Hace 30 años, el asesinato de Tomás y Valiente desató la mayor rebelión estudiantil contra ETA
El 14 de febrero de 1996, el expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente fue asesinado a tiros en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid por el etarra Jon Bienzobas, alias Karaka. Lo que parecía un ataque más en la larga lista de crímenes de ETA se convirtió en el detonante de una explosión social sin precedentes que marcó un antes y un después en la lucha contra el terrorismo en España.
El crimen que conmocionó a la Universidad y al país
A las 10:48 de la mañana, el etarra, confundido como un estudiante más, penetró en el despacho del catedrático mientras este hablaba por teléfono con su amigo Elías Díaz. Tres disparos acabaron con su vida. La llamada no se cortó y Díaz pudo escuchar los disparos desde su despacho cercano. «¡Han matado a Tomás!», gritó un profesor desesperado.
El asesino huyó por un ascensor tras encañonar a profesores y alumnos con los que se cruzó por el pasillo. Numerosos testigos vieron su rostro, lo que facilitó luego su identificación por la Policía.
La Universidad se levanta contra ETA
Lo que ocurrió después fue extraordinario. La Universidad Autónoma de Madrid tomó el asesinato como un ataque directo a la institución universitaria y al Estado de derecho. Cerró sus aulas en señal de duelo y la medida se extendió como mancha de aceite a todas las universidades públicas madrileñas.
Al día siguiente, miles de manos blancas se alzaron en los campus gritando «¡basta ya!» contra ETA. Nació un símbolo que se convertiría en emblema de la movilización contra el terrorismo etarra.
Adrián González, estudiante de Derecho de la Autónoma, fue el impulsor de esta iniciativa. «Queríamos hacer algo. Nos reunimos. El blanco es limpio, claro y el gesto de las manos en alto significa poner freno a algo», explicó posteriormente.
La manifestación más grande desde el 23-F
El 19 de febrero, apenas cinco días después del crimen, 850.000 personas se manifestaron contra ETA en Madrid, según cifras de la Delegación del Gobierno. «Fue la manifestación más numerosa en la capital desde la que se organizó tras el golpe de Estado del 23-F de 1981», señaló EL PAÍS.
La encabezaba la familia de Tomás y Valiente, acompañada por las más altas autoridades del Estado. La respuesta social fue tan contundente que marcó un punto de inflexión en la percepción del terrorismo etarra.
El contexto de una campaña criminal
El asesinato de Tomás y Valiente no fue un acto aislado, sino parte de una ofensiva terrorista que ETA había intensificado desde 1995. Luis Castells, catedrático de Historia del País Vasco, explica que «desde 1995, ETA inició una campaña de asesinatos de gran impacto para compensar su debilidad tras la detención de su dirección en Bidart (Francia)».
La organización había comenzado su campaña con el asesinato del dirigente del PP Gregorio Ordóñez en 1995, había intentado sin éxito atentar contra el líder del PP José María Aznar y contra el rey Juan Carlos, y en 1996 asesinó al dirigente socialista vasco Fernando Múgica y a Tomás y Valiente en plena precampaña electoral.
Un hombre de Estado y de la democracia
Francisco Tomás y Valiente no era un objetivo cualquiera. Era un jurista de prestigio, progresista, magistrado del Tribunal Constitucional desde su origen y su presidente entre 1986 y 1992. Al cesar, regresó a la universidad y se incorporó al Consejo de Estado como consejero permanente.
En 1993, el presidente Felipe González le ofreció un ministerio, pero lo rechazó. González, cuya amistad resaltó durante el homenaje anual de la Universidad Autónoma, aseguró que Tomás y Valiente fue la figura clave de la puesta en marcha del Tribunal Constitucional.
Un pasado antifranquista que ETA quiso borrar
Como otras víctimas de ETA, Tomás y Valiente tenía un pasado antifranquista. «De familia republicana, fue expedientado con otros tres catedráticos de la Universidad de Salamanca por el ministro franquista de Educación Julio Rodríguez», recuerda Castells.
Ana Tomás y Valiente, su hija, recuerda el disgusto de su padre, militante anti pena de muerte, por los fusilamientos del régimen franquista de dos miembros de ETA y tres del FRAP en 1975. El delirio de ETA llegó al extremo de explicar su crimen por «inspirar estrategias contra el pueblo vasco».
El legado que marcó la respuesta a Miguel Ángel Blanco
El hartazgo de ETA y la personalidad de Tomás y Valiente explican la rebelión social contra el terrorismo. Pero lo más significativo es que esta movilización marcó la pauta de lo que ocurriría un año después con el asesinato de Miguel Ángel Blanco.
Carlos Totorica, alcalde socialista de Ermua, recuerda que cuando supo del asesinato de Tomás y Valiente se indignó tanto que, por vez primera, redactó un bando con un llamamiento movilizador a la población. Un año después lo repetiría por su concejal, Blanco.
Ana Escauriaza, profesora de la Universidad de Navarra y autora del libro ETA y la Universidad (1959-2011), destaca que «la respuesta al asesinato de Tomás y Valiente fue un antes y un después en la reacción universitaria contra ETA». Además, no se encerró en la universidad; se abrió a la sociedad y fijó pautas y símbolos —las manos blancas, el basta ya— que se atribuyen a la reacción al asesinato de Blanco, pero que surgieron en la del profesor de la Universidad Autónoma.
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