El portero que se convirtió en mediocentro y revolucionó un campo de Segunda RFEF

El fútbol también guarda sus momentos más puros en campos modestos, en tardes de invierno donde el barro se mezcla con la fe y la imaginación todavía manda antes de que los sistemas lo calculen todo. En uno de esos escenarios ocurrió algo que casi nadie esperaba ver. Fue en Utebo, municipio aragonés que vive el fútbol sin ceremonia ni pretensión. Y lo que pasó allí terminó viajando mucho más lejos de lo que cualquiera imaginaba.

El partido que cambió el guion

El partido era de Segunda RFEF. El rival, el Ejea. El marcador, 0-2 en contra. El tiempo se escapaba con esa crueldad silenciosa que conocen bien quienes están del lado perdedor. Entonces el míster Juan Casajús tomó una decisión que llevaba semanas guardada en la cabeza: cambiar a su portero titular por el suplente, de otro perfil. Sacó a su arquero del banco en la ventana de cambios para realizar la técnica de ‘portero-jugador’ con uno más ajustado a esas características.

Ese guardameta era Pablo Puyod. Y lo que vino después convirtió una anécdota en historia. La idea no nació esa tarde. Llevaba tiempo esperando su momento.

«Esto es algo que me comentó el míster hace unas cuatro o cinco semanas», recuerda Puyod a MARCA. «Me dijo que si se daba la opción de que un partido fuéramos perdiendo por dos o tres goles, probarlo. Me preguntó si me atrevería a hacerlo y yo le dije que sí, que con total confianza que lo haría».

El plan que solo compartían dos

La ocasión apareció sin avisar. Solo el entrenador y el portero compartían el plan. En el descanso, con 0-1 en el marcador, Casajús lo contó en el vestuario: si el Ejea marcaba otro, el portero saldría.

«Los jugadores se quedaron un poco flipando», cuenta Puyod. Pero aceptaron.

El Ejea hizo el segundo. Y Puyod salió del área. «La verdad es que al principio estaba un poco nervioso porque no estaba del todo clara la idea», admite. Pero el cuerpo se acostumbra rápido cuando cambia el papel.

«En cuanto sales al campo y tienes que hacer ese papel de portero-jugador, ya llevas una adrenalina encima… yo estaba, por decirlo así, en mi salsa».

Diecisiete minutos de locura táctica

Fueron diecisiete minutos. Del 79 al 97. Diecisiete minutos con un portero convertido en mediocentro, constructor y conductor. Incluso defensor en campo contrario.

«Hubo una jugada en la que tuve que regatear o fijar al delantero», recuerda. «Eso es algo que llevamos haciendo durante mucho tiempo. Al final ya no me pongo nervioso. Es la adrenalina del momento».

Para el rival era desconcertante. Para la grada del Utebo, directamente inexplicable. Primero llegó el 1-2. Después, en el tramo final, el empate desde el punto de penalti. Un momento dramático, con un portero que ya jugaba en todas partes viendo cómo su equipo rescataba un partido que parecía perdido.

«Aunque el segundo gol es un penalti bastante polémico», matiza Puyod, «se vivió con mucha euforia».

La euforia que se volvió viral

La euforia no era solo por el punto. En Segunda RFEF cada punto pesa, pero lo que celebraba el campo era otra cosa: la rareza del momento, la sensación de que el fútbol todavía puede sorprender.

«Yo creo que nunca se había visto sacar un portero y que lo hiciera como portero-jugador, tipo fútbol sala», reflexiona. «Nos dio esa sensación de que era como si fuera una victoria».

Después llegaron las imágenes. El vídeo empezó a rodar entre aficionados aragoneses, saltó a cuentas futboleras, llegó a medios y cruzó fronteras. Diecisiete minutos de un campo de Segunda RFEF vistos en países donde quizá nadie sepa ubicar Aragón en el mapa.

«El vídeo se ha hecho muy viral», admite Puyod con naturalidad.

¿Puede verse algo así en el fútbol de élite?

La pregunta apareció enseguida: ¿puede verse algo así en el fútbol de élite? Puyod no lo descarta.

«Puede ser una nueva modalidad», dice. «Para muchos quizá es una tontería, pero si lo entienden bien se puede crear una superioridad en su campo». También reconoce el riesgo.

«Hay mucho riesgo porque cualquier pérdida puede acabar en una contra y en el gol definitivo». Por eso solo tiene sentido cuando el marcador aprieta y no queda nada que perder.

Si algún técnico se atreve algún día, él tiene candidatos claros:

«Ter Stegen podría hacerlo perfectamente. Y también Neuer, que es una referencia en el juego con los pies».

El fútbol modesto que aún sorprende

Mientras tanto, la vida sigue en Utebo. El equipo pelea por mantenerse arriba, con el playoff y el ascenso todavía en el horizonte pese a una temporada castigada por las lesiones. Y en ese campo modesto ya queda una escena que nadie esperaba: un portero jugando en campo contrario, el balón circulando alrededor y un partido que, durante diecisiete minutos, dejó de parecerse a cualquier otro.

Eso sí, esperan no volver a repetirlo «porque eso querrá decir que estamos perdiendo por dos goles o más».


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