Luis Tosar, el gallego con morriña que persigue su segundo Goya
En un rincón del barrio madrileño de Malasaña, entre paredes llenas de libros y recuerdos de rodajes, Luis Tosar prepara una de las interpretaciones más arriesgadas de su carrera. El actor gallego, que ya ostenta tres Premios Goya, podría sumar un cuarto a su colección gracias a su papel en Rondallas, la película que ha revolucionado el cine español en 2026.
Tosar, nacido en Lugo hace 49 años, llegó a Madrid con 18 años cargado de sueños y una maleta llena de recuerdos de su tierra. «La morriña es un compañero fiel», confiesa mientras saborea un café con leche en su camerino. «Cada vez que vuelvo a Galicia, siento que dejo una parte de mí aquí en Madrid. Es un sacrificio que asumí desde joven, pero que nunca deja de doler».
La trayectoria de Tosar es un testimonio de constancia y trabajo incansable. Desde sus inicios en series de televisión como El comisario hasta su consagración internacional con Celda 211 (2009), el actor ha demostrado una versatilidad que pocos pueden igualar. «Soy currante convencido», afirma con una sonrisa cansada. «Este oficio requiere disciplina, constancia y una dosis de locura. Cada personaje es un mundo por descubrir».
Rondallas, dirigida por la emergente Carla Simón, presenta a Tosar en el papel de un leñador que vive aislado en los bosques gallegos. La crítica ha elogiado su transformación física y emocional, calificando su actuación como «una obra maestra de la contención y la profundidad». «Fue un reto inmenso», reconoce Tosar. «Pasé meses viviendo en un pequeño pueblo de Orense, aprendiendo los oficios del campo, sumergiéndome en la cultura y el folclore de mi tierra. Quería que cada gesto, cada mirada, transmitiera la esencia de Galicia».
La Academia de Cine ya ha preseleccionado a Rondallas como una de las favoritas para los próximos Goya, y las apuestas sitúan a Tosar como firme candidato a Mejor Actor. «Los premios son un reconocimiento al trabajo bien hecho, pero nunca deben ser el objetivo final», reflexiona con humildad. «Lo importante es seguir creciendo, desafiándose a uno mismo, y contando historias que conecten con el público».
Pero más allá de galardones y reconocimientos, lo que define a Luis Tosar es su compromiso con la autenticidad. En una industria donde la imagen a menudo prima sobre el fondo, él sigue siendo un bastión de la honestidad interpretativa. «No me interesa el brillo vacío», sentencia. «Prefiero mil veces un personaje complejo y oscuro que un héroe perfecto. La vida no es un cuento de hadas, y el cine debe reflejar esa complejidad».
Con Rondallas, Tosar no solo podría alzarse con su segundo Goya —tras los obtenidos por Te doy mis ojos (2003) y Tarde para la ira (2017)—, sino que también reafirma su posición como uno de los actores más respetados y queridos de España. «Si gano, será una alegría compartida con todos los que han creído en mí», concluye. «Pero si no, seguiré trabajando con la misma pasión, porque al fin y al cabo, eso es lo que me mantiene vivo».
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