El Tratado de Alta Mar entra en vigor: México se prepara para liderar la nueva economía oceánica global

Ciudad de México. 19 de febrero de 2026.-

A partir de este mes, el Tratado de Alta Mar —conocido formalmente como Acuerdo BBNJ (Biodiversidad más allá de la Jurisdicción Nacional)— se convierte en el marco legal más ambicioso para la protección y uso sostenible de los océanos, marcando un antes y un después para las industrias vinculadas al mar y para la economía global.

El acuerdo, adoptado en el marco de las Naciones Unidas y respaldado técnicamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cuenta con la ratificación de 85 países, entre ellos México, y establece reglas claras para la gestión de la biodiversidad marina en áreas situadas más allá de la jurisdicción nacional.

«El océano es la herencia común de la humanidad»

Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA, explicó a MILENIO que este tratado representa «el primer instrumento jurídicamente obligatorio para conservar y utilizar de manera sostenible la biodiversidad marina en áreas situadas más allá de la jurisdicción nacional».

«El océano regula el clima, absorbe parte del calor generado por los gases de efecto invernadero y actúa como un amortiguador frente a los impactos ambientales producidos por la actividad humanidad», subrayó Gardner. «Pero esa capacidad no es infinita y ya muestra signos de saturación».

Un marco que genera certidumbre para inversiones

El tratado establece evaluaciones ambientales obligatorias, mecanismos de cooperación científica y reglas comunes que permiten reducir riesgos jurídicos, financieros y reputacionales para las empresas. Según Gardner, esto generará «mayor predictibilidad, lo que ayuda a que las empresas planeen sus inversiones y desarrollen casos de negocio más sólidos».

Especialistas en gobernanza oceánica coinciden en que esta mayor previsibilidad facilitará inversiones de largo plazo y el acceso a financiamiento bajo criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). Además, el nuevo marco impulsa el desarrollo de la llamada economía azul, orientada a equilibrar crecimiento económico y protección ambiental.

La alta mar: un espacio compartido y protegido

La alta mar comprende las zonas que se encuentran fuera de las 200 millas náuticas de jurisdicción de cada país. En esos espacios, explicó Gardner, «todos los países comparten los beneficios y la responsabilidad de esos recursos».

El tratado no fue diseñado para facilitar la explotación sin límites, sino para asegurar que las actividades —incluida la pesca— se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad. «La inestabilidad del océano tiene efectos en las tormentas más intensas, en la erosión costera y en la inseguridad alimentaria», advirtió la funcionaria.

¿Qué sigue? La primera COP y el futuro del océano

Tras la ratificación de más de 80 naciones, el siguiente paso será realizar la primera Conferencia de las Partes (COP), que debe realizarse dentro de un año y en la que se definirán: el funcionamiento del secretariado, el mecanismo de intercambio científico, los procesos de evaluación ambiental y las reglas de implementación y reporte.

Antes de ello, habrá un encuentro preparatorio en la sede de la ONU en Nueva York para afinar detalles técnicos y asegurar que los países lleguen con insumos suficientes para tomar decisiones en la primera COP.

México: cacao, biodiversidad y resiliencia agrícola

Además del tratado, Gardner habló sobre el proyecto TEEB Agrifood Cacao, desarrollado por el PNUMA y la Secretaría de Agricultura (SADER). Esta iniciativa tiene como objetivo fortalecer la resiliencia de los productores mexicanos de cacao mediante prácticas agrícolas sostenibles y mejor acceso a información económica y ambiental.

«El propósito es apoyar a los agricultores mexicanos para que entiendan qué prácticas agrícolas aumentan su resiliencia frente al cambio climático», explicó. Esto incluye enfrentar sequías, variabilidad climática e inestabilidad de suelos, además de mejorar su capacidad para obtener mejores ingresos y acceder a mercados diferenciados.

Gardner hizo una aclaración importante: el proyecto no busca que los productores cambien de cultivo, sino mejorar los procesos, no el «producto». «Nuestro trabajo no es persuadir a los agricultores a cambiar a otro cultivo. Es ayudarlos a adoptar procesos agrícolas más sostenibles que fortalezcan su rentabilidad y al mismo tiempo protejan la biodiversidad».

La funcionaria destacó que la combinación de información científica, análisis económico y prácticas agrícolas adecuadas puede generar un triple beneficio para el país: mayor resiliencia ante impactos ambientales, mejores retornos económicos para los agricultores e impactos positivos en biodiversidad.

«Cuando tenemos buena información sobre agricultura climáticamente inteligente, los agricultores pueden integrar las prácticas que mejor funcionan en su contexto. Es un ganar-ganar: resiliencia, economía y biodiversidad».

El futuro del océano y la responsabilidad compartida

Para Gardner, el Tratado de Alta Mar representa la oportunidad de asegurar que las futuras generaciones puedan disfrutar y beneficiarse del océano. «Este acuerdo permite que los recursos de la alta mar —la herencia común de la humanidad— pueda compartirse de manera equitativa y utilizarse de forma sostenible. Se trata de dejar el planeta en mejores condiciones para quienes vienen después».


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