El fantasma de la repetición electoral acecha a España: Vox, el gran obstáculo para la gobernabilidad
Si usted es castellano-leonés, probablemente hoy se dirige a las urnas con un nudo en el estómago. No es para menos. La sensación de que su voto puede ser un gesto inútil, un acto simbólico sin consecuencias reales, planea sobre estas elecciones autonómicas como una nube negra. ¿El motivo? El miedo a que, pasadas unas semanas, si no se logra investir a un presidente, se vea obligado a volver a las urnas. Exactamente con el mismo propósito que hoy. Y con un resultado probablemente parecido.
¿Para qué sirve votar si el resultado no se materializa? ¿Para qué sirve la democracia si unos pocos partidos deciden bloquear el proceso por mero tacticismo político? La ley regula estas repeticiones, es cierto. Pero el buen sentido aconseja no abusar de ellas. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en varias comunidades autónomas españolas, donde Vox se ha erigido en el gran obstáculo para la gobernabilidad.
El caso más paradigmático es el de Extremadura, donde en diciembre pasado las elecciones dieron la victoria a la popular María Guardiola, con 29 escaños, por debajo de la mayoría absoluta. Para gobernar, necesitaba el apoyo de Vox, que obtuvo 11 escaños. Aquel intento ha sido hasta ahora inútil. El voto negativo de los ultras –y el del PSOE– tumbó dos veces la investidura de Guardiola, y el fantasma de la repetición gana cuerpo.
Pero Vox y el PSOE tenían razones distintas para su negativa. El PSOE recibe a diario insultos del PP, que en cambio proclama su «total» voluntad de acuerdo con Vox. Dos modos distintos de hacer amigos. Mientras tanto, los extremeños se ven abocados a una situación de bloqueo que nadie parece querer resolver.
El caso de Aragón es similar. Pasado un mes largo desde las autonómicas, ya se han constituido allí las Cortes y su mesa. El viernes se formalizó la candidatura de Azcón a presidir la comunidad. Veremos qué ocurre. Porque si antes del 3 de mayo no hubiera investidura, sería preciso disolver la Cámara y repetir elecciones.
Vox ya ha exhibido en Extremadura su afición dilatoria y repetidora. A efectos prácticos, ha considerado tiempo muerto el lapso transcurrido desde las elecciones de diciembre. Ha preferido esperar al resultado de las elecciones de Castilla y León para decidir en otras comunidades. Así gestionan los ultras el sufragio popular y nuestro presente.
Repetir no suele ser una acción brillante. Lo que se repite ya es sabido. Los niños repiten lo que dicen los mayores cuando carecen de ideas propias. Los notables del PP repiten, disciplinados, lo que dicta Génova. Los loros repiten cualquier cosa. Llamamos repetidores a los estudiantes obtusos, vagos o despistados que han suspendido el curso y lo repiten. Es cierto que hay acepciones de otro signo: se puede repetir sin desdoro cuando la paella está muy rica… pero a riesgo de que nos repita a media tarde. En general, pues, repetir no es la mejor opción. Tampoco en política, porque el mundo no se para y cambia de continuo las prioridades de la gestión pública.
Pero Vox va a lo suyo, como si opinara lo contrario. Su líder le tiene ojeriza suficiente a Guardiola como para obligar a los extremeños a volver a votar. A Azcón le tiene menos, ya veremos cómo acaba allí la negociación. Y veremos qué ocurre en Castilla y León, en función de los resultados que se conocerán esta noche. Los sondeos anuncian que el PP necesitará también allí el apoyo de los ultras. Es de suponer que a cambio del oro y el moro.
Es decir, Vox seguirá presionando al PP para que integre en el programa de gobierno más propuestas reaccionarias del suyo. Si no lo logra, acaso insista en su menú de obstrucción y repeticiones, que le viene bien para seguir fuera de los ejecutivos, sin desgastarse, en una coyuntura de auge global para el populismo, que su líder ameniza aprovechando el 8-M para presentar a Isabel la Católica como «la mujer más grande de la historia». (Esta vez, ¡ay!, sin repetición posible.)
Todo ello, con la vista puesta en las andaluzas de junio, cuyas encuestas vaticinan la pérdida de la mayoría absoluta del PP y su dependencia de Vox, además de otra caída socialista. Y con la vista puesta en las generales, tras las cuales si un PP triunfante volviera a depender de Vox, acaso sería toda España, y no solo las autonomías, la que podría enfrentarse a repeticiones electorales.
Repetir y repetir: algunos no quieren aprender. Entretanto, la vida pasa.
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Con esta información, queda claro que Vox se ha convertido en el gran protagonista de la política española, no por sus propuestas, sino por su capacidad para bloquear y repetir. Mientras tanto, los ciudadanos se preguntan si su voto realmente sirve para algo. La respuesta, por desgracia, parece ser no. Al menos, no mientras Vox siga empeñado en su estrategia de obstrucción y repetición.
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