Perros terapeutas contra el suicidio: el apoyo animal que salva vidas en España

El suicidio es la primera causa de muerte no natural entre adolescentes en España. Una realidad devastadora que, cada año, se cobra miles de vidas y deja tras de sí un rastro de dolor y desolación. Pero en medio de esta tragedia emerge una luz de esperanza: la terapia asistida con animales.

El sufrimiento silencioso detrás de cada estadística

Detrás de cada número hay una historia humana. En 2024, 3.953 personas fallecieron por suicidio en España, según el Instituto Nacional de Estadístico. Pero estas cifras no reflejan el sufrimiento emocional que precede a cada decisión fatal, ni las posibilidades de sanación que existen.

«Tras cada historia hay un dolor profundo, pero también la posibilidad de sanarlo a través de distintas intervenciones terapéuticas», explica Alexander Muela, doctor en Psicología y profesor en la Universidad del País Vasco.

La prevención como prioridad de salud pública

El Ministerio de Sanidad ha establecido un plan específico hasta 2027 para prevenir el suicidio, reconociendo que es la primera causa de muerte no natural entre adolescentes y jóvenes, superando incluso a los accidentes de tráfico. Este colectivo de edad es especialmente vulnerable, y precisamente en ellos se ha centrado una investigación pionera liderada por Muela junto a otros profesionales de la Universidad del País Vasco.

El poder terapéutico de los perros

La investigación realizada en la Universidad del País Vasco ha demostrado que la terapia con perros puede reducir significativamente la ideación suicida y las autolesiones no suicidas en jóvenes. «Después del tratamiento asistido con animales, los jóvenes mostraron reducciones en la ideación suicida y en las autolesiones no suicidas, así como una mayor predisposición a buscar ayuda», comenta Muela.

Este aumento en la percepción de que podían pedir ayuda si la necesitaban refleja un aumento de su confianza para explorar recursos de apoyo comunitarios en momentos de gran sufrimiento emocional.

Más allá de la compañía: un apoyo terapéutico especializado

Es fundamental entender que la intervención con perros nunca sustituye a los tratamientos psiquiátricos y/o psicológicos que precise cada paciente. Los animales especialmente preparados y entrenados favorecen la motivación y la adherencia al tratamiento.

«Cuando tú vas a trabajar con un joven que tiene que rememorar episodios relacionados con un intento de suicidio, podrás trabajar en los cambios cuando hay una regulación emocional. Si está hiperactivado, tienes que reducirle la activación, y el animal ayuda en ese proceso», destaca el investigador.

El simple contacto físico con un perro reduce la ansiedad, disminuye los marcadores de activación fisiológica como la hormona del cortisol, y reduce la frecuencia cardiaca. Son animales que incentivan los lazos afectivos y reducen los sentimientos de rechazo y estigmatización tan presentes en esta realidad.

El puente hacia la ayuda

En la asociación Hydra, de Getafe (Madrid), también trabajan la terapia asistida con animales, sobre todo en adolescentes en tratamiento por tentativas de suicidio. «El animal es un puente, un facilitador», asegura Carmen Castro, psicóloga especializada en terapia asistida con animales.

Los jóvenes que han pasado por esta dura experiencia suelen presentar desconexión emocional y aislamiento social. «Les enseñamos habilidades de este tipo, y saben que si en algún momento se encuentran mal lo pueden expresar, al igual que pedir ayuda, que es algo que no suelen hacer, muchas veces por miedo o vergüenza», confirma.

Lo primero que se busca es crear un vínculo con el animal. «Hay que buscar ese perro individual que encaje con esa persona específica», señala Castro. Cuando se produce esa conexión se derriba un gran muro: «Hablan con el animal, proyectan sus emociones, externalizan su sufrimiento. Entonces, el perro es como un mediador terapéutico, una figura de apego seguro para esa persona».

El apoyo tras el intento

Aunque la prevención es vital, también es esencial dar soporte especializado a quienes han sobrevivido a un intento de suicidio. La Cátedra de Investigación Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos ha creado un protocolo específico para este colectivo, actualmente en funcionamiento en la Unidad de Salud Mental de Adolescentes del Hospital Universitari Vall d’Hebron, de Barcelona.

Nuria Máximo Bocanegra, directora de la citada cátedra, explica cómo el protocolo está especialmente dirigido a personas que han sobrevivido a un intento de suicidio. «Estas personas suelen experimentar sentimientos de desconexión, inutilidad y aislamiento. En este contexto, las intervenciones asistidas con animales han demostrado efectos positivos en la reducción de la ansiedad, el estrés, el malestar psicológico, así como en el fortalecimiento del vínculo social y la motivación para el cambio».

Un espacio de seguridad en el hospital

Para el equipo médico que trata a estos adolescentes, la visita del perro y su guía es un soplo de aire fresco que cambia la dinámica del hospital. Los cuidadores les hablan mucho de los perros, les cuentan experiencias, realizan actividades de cuidado mutuo, o analizan las conductas de los perros para que los chicos puedan verse reflejados en ellos y trabajar esas situaciones desde el punto de vista emocional.

Estas intervenciones con animales actúan de manera complementaria, pero ofrecen a los ingresados un espacio de seguridad que valoran de forma muy positiva.

El camino por delante

A pesar de los resultados positivos, estos programas enfrentan dificultades de financiación. Necesitan sostener a los terapeutas, a los perros especialistas y también a los cuidadores de los perros. Además, existe cierta incomprensión social sobre el valor de estos servicios.

«No se trata de tener una mascota, con la que el vínculo es diferente, sino de crear un vínculo con el animal de terapia para sentirte seguro en estos procesos que son difíciles», insiste Muela.

El programa sale adelante con financiación externa a través de entidades o particulares que hacen donaciones, que nunca son suficientes, pero que sirven para dar soporte a un colectivo muy vulnerable ante el que los animales han demostrado, una vez más, su poder terapéutico.

Si tienes pensamientos suicidas o consideras que alguien de tu entorno está en riesgo, puedes llamar al teléfono 024 de atención a la conducta suicida, que es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas del día. También al 112. Otros recursos de apoyo son el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y el teléfono de la Fundación ANAR, que ayuda a niños y adolescentes (91 726 27 00).


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Frases destacadas para compartir: «Los perros terapeutas no reemplazan el tratamiento médico, pero sí motivan a los jóvenes a buscar ayuda». «Cuando un joven se conecta con un perro, se abre la puerta para expresar su dolor». «El vínculo con un animal de terapia puede ser la diferencia entre el aislamiento y la búsqueda de ayuda». «Detrás de cada estadística de suicidio hay una historia humana que merece ser escuchada».

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