La fragilidad de las alianzas de Putin: Trump liquida a sus aliados mientras Rusia observa impotente
En un giro dramático que ha dejado al Kremlin desconcertado, el presidente ruso Vladímir Putin asiste impotente a cómo Donald Trump desmantela sus alianzas estratégicas en todo el mundo, demostrando que el poderío estadounidense no necesita socios cuando cuenta con Wall Street y el ejército más poderoso del planeta.
El fin de un idilio que nunca existió
Hace apenas un año, Rusia celebraba lo que creía sería un nuevo orden mundial con Trump en el poder. La élite rusa y su maquinaria propagandística insistían en que el magnate neoyorquino no podía ser peor que el «demonizado» Joe Biden y que podrían negociar el reparto de medio mundo en zonas de influencia con un político que, según ellos, compartía su desdén por los valores democráticos.
Pero Trump ha demostrado a Putin que no necesita socios cuando ya tiene a Wall Street y el ejército más poderoso del planeta de su parte.
El efecto dominó de la política de «tierra quemada»
Los dos últimos meses han dejado desnuda la debilidad de las alianzas rusas en el exterior:
- Nicolás Maduro, el presidente venezolano que Rusia consideraba su bastión en América Latina, ha sido secuestrado por fuerzas especiales estadounidenses.
- Alí Jameneí, el ayatolá iraní que firmó un acuerdo de defensa mutua con Moscú, ha sido muerto en un ataque que violó todas las normas internacionales.
- Cuba, el histórico aliado caribeño, se encuentra asediada por la presión económica de Washington.
- Armenia, tradicionalmente en la órbita rusa, está poniendo sus ojos en Washington tras años de abandono por parte de Moscú.
- Los petroleros rusos bajo sanciones han sido asaltados por las fuerzas especiales estadounidenses en aguas internacionales.
- Clientes clave como la India están acatando las nuevas prohibiciones de la Casa Blanca, rompiendo décadas de relaciones comerciales.
La impotencia rusa ante el golpe a Irán
«Se ha acabado con ellos [Jameneí y varios familiares] en una cínica violación de todas las normas de la moral humana y del derecho internacional», ha lamentado Putin este domingo a través de una carta de pésame dirigida a la presidencia iraní.
Como sucedió con Venezuela en enero, esta misiva solo incluía palabras de solidaridad, ninguna promesa de apoyo real a su aliado, pese a que hace un año Irán y Rusia también firmaron un acuerdo de defensa mutua.
«Las partes cooperarían para contrarrestar las amenazas militares comunes y las amenazas a la seguridad de carácter bilateral y regional», recogía el tratado de 47 puntos sellado con Teherán, un pacto similar a los rubricados por Putin con Venezuela y Corea del Norte.
Sin embargo, en el momento decisivo poco ha podido hacer Rusia por Irán al estar totalmente enfrascada en su propia guerra.
El dilema estratégico de Moscú
La desestabilización de Irán puede tener graves repercusiones para Rusia. Uno de los jefes de los equipos negociadores de Putin, el empresario Kirill Dmítriev, ha intentado convencer en las redes sociales de que esta crisis encarecerá el mercado petrolero internacional, lo que beneficiará a las arcas rusas.
«Más de 100 dólares [84,6 euros] por barril pronto», ha manifestado el jefe del Fondo de Inversión Directa ruso en su perfil de X.
Sin embargo, la realidad es más compleja.
Rusia elude las sanciones occidentales a través del llamado corredor Norte-Sur, una ruta marítima y terrestre que conecta Rusia con la India a través de Azerbaiyán e Irán. Si el país de los ayatolás queda sumergido en una guerra, la exportación petrolera rusa se verá gravemente comprometida.
El pacto con el diablo que se vuelve en su contra
Putin se encuentra ante un dilema. Enfrascado en una guerra de desgaste en su obsesión de hacer capitular a Ucrania, quiere que el Gobierno estadounidense se ponga de su parte mientras observa impotente cómo Trump destruye sus alianzas en el resto del planeta.
Y dentro de Rusia preocupa una política exterior cada vez más contradictoria.
En los canales de Telegram rusos, desde la oposición democrática a los sectores ultranacionalistas, se ha viralizado este fin de semana una rueda de prensa que concedió Putin después de que Israel y Estados Unidos atacasen Irán el año pasado.
Preguntado por un teórico intento de asesinato contra Jameneí, Putin se puso a la defensiva para no criticar a Trump. «No voy a discutir esta posibilidad, no quiero», dijo el mandatario ruso visiblemente consternado por la pregunta.
El fin de la ilusión Trump-Putin
La muerte del ayatolá iraní podría tener un profundo impacto en las futuras negociaciones. Putin, buscado por el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra, se atrevió en agosto del año pasado a pisar una base estadounidense en Alaska para reunirse con Trump.
Pocos meses después, el mandatario ruso ha visto cómo la Casa Blanca capturaba a Maduro y mataba a Jameneí por no ceder a sus exigencias.
Además, ya no cala entre los rusos que el abandono de sus aliados vaya a tener una contraprestación en su guerra contra Kiev. «¿Ya se ha lanzado una campaña anticrisis en torno a un ‘plan astuto’ que dice ‘nosotros entregamos Irán y ellos nos entregan Ucrania’? ¿O no?», ha ironizado por ejemplo un conocido bloguero militar ruso, Volodímir Romanov, en su canal de Telegram.
El Kremlin eleva el tono, pero sin convicción
Vladímir Putin se deshizo en elogios hacia Trump varias veces el año pasado. «Siento un gran respeto por el actual presidente de Estados Unidos. Ha recorrido un largo, difícil y peligroso camino para regresar al poder y a la Casa Blanca. Todos lo sabemos bien», decía el mandatario ruso hace poco más de medio año acerca de «un hombre valiente» que, a sus ojos, había logrado superar la supuesta persecución judicial de los demócratas.
Pero estas palabras aduladoras hacia Washington no han inclinado la guerra del lado ruso.
Aunque Trump ha presionado al extremo a Kiev para firmar una paz rápida y ha dejado de suministrarle armas directamente, no le ha retirado ni el apoyo de sus servicios de inteligencia ni la venta de armamento a través de los países europeos. Y el frente sigue enquistado sin victorias estratégicas para Rusia.
La traición final
La intromisión de Trump en lo que Moscú consideraba sus esfera de influencia ha provocado que el Kremlin eleve ligeramente el tono en el último mes.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, equiparó el Gobierno estadounidense actual con su odiado predecesor al afirmar que la política de Trump «es bidenismo como el agua clara».
Por su parte, Putin, hasta ahora indeciso al confrontar públicamente al presidente norteamericano, ha tardado apenas 24 horas en acusarle de violar todas las normas internacionales.
Asimismo, con las conversaciones sobre Ucrania estancadas de fondo, el Ministerio de Exteriores ruso ha insinuado por primera vez que Washington no se toma sus negociaciones en serio.
«La magnitud y la naturaleza de los preparativos militares, políticos y propagandísticos que precedieron a esta temeraria acción, incluido el despliegue de una gran fuerza militar estadounidense en la región, no dejan lugar a dudas de que se trató de un acto de agresión armada planificado», subrayó este sábado la diplomacia rusa.
Palabras clave virales:
- Trump liquida aliados
- Putin impotente
- Maduro secuestrado
- Jameneí asesinado
- Rusia traicionada
- Corredor Norte-Sur
- Guerra Ucrania estancada
- Trump vs Putin
- Alianzas estratégicas destruidas
- Rusia sin socios
- Crisis petrolera rusa
- Trump tierra quemada
- Putin dilema
- Irán desestabilizado
- Venezuela capturada
La era de las alianzas de conveniencia ha terminado. Trump ha demostrado que en el nuevo orden mundial, el poder absoluto no necesita socios, solo subordinados. Y Rusia, a pesar de su retórica desafiante, se ha convertido en el primero de la lista.
,


Deja una respuesta