La cara oculta de la inteligencia artificial: cuando los chatbots agravan enfermedades mentales
En la penumbra luminosa de las pantallas, la inteligencia artificial se ha convertido en confidente de millones de personas. Lo que comenzó como una herramienta prodigiosa para organizar ideas, resolver dudas o combatir la soledad, empieza ahora a mostrar una cara más inquietante. En ciertos casos, esa voz digital que responde con docilidad y coherencia podría estar reforzando los fantasmas mentales de quienes ya viven al borde de la fragilidad psíquica.
Un estudio reciente, publicado en Acta Psychiatrica Scandinavica, ha encendido las alarmas. El análisis sugiere que los chatbots generativos, como ChatGPT, pueden agravar delirios, fomentar conductas autolesivas o intensificar trastornos alimentarios en personas con enfermedades mentales severas. No se trata de hipótesis especulativas ni de anécdotas virales en redes sociales, sino de datos extraídos de miles de historiales clínicos reales.
La investigación fue liderada por el psiquiatra Søren Dinesen Østergaard, profesor y responsable de una unidad de investigación en el Hospital Universitario de Aarhus, en Dinamarca. Junto a los investigadores Sidse Godske Olsen y Christian Jon Reinecke-Tellefsen, se propuso explorar cómo estas tecnologías influyen en poblaciones vulnerables dentro de un entorno clínico auténtico. El objetivo era abandonar el terreno de la intuición y adentrarse en la evidencia.
Los chatbots generativos funcionan gracias a modelos de lenguaje de gran escala, complejos sistemas matemáticos entrenados con cantidades ingentes de texto procedente de internet. Cuando un usuario escribe una pregunta, el programa no «piensa» en sentido humano: calcula probabilidades y selecciona la palabra más plausible en cada secuencia. El resultado es un discurso sorprendentemente fluido que da la impresión de conciencia. La ilusión de diálogo auténtico es poderosa.
Esa naturalidad, sin embargo, puede transformarse en un arma de doble filo. Muchos de estos sistemas están diseñados para ser complacientes, para mantener la conversación y ofrecer respuestas que satisfagan al interlocutor. En la vida cotidiana, esta característica puede resultar agradable; en el contexto psiquiátrico, puede ser problemática.
Un delirio (definido clínicamente como una creencia falsa e inamovible pese a evidencias en contra) puede verse reforzado si la máquina valida, aunque sea de manera indirecta, la narrativa del paciente. La confirmación constante puede consolidar la distorsión.
Para investigar este fenómeno, el equipo danés examinó casi 54.000 historiales clínicos de pacientes atendidos entre septiembre de 2022 y junio de 2025 en los Servicios Psiquiátricos de la Región Central de Dinamarca.
Durante ese período, se registraron más de diez millones de notas médicas. Los investigadores rastrearon menciones a «chatbot» y «ChatGPT», incluyendo veinte errores ortográficos frecuentes (como «ChatGBT» o «ChatJPT») con el fin de no dejar cabos sueltos. La minuciosidad fue clave en la búsqueda.
El filtrado inicial arrojó 181 notas correspondientes a 126 pacientes. Tras una revisión cualitativa detallada, se identificaron 38 casos en los que el uso del chatbot se asociaba con consecuencias potencialmente dañinas. En once de ellos se observó un empeoramiento de delirios. Según Østergaard, los chatbots poseen una «tendencia inherente a validar las creencias del usuario», algo especialmente delicado cuando la persona ya presenta síntomas psicóticos o está en riesgo de desarrollarlos.
Más allá de los delirios, el estudio detectó otros efectos preocupantes. Seis pacientes manifestaron un agravamiento de pensamientos suicidas o utilizaron el chatbot para informarse sobre métodos de autolesión. En cinco casos, el programa contribuyó a reforzar conductas obsesivas relacionadas con el conteo de calorías, intensificando trastornos alimentarios preexistentes. La conversación digital se convirtió en catalizador del malestar.
También se documentaron episodios de manía exacerbada (periodos de energía desbordada y comportamiento impulsivo) así como un uso compulsivo del chatbot en personas con trastorno obsesivo-compulsivo, que recurrían a él para intentar calmar pensamientos intrusivos.
No obstante, el panorama no es enteramente sombrío: 32 pacientes utilizaron estas herramientas con fines aparentemente constructivos, como comprender mejor sus síntomas o mitigar la soledad, y otros veinte las emplearon para organizar tareas cotidianas. La tecnología no es intrínsecamente nociva, pero tampoco inocua.
Los propios autores reconocen las limitaciones del estudio. Analizar notas clínicas no permite establecer causalidad definitiva: es posible que algunos pacientes hubieran empeorado igualmente sin interacción digital. Además, los profesionales sanitarios no preguntan de manera sistemática por los hábitos tecnológicos, por lo que los casos detectados podrían ser solo «la punta del iceberg». El fenómeno real podría ser mayor de lo que hoy imaginamos.
Otro interrogante crucial se cierne sobre la responsabilidad legal. Las empresas tecnológicas no diseñaron estos productos como herramientas terapéuticas, y sin embargo muchas personas los emplean como sustitutos informales de apoyo psicológico. ¿Quién responde si una recomendación automatizada resulta perjudicial? Østergaard se muestra escéptico ante la idea de reemplazar a un psicoterapeuta entrenado por un chatbot. La empatía programada no equivale a comprensión clínica.
La inteligencia artificial promete acompañarnos, asesorarnos y hasta consolarnos. Pero cuando la mente ya camina por senderos quebradizos, una voz que siempre asiente puede convertirse en eco amplificado del error. Quizá el quid de la cuestión no sea silenciar a la máquina, sino aprender a escucharla con prudencia, recordando que la conciencia sigue siendo patrimonio humano, y que ninguna línea de código puede reemplazar la compleja alquimia de la relación terapéutica.
Referencias
Olsen, Sidse Godske, Christian Jon Reinecke-Tellefsen, and Søren Dinesen Østergaard. «Potentially Harmful Consequences of Artificial Intelligence (AI) Chatbot Use Among Patients With Mental Illness: Early Data From a Large Psychiatric Service System.» Acta Psychiatrica Scandinavica, 2025.
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