París se propone demoler su «muro invisible»: el plan para transformar el Boulevar Périphérique en un bulevar verde y humano

En el corazón de la capital francesa late una arteria de asfalto que durante décadas ha funcionado como un muro invisible, separando el París de dentro del París de fuera, el de los privilegios del de los olvidados. El Boulevard Périphérique, esa circunvalación de 35 kilómetros que emula a la M-30 madrileña, está llamado a dejar de ser un símbolo de división urbana para convertirse en un espacio de encuentro, verde y accesible. El nuevo equipo de gobierno socialista, liderado por Emmanuel Grégoire, ha puesto sobre la mesa un plan ambicioso: reconvertir esta autopista urbana en un verdadero bulevar, con carriles bici, pasos de peatones y una velocidad reducida a 30 km/h.

Una historia de muros y autopistas

La historia del Périphérique está marcada por la paradoja. Se construyó sobre los restos del muro de Thiers, una fortificación defensiva terminada en 1844 que, a principios del siglo XX, era ya completamente inútil y dificultaba el acceso al interior de la ciudad. Sin embargo, en lugar de eliminar esa barrera, París decidió sustituirla por otra: una carretera que, con el tiempo, se ha convertido en un nuevo muro, no de piedra, sino de hormigón y asfalto.

Esta transformación no es exclusiva de París. Madrid vivió un proceso similar con la M-30, que rápidamente quedó absorbida por la propia ciudad, creando una autopista urbana que ha generado problemas de contaminación, ruido y cohesión social. La capital española ha intentado paliar estos efectos con proyectos como Madrid Río, que enterró parte de la M-30, y la reciente cubierta del paso de Ventas.

Los problemas de una autopista urbana

El Périphérique ha generado una serie de problemas que van más allá del tráfico. Por un lado, la contaminación ambiental, tanto por las emisiones de los vehículos como por el ruido generado. Por otro, los problemas sociales, con un muro arquitectónico que dificulta el paso peatonal o en bicicleta y que rompe la cohesión interna de la ciudad.

Durante la alcaldía de Anne Hidalgo, la ciudad tomó medidas para reducir el tráfico en el centro, como la multiplicación de carriles bici, la reducción de trayectos que pasan por el interior de la ciudad y el castigo a los vehículos más contaminantes. Sin embargo, el Périphérique seguía siendo un problema pendiente.

El plan para transformar el Périphérique

El nuevo gobierno de París quiere ir más allá. Su plan pasa por reconvertir el actual cinturón de circunvalación en un bulevar urbano, con las siguientes características:

  • Velocidad limitada a 30 km/h: En lugar de los actuales 50 km/h, se reducirá la velocidad para calmar el tráfico y hacer el espacio más seguro para peatones y ciclistas.
  • Carril bici que la recorra entera: Se creará un carril bici continuo que permita a los ciclistas moverse por toda la ciudad sin tener que atravesar el Périphérique.
  • Espacio para el peatón: Se destinarán zonas específicas para el tránsito de peatones, con pasos de cebra semaforizados en lugar de puentes elevados.

Este plan cuenta con el apoyo de los partidos ecologistas parisinos, que ven en él una oportunidad para romper el modelo de autopista circular y crear un espacio más humano y accesible.

Los desafíos por delante

Transformar el Périphérique no será tarea fácil. El proyecto se enfrenta a varios desafíos:

  • Burocracia: El proceso de aprobación y ejecución del plan puede verse retrasado por trabas administrativas.
  • Oposición de conductores: La reducción de velocidad y la creación de carriles bici pueden ser vistas como un ataque a los conductores, generando resistencia.
  • Seguridad: La instalación de semáforos y pasos de cebra en una vía de alto tráfico plantea desafíos de seguridad que deben ser cuidadosamente considerados.

A pesar de estos desafíos, el nuevo equipo de gobierno está decidido a llevar a cabo el plan. Su objetivo es tenerlo terminado antes de que termine su mandato, de manera que los primeros años de la próxima década, París haya cambiado la morfología de este espacio por completo.

Un símbolo de cambio

La transformación del Périphérique no es solo un proyecto de infraestructura. Es un símbolo de cambio, una declaración de intenciones de que París quiere ser una ciudad más verde, más humana y más justa. Es un reconocimiento de que las ciudades no pueden seguir creciendo de forma descontrolada, que es necesario replantearse el papel de las carreteras en el tejido urbano y buscar alternativas más sostenibles.

El Périphérique, ese muro invisible que durante décadas ha dividido París, está llamado a convertirse en un puente, en un espacio de encuentro donde los ciudadanos puedan moverse libremente, sin importar si viven dentro o fuera de la antigua muralla. Es un proyecto ambicioso, pero necesario, si queremos ciudades más habitables y sostenibles para las futuras generaciones.


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