En un giro que ya se siente como un nuevo capítulo de la saga comercial de Donald Trump, el expresidente firmó este viernes 20 de febrero una orden ejecutiva que restablece un arancel de importación temporal, presentándolo como un mecanismo para «corregir desequilibrios estructurales en el sistema de pagos internacionales» y «rebalancear» las relaciones comerciales de Estados Unidos con el resto del mundo.
El anuncio llega apenas días después de que la Corte Suprema de Estados Unidos bloqueara su anterior política arancelaria, una decisión que había frenado en seco la aplicación de medidas comerciales unilaterales que, según la administración, buscaban proteger la industria nacional y reducir el déficit comercial. Ahora, con este nuevo decreto, Trump intenta sortear el obstáculo judicial y mantener vigente su agenda proteccionista.
El documento, que ya circula entre despachos gubernamentales y medios especializados, establece una tasa temporal sobre importaciones de bienes considerados estratégicos, incluyendo acero, aluminio y ciertos productos electrónicos. Según la Casa Blanca, la medida es «necesaria para enfrentar prácticas comerciales desleales» y «preservar la competitividad de la industria estadounidense».
Para entender las implicaciones de esta nueva orden, conversamos con Arturo Porzecanski, economista e investigador en la American University de Washington. «Esta es una jugada política clásica de Trump: cuando una puerta se cierra, abre otra ventana», explica Porzecanski. «El problema es que, desde el punto de vista económico, los aranceles temporales suelen generar más incertidumbre que beneficios reales. Las empresas no pueden planificar a largo plazo si no saben si las tarifas estarán vigentes dentro de seis meses».
El economista también advierte sobre el riesgo de represalias comerciales. «Otros países no se quedarán de brazos cruzados. Ya hemos visto cómo China, la Unión Europea y México respondieron con sus propias medidas en el pasado. Esto puede desencadenar una guerra comercial que afecte a sectores enteros de la economía estadounidense».
La orden ejecutiva ha generado reacciones encontradas. Mientras que sindicatos y sectores industriales la reciben como un triunfo para la protección de empleos, organizaciones de exportadores y cámaras de comercio advierten sobre el riesgo de perder mercados externos y encarecer los insumos para la industria nacional.
En el ámbito político, la medida ha sido aprovechada por aliados de Trump para reforzar su discurso de «América primero», mientras que sus críticos la califican de «populismo arancelario» que, según dicen, podría dañar la economía a mediano plazo.
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