Chiapas: El Cerco Sanitario que Detuvo al Sarampión

En el corazón de los Altos de Chiapas, donde la niebla se enreda entre pinos centenarios y las veredas se pierden en montañas empinadas, un grupo de enfermeras avanza con determinación. Entre sus manos, una hielera azul se convierte en el símbolo de una batalla que no se libra con armas, sino con vacunas y voluntad.

El Tercer Lugar que No Quieren Ocupar

Chiapas acumula 573 casos confirmados de sarampión y 20 activos, posicionándose como el tercer estado con más contagios a nivel nacional, solo por debajo de Chihuahua y Jalisco. Pero detrás de esas cifras hay una historia de resistencia comunitaria y estrategia territorial que está cambiando el curso de la epidemia.

«El brote más importante lo tuvimos, hay que decirlo, en lo que es San Cristóbal, Zona Altos, en Chalchihuitán, Chenalhó y Mitontic», reconoce Omar Gómez Cruz, secretario de Salud del estado. El primer caso fue importado en julio y bloqueado en Tuxtla Gutiérrez, pero la transmisión comunitaria comenzó después en Mitontic, donde la cobertura vacunal no alcanzaba el 40 por ciento.

Puerta por Puerta: El Método que Está Funcionando

La respuesta fue inmediata y territorial. Brigadas desplegadas en 18 municipios, bloqueos vacunales ampliados más allá de lo que marcan los lineamientos federales. Más de un millón 200 mil dosis de SR y SRP han sido aplicadas.

«Hicimos el doble de lo que marca el lineamiento federal», afirma Gómez Cruz con orgullo. Y los resultados hablan por sí solos: en menores de seis años, la cobertura alcanza hasta el 99 por ciento. El grupo más rezagado es el de 13 a 49 años, pero el secretario asegura que «Chiapas está disminuyendo los casos de sarampión. Está en contención, no hemos tenido casos explosivos».

El Precio de la Desconfianza

Pero el camino no ha sido fácil. En municipios como Pantelhó, Chalchihuitán y Chenalhó, el ingreso institucional estuvo históricamente condicionado por conflictos internos, estructuras comunitarias de decisión y, en años recientes, contextos de violencia.

«Pantelhó es de los municipios a los que más pudimos entrar. Ya pudimos vacunar completamente Pantelhó. Una cosa que no se podía hacer desde hace 10 años en Chiapas», celebra Gómez Cruz. El acceso requirió asambleas comunitarias y acuerdos previos. «Entramos bajo sus condiciones. Hay lugares donde nos dejan entrar casa a casa, pero generalmente nos concentramos en el parque o en las escuelas».

San Andrés Larráinzar: Donde la Historia se Repite

Las brigadas volvieron a San Andrés Larráinza, territorio de resistencia que ahora permitió su ingreso para contener el brote. Aquí, en 1996, el gobierno federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional firmaron los Acuerdos de San Andrés, un compromiso político para reconocer derechos y cultura indígena tras el levantamiento armado de 1994.

Hoy, tres décadas después, el territorio sigue siendo referencia obligada cuando se habla de autonomía, usos y costumbres, resistencia comunitaria y desconfianza hacia las instituciones. Pero la imagen resulta simbólica: brigadas estatales de vacunación concentradas frente al Palacio Municipal, preparando hieleras azules y organizando rutas casa por casa.

«Entramos respetando usos y costumbres», explica Gómez Cruz. No fue un operativo improvisado. Fue anunciado, acordado y coordinado con autoridades tradicionales.

El Idioma como Barrera y Puente

En los Altos, la legitimidad no se impone; se negocia. «La principal barrera es el lenguaje, porque aquí hablan tzotzil», explica Elizabeth Albores Ordóñez, jefa de enfermeras de la Jurisdicción Sanitaria Número 2. «Una brigada puede hacer de 150 a 200 dosis al día. Trabajamos todo el día para convencer a la población que no tiene esquemas completos o desconfía».

Y si una familia se niega, la brigada no presiona. «Se respeta, pero identificamos dónde están los renuentes y volvemos con el presidente de barrio para convencerlos», admite el secretario.

El 95% que los Salvará

Chiapas ocupa hoy el tercer lugar nacional en casos confirmados de sarampión. Pero en los Altos, el combate no se mide solo en cifras. Se mide en pasos. En puertas tocadas. En mangas levantadas. En hieleras azules que suben y bajan montañas. Y en la insistencia de una enfermera que vuelve a tocar cuando nadie responde.

«Nosotros teníamos un porcentaje de vacunación del 40 por ciento. Actualmente tenemos una cobertura del 85 por ciento», asegura Gómez Cruz. La meta es 95 por ciento de cobertura universal efectiva. «Nos va a llevar todo el año, pero lo tenemos muy claro».

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Esta historia viral demuestra cómo la combinación de estrategia sanitaria, respeto cultural y trabajo comunitario puede detener incluso los brotes más desafiantes. Chiapas no solo está conteniendo el sarampión; está reescribiendo las reglas del juego en salud pública en México.

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