Guerra en Irán: Trump descarta tropas terrestres, pero los planes de invasión circulan en Washington

Doce días de bombardeos sin tregua y un escenario que se escapa de control

Lo que comenzó como una operación relámpago contra el régimen de los ayatolás se ha convertido en la campaña aérea más intensa en Oriente Medio desde la invasión de Irak en 2003. Fuentes del Pentágono consultadas por Politico admiten que los planes iniciales de Donald Trump parecen «papel mojado» y que la operación Furia Épica podría extenderse hasta septiembre.

El presidente, que llegó al poder prometiendo acabar con las «guerras sin fin», ahora enfrenta un dilema estratégico: ¿cómo derrocar un régimen que resiste a pesar de la devastación? Los objetivos imprecisos de la misión —cambio de régimen, desnuclearización, «rendición incondicional»— se expanden día a día, y en los pasillos del poder se habla cada vez más de una hipotética invasión terrestre.

Las declaraciones oficiales: un baile de ambigüedades

«Probablemente no las necesitamos», dijo Trump el 2 de marzo desde su Air Force One, pero añadió inmediatamente: «Si fuera necesario». Tres días después, en una entrevista con NBC, matizó: «Sería una pérdida de tiempo. Han perdido su armada. Han perdido todo lo que podían perder».

El giro verbal no pasó desapercibido. El 6 de marzo, ante nuevas informaciones sobre planes de invasión, el mandatario insistió: «No hemos tomado ninguna decisión al respecto. No estamos ni cerca de ella». Pero su secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, fue más allá al sugerir la posibilidad de reinstaurar el servicio militar obligatorio.

Desde Teherán, el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, respondió con firmeza: «Nuestros soldados son capaces de hacer frente a todo. Esperan a cualquier enemigo que entre en nuestro territorio para luchar contra ellos, matarlos y destruirlos».

Los planes secretos que circulan en Washington

Lo que han desvelado medios como NBC y Axios es que Trump maneja varios planes para una posible ofensiva terrestre en Irán. No se trata de una invasión masiva al estilo Irak 2003, sino de ataques «pequeños» en cuanto a escala y ejecución, con «fines estratégicos específicos», que llevarían a cabo cuerpos de operaciones especiales de EEUU.

Uno de los objetivos podría ser acabar con el nuevo líder supremo del país, Mojtaba Jameneí, hijo del asesinado Ali Jamenei, muerto el primer día de esta ofensiva. Pero el primordial sería asegurar las reservas de uranio altamente enriquecido en una etapa posterior a esta guerra.

El uranio: el verdadero objetivo estratégico

Impedir que Irán obtenga un arma nuclear es uno de los objetivos de guerra declarados públicamente por Trump. Los 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60% del régimen son clave para lograr ese objetivo. Washington sostiene que ese producto podría ser convertible a grado bélico en cuestión de «semanas», aunque no ha aportado ninguna prueba de ello.

Cualquier operación para confiscar el material probablemente requeriría tropas estadounidenses o israelíes en territorio iraní, que transitarían por instalaciones subterráneas fuertemente fortificadas en medio de una guerra. Nada fácil.

«Probablemente sólo se llevaría a cabo después de que ambos países confíen en que el ejército iraní ya no puede representar una amenaza seria para las fuerzas involucradas», escribe Barak Ravid en Axios.

La isla Kharg: un objetivo fácil y estratégico

Hay un aliciente más que podría convertirse en diana de una operación terrestre limitada: la toma o confiscación de la isla Kharg, una terminal estratégica responsable de aproximadamente el 90% de las exportaciones de crudo de Irán.

Sus instalaciones están muy expuestas, con docenas de tanques de almacenamiento concentrados en el sur, junto con largos atracaderos en aguas profundas para cargar superpetroleros. Es un objetivo fácil comparado con las instalaciones nucleares subterráneas.

Botas sobre el terreno: el infierno que nadie quiere ver

Si los planes de la Casa Blanca son estos, su visión de lo que son botas sobre el terreno difiere de la visión clásica de lo que es una operación terrestre. Hablamos de meter tropas en un país soberano, en alto número, con el objetivo de hacer que todo caiga.

«Una guerra terrestre contra la República Islámica, en el propio territorio de Irán, enviará a las tropas estadounidenses al infierno en la Tierra», explica Brandan Buck, investigador de política exterior en el Cato Institute y exsoldado de infantería del Ejército estadounidense.

Las dimensiones del desastre potencial

El tamaño de la fuerza terrestre será asombroso. Cualquier invasión estadounidense seria de Irán probablemente igualaría o superaría la escala de Vietnam o la Guerra del Golfo de 1991, convirtiéndola en la mayor operación militar estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial.

Irán es casi cuatro veces más grande que Irak, y su población es más del triple. Su topografía está dominada por montañas, que según algunos cálculos constituyen la mitad de su territorio. A diferencia de la mayoría de las naciones, los centros urbanos de Irán se encuentran tierra adentro, enclavados entre montañas y azotados por desiertos inhabitables.

«Tomando como referencia la densidad de tropas empleada en la batalla de Faluya, Irak, en 2004, se sugiere que se requerirían más de 600.000 soldados», añade Buck. Considerando la invasión de Irak en 2003, una invasión similar de Irán, dada su población, requeriría hasta 1,6 millones de soldados.

El ejército iraní: más capaz de lo que parece

Hasta aquí, sólo hemos hablado de lo que hay que llevar y cómo entrar. Luego hay que pelear, está la guerra en sí. Si bien el ejército iraní probablemente carecería de superioridad aérea y sigue siendo menos avanzado tecnológicamente que el de EEUU, no se debe subestimar la posición de la República Islámica.

Antes del estallido de la guerra actual, se estimaba que las fuerzas armadas regulares del país contaban con aproximadamente 420.000 efectivos. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, muy comprometido ideológicamente, contaba con unos 190.000 hombres, respaldado por una milicia, conocida como Basij, de más de 600.000 hombres.

La estrategia del «mosaico»

Basándose en las lecciones de la guerra entre Irán e Irak, los estrategas iraníes han adoptado lo que denominan una «estrategia de mosaico», descentralizadas, combinadas con la disposición a negociar territorio para debilitar a una fuerza invasora mediante el desgaste.

«Nadie conoce el terreno como ellos, que pueden hacer un daño formidable a soldados extranjeros que caminan en zonas densamente minadas o con explosivos ocultos», explica Buck. Saben mucho de guerra irregular.

El efecto «unirse en torno a la bandera»

También hay que echar al olvido el efecto de «unirse en torno a la bandera», lo que suelen hacer los ciudadanos en tiempos de guerra, que les lleva a unirse con su Gobierno, aunque lo lleven unos dictadores.

Esto está por ver, porque Irán vivía desde diciembre las mayores manifestaciones contra Jamenei en tres años y ha sido uno de los signos de debilidad que ha llevado precisamente al ataque aliado.

El colapso estatal y la insurgencia

A la hora de planear una incursión terrestre, es necesario también contemplar la posibilidad de que esa batalla acabe en un colapso estatal, con la creación de una insurgencia posterior, al estilo de Irak.

Ejército, Guardia Revolucionaria, grupos étnicos y religiosos diversos (persas, azeríes y kurdos son los principales)… Puede haber una guerra de años.

La crisis regional y el papel de Rusia y China

Finalmente, una escalada estadounidense hacia una invasión terrestre convencional profundizaría la ya de por sí cruda crisis regional. El despliegue de tropas terrestres en Irán brindaría una amplia oportunidad para que las grandes potencias rivales de EEUU, Rusia y China, «despojaran al Tío Sam de sangre y riqueza».

«Dados los terribles costos que conllevaría dicha invasión, Trump debería optar por un camino diferente: declarar la victoria y desescalar la situación», concluye Buck.

La incógnita Trump

Muchos factores que, en principio, desalentarían la incursión terrestre a cualquier dirigente. Pero nadie sabe lo que se le puede ocurrir a Trump…


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