precedente clave: «Fue por un exceso de renovables, por un problema de control de tensión, pero actualmente las renovables no pueden hacer este control si no se utiliza este gas. Por eso es necesario».

Las emisiones, un cálculo contradictorio

En cuanto a las consecuencias climáticas, el documento presenta una conclusión paradójica. Reconoce que la prórroga de Almaraz generaría una reducción de emisiones entre 2028 y 2030, pero estima que a partir de 2030 se traduciría en una acumulación de entre 5,8 y 12,3 millones de toneladas métricas de CO2 adicionales respecto al cierre programado.

Sanz señala la incoherencia interna: «Primero dicen que usar renovables no requeriría gas, pero apuntan a que, a largo plazo, con la central cerrada, aumentaría la contaminación». Esta contradicción sugiere que incluso los autores del informe son conscientes de las limitaciones de su propuesta.

Conclusiones encontradas

A pesar de sus críticas, Sanz reconoce que el informe contiene «un aspecto bueno»: «Reconoce que si se prorroga la vida de Almaraz se podría bajar las emisiones y los precios. Son argumentos a favor».

La batalla por Almaraz no es solo técnica, sino también política y económica. Mientras Greenpeace aboga por un cierre inmediato y una transición acelerada hacia las renovables, los expertos consultados insisten en la necesidad de mantener un mix energético equilibrado que incluya la nuclear como garante de la seguridad del suministro y la estabilidad del sistema.

La decisión final sobre el futuro de Almaraz tendrá implicaciones profundas para el sistema eléctrico español, los precios de la energía, la seguridad del suministro y los objetivos climáticos del país. Mientras el debate continúa, la central sigue generando el 7% de la electricidad de España, recordándonos que las decisiones energéticas no se toman en el vacío, sino que tienen consecuencias reales para millones de ciudadanos.


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