En una revelación que ha sacudido el panorama político español, el diario El Mundo ha destapado un procedimiento interno en Vox que, lejos de los formalismos habituales en la gestión de partidos políticos, se desarrolla en el ámbito más informal posible: un chat de WhatsApp. Según la investigación del periodista Juanma Lamet, la formación de ultraderecha aprobó sus Presupuestos para 2025 a través de un documento de apenas dos páginas compartido en un grupo interno del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), el órgano de gobierno del partido.

El proceso, tal y como se detalla en la información, comenzó con un mensaje del vicepresidente y secretario general, Ignacio Garriga, quien envió al chat «CEN de VOX» un resumen de las cuentas previstas para el año siguiente. El documento, de escasa extensión, incluía una portada y un cuadro con las cifras principales: más de 14 millones de euros en ingresos y gastos previstos. Garriga acompañó el envío de un breve texto: «Estimados compañeros del Comité Ejecutivo Nacional. El Comité de Gestión nos envía el presupuesto para su aprobación, que, en su caso, el tesorero nos detallará y se ratificará en la reunión que celebraremos en enero. Aprovecho para desearos una feliz Navidad, un buen final de año y un mejor 2025. Saludos.»

La respuesta de los miembros del CEN no pudo ser más rápida y laxa: mensajes como «Ok», «adelante» o emojis con el pulgar hacia arriba bastaron para dar luz verde a las cuentas. En menos de una hora, se alcanzó la mayoría absoluta necesaria, y el líder del partido, Santiago Abascal, agradeció el trabajo: «Gracias al tesorero y a todos los implicados por su trabajo incansable y preciso.»

Sin embargo, la sorpresa no termina ahí. Según El Mundo, en la reunión de enero prometida por Garriga tampoco hubo un debate profundo sobre las cuentas. En su lugar, se presentó simplemente una presentación de PowerPoint sin explicaciones detalladas. Este hecho alimenta las críticas internas que señalan que en el CEN no existe un verdadero intercambio de ideas ni deliberación: «En el CEN no se delibera, no se decide nada. El que manda es Kiko Méndez-Monasterio. Él es el administrador de hecho de Vox», afirman fuentes del partido.

La polémica se ha avivado aún más con la respuesta del diputado y exgerente de Vox, Juan José Aizcorbe, quien ha salido al paso de la información asegurando que los Presupuestos sí se aprueban en las reuniones del CEN. Aizcorbe, que ocupó el cargo de gerente entre 2019 y 2023, ha explicado que «las cuentas se envían por WhatsApp y se da el ‘ok’ a verlas. Después se reúne la gente y se aprueban», en un intento por matizar la versión ofrecida por El Mundo.

Pero el asunto no termina con la forma en que se aprobaron las cuentas. El documento revela otro dato llamativo: el 73% de los ingresos previstos de Vox para 2025 eran públicos, es decir, 10,7 millones de euros procedentes de subvenciones estatales a partidos. Una cifra que contrasta irónicamente con la postura oficial de la formación, que aboga por eliminar estas ayudas si llega al poder.

Esta revelación ha generado un intenso debate sobre la transparencia y la seriedad con la que Vox gestiona sus recursos, así como sobre el verdadero funcionamiento interno de la formación. Mientras algunos ven en este procedimiento una muestra de modernidad y agilidad, otros lo interpretan como una falta de rigor y un síntoma de la concentración de poder en manos de unos pocos.

En un contexto político marcado por la polarización y la desconfianza, el caso de los Presupuestos de Vox aprobados por WhatsApp se ha convertido en un símbolo de las contradicciones y los métodos poco convencionales que caracterizan a la ultraderecha española. La pregunta que queda en el aire es si este tipo de prácticas son el futuro de la política o simplemente un reflejo de la falta de institucionalización de un partido que, pese a su crecimiento, sigue funcionando más como un proyecto personal que como una organización democrática.


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